El feminicidio, un golpe al corazón

Germán Caicedo Mora

Los tipos de violencia son una afrenta a la sociedad; entre éstas, se tipifica el asesinato de las mujeres por su condición, es violencia de género. En el mundo, en este milenio es inconcebible que siga vigente; sin duda alguna no debería vacilarse para entender que definitivamente debe parar; para ello una exigencia será partir de la coherencia y encontrar alternativas transformadoras integralmente.

   Hoy ese delito se amplía y profundiza, va más allá de la pareja- víctima; según los estudios, ha llegado hasta las niñas y los victimarios se remueven y transforman sus perfiles, no solo es la pareja-hombre sino se han identificado a familiares o el sicario; parece que el problema muta y se afianza mientras la sociedad se desmorona en su unidad para garantizar la seguridad.   

    En Colombia sus tentáculos proliferan en muchas zonas y el departamento de Nariño no está por fuera de esa conducta que simboliza una vergüenza en la modernidad; por ejemplo, hasta principios de agosto ascendió a 25 casos los feminicidios; que no es un número sin sentido, al contrario, es un golpe al corazón de la sociedad; pero también puede ser el despertar para reconocer que la solución debe surgir del compromiso de la propia sociedad.

     Los acontecimientos que ilustran las cifras, más el aporte frecuente de los medios de opinión al exponer los casos forjan por la alerta roja que sirva para comprender cómo en la mente del hombre se ha perpetuado un menoscabo contra la mujer que atenta su dignidad; es una problemática estructural que por su origen cultural, político y económico retrasa los retos transformadores hacia un comportamiento de pleno respeto entre los humanos.

     No obstante, el país ha adelantado algunos ajustes normativos para poner fin a la violencia contra las mujeres; la ley 1761de 2015 es referente que tipifica el delito e incrementa las sanciones; pero es de reconocer que la impunidad supera el 90 por ciento según el Observatorio de feminicidio; por lo cual las mujeres se abstienen de denunciar. Situación que debería radicalmente cambiar.

    Adicionalmente, las entidades territoriales incluida la nación responden con programas de enfoque de género en los Planes de Desarrollo; los cuales son oportunos, pero requieren seguimiento y evaluación para detectar cómo y hasta dónde se cumple con los resultados que refuerzan las conductas de convivencia.

      Para ese cúmulo de acciones faltaría promover la prioridad triple A, o sea la columna que Colombia y Nariño requieren, como es el cambio de mentalidad para el encuentro con el sentido del respeto a la vida. Esto, no significa desconocer la Justicia, eficiencia, transparencia y eficacia en la gestión. Todo este conjunto de demandas es necesario para garantizar renovar la confianza de la mujer en las instituciones y, su corazón le gane a la muerte. 

    Por la defensa a la vida que surjan más y más reflexiones desde distintas visiones humanistas y así escalar por la tolerancia y el respeto como prácticas que anulen la violencia de género.   

Por: Germán Caicedo Mora

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