Cada 31 de agosto, el mundo conmemora el Día Internacional de los Afrodescendientes, una fecha proclamada por la ONU en 2021 para honrar las contribuciones de la diáspora africana y denunciar las formas de racismo que aún persisten. Esta jornada busca sensibilizar sobre la exclusión histórica que han enfrentado millones de personas de ascendencia africana y reafirmar su derecho a la igualdad, la justicia y la participación plena en la sociedad.

La efeméride fue impulsada por Costa Rica y respaldada por más de 50 países, en el marco del centenario de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Negros del Mundo. Desde entonces, se ha convertido en un espacio para celebrar la herencia cultural afrodescendiente y exigir el fin de la discriminación racial en todas sus formas.
Una historia poco contada: los afropalestinos
En este contexto, es fundamental visibilizar comunidades que han quedado fuera del relato dominante. Tal es el caso de los afropalestinos, descendientes de africanos que llegaron a Jerusalén como peregrinos desde Sudán, Chad, Senegal y otros países. Muchos se establecieron en el siglo XIX en el Barrio Africano, cerca de la Puerta de Damasco, donde formaron familias y conservaron sus raíces.
Hoy, alrededor de 400 afropalestinos viven en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Su vida está marcada por una doble opresión: sufren la ocupación israelí como parte del pueblo palestino y, además, enfrentan racismo por su color de piel, lo que los relega dentro de su propia comunidad.
Resistencias que cruzan fronteras
A pesar de los obstáculos, los afropalestinos han sido parte activa de la resistencia palestina desde la ocupación británica. En la actualidad, jóvenes como Nisreen Salem utilizan las redes sociales para denunciar la violencia que enfrentan y conectar sus luchas con las de otras comunidades negras en el mundo.
Su voz es palestina y africana. En esa doble identidad reside su fuerza, su memoria y su derecho a ser reconocidos.



