Clama por ayuda

Una familia atraviesa una situación que, según relata Camilo Álvarez, se ha vuelto cada vez más difícil de manejar. Su madre, María Rosalba Álvarez, tiene 65 años y fue diagnosticada con trastorno bipolar afectivo desde los 17. Durante buena parte de su vida recibió tratamiento médico y, de acuerdo con su hijo, logró mantenerse estable durante años.

Sin embargo, hace aproximadamente cinco años su condición habría comenzado a deteriorarse. Camilo cuenta que, después de recibir atención durante varios años en HOMERIS, le informaron que los medicamentos ya no estaban teniendo el mismo efecto y que la permanencia en la institución ya no era una alternativa.

La opción que le plantearon, según su relato, fue buscar una institución privada donde pudiera permanecer de manera permanente. El problema fue el costo. Para este hijo único, asumir ese tipo de atención resulta económicamente imposible.

Cuidado

Ante la falta de alternativas, Camilo decidió hacerse cargo de su madre. La ubicó en un pequeño apartamento cercano a su vivienda y desde allí intenta garantizarle alimentación, techo y los cuidados básicos que necesita.

Pero la situación se ha convertido en un desafío permanente. El hombre asegura que María Rosalba presenta episodios en los que puede mostrarse agresiva, situación que, según explica, representa un riesgo para quienes la rodean y lo ha obligado a mantenerla bajo resguardo durante buena parte del tiempo.

“Esto no es vida para ella. Tampoco lo es para mí”, expresa Camilo al describir una realidad que, asegura, ha terminado afectando todos los aspectos de su vida.

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