Los seres humanos pueden mantener su temperatura corporal relativamente estable, incluso ante cambios extremos del ambiente. Esta capacidad ofrece importantes ventajas, aunque también implica un alto costo energético.
Aunque la expresión «sangre caliente» es ampliamente utilizada, en realidad se refiere a la capacidad de algunos animales para generar calor internamente y mantener su temperatura corporal relativamente estable, independientemente de las condiciones del ambiente.
En el caso de los seres humanos, la temperatura corporal suele mantenerse alrededor de los 37 °C, aunque puede variar normalmente entre aproximadamente 36,1 °C y 37,2 °C.
Esta capacidad resulta especialmente llamativa cuando se compara con animales como las lagartijas o las serpientes, cuya temperatura corporal está mucho más condicionada por el entorno.
¿Qué significa tener sangre caliente?
En términos científicos, los seres humanos somos endotermos. Esto significa que nuestro organismo produce calor desde el interior y utiliza diferentes mecanismos para mantener una temperatura adecuada.
Cuando hace frío, por ejemplo, el cuerpo puede aumentar la producción de calor mediante los escalofríos, mientras que cuando la temperatura ambiental aumenta, activa mecanismos para eliminar el exceso de calor, como la sudoración.
Por su parte, los animales tradicionalmente llamados de «sangre fría» son principalmente ectotermos. En ellos, la temperatura corporal depende en mayor medida de las condiciones externas.
Por eso es común observar a una lagartija tomando el sol o a una serpiente buscando una superficie caliente. Estas conductas les permiten elevar su temperatura corporal y alcanzar niveles adecuados para desarrollar sus actividades.
Una ventaja para sobrevivir
Mantener una temperatura interna relativamente estable tiene una importante ventaja: permite que muchas funciones del organismo continúen desarrollándose de manera eficiente incluso cuando cambia la temperatura exterior.
Los músculos, el sistema nervioso y numerosas reacciones químicas del organismo dependen de condiciones térmicas relativamente precisas. Gracias a la regulación interna de la temperatura, los seres humanos podemos permanecer activos durante el frío de la Antártida o bajo temperaturas elevadas en regiones desérticas.
Esta independencia del ambiente también permite a los endotermos mantener niveles de actividad durante períodos en los que muchos ectotermos reducen considerablemente sus movimientos.
La desventaja: gastar más energía
Pero mantener el cuerpo caliente tiene un precio.
Los animales endotermos necesitan consumir una cantidad considerable de energía y alimento para producir y conservar el calor corporal. En otras palabras, mantener una temperatura estable requiere un metabolismo elevado.
Los ectotermos, en cambio, pueden ahorrar buena parte de esa energía al depender del ambiente para regular su temperatura. Por eso algunos reptiles pueden sobrevivir con una ingesta de alimento mucho menor que la que necesitaría un mamífero de tamaño similar.
No es simplemente «sangre caliente» o «sangre fría»
Los científicos consideran que las expresiones «sangre caliente» y «sangre fría» pueden resultar engañosas porque simplifican una realidad mucho más compleja.
La regulación de la temperatura corporal se encuentra dentro de un espectro y existen diferentes estrategias entre los animales. Además, algunos organismos pueden modificar su temperatura corporal dependiendo de las circunstancias.
Así, más que dividir a los animales únicamente entre los que tienen «sangre caliente» y «sangre fría», la biología estudia cómo producen, conservan y regulan el calor.
En el caso de los seres humanos, la capacidad de generar calor internamente ha sido fundamental para mantener un funcionamiento estable del organismo y adaptarnos a una gran variedad de ambientes.

