La canciller colombiana destaca la importancia de Caracas en la política exterior y en su relación con Washington
Con apenas tres meses en el cargo, Rosa Yolanda Villavicencio (Bogotá, 63 años), la cuarta canciller de Gustavo Petro, afronta una crisis diplomática entre Colombia y Estados Unidos, por mucho su principal socio comercial y militar. El presidente Donald Trump acusó sin pruebas este fin de semana a su homólogo colombiano de ser “un líder del narcotráfico que incentiva la producción masiva de drogas”, anunció el cese de los subsidios al país sudamericano y aseguró que se proponía imponerle aranceles. “El problema es con Trump, no con los Estados Unidos”, respondió Petro. La actividad diplomática para calmar los ánimos ha sido intensa. Bogotá llamó a consultas a su embajador en Washington, Daniel García-Peña, y Petro se reunió con el embajador encargado de Estados Unidos. La canciller Villavicencio, en una entrevista concedida a EL PAÍS este martes en el Palacio de San Carlos, se muestra optimista en que Colombia esquive, una vez más, una indeseada guerra comercial. “No vamos a negar que la relación es tensa, pero, por encima de todo, están los intereses generales del país”, sostiene la ministra de Exteriores, que el mes pasado renunció a su visa estadounidense en solidaridad con el presidente colombiano.
Pregunta. ¿Cuál es la estrategia de la Cancillería para resolver esta crisis con Estados Unidos?
Respuesta. Lo primero fue citar al embajador en Washington, Daniel García-Peña, para una reunión que tuvimos con el presidente Petro y también con el encargado de negocios, el señor John McNamara. Tanto el representante de Estados Unidos en Colombia como el Gobierno tenemos la voluntad política de desescalar la situación. Fue inesperado ese pronunciamiento del presidente Trump. No vamos a negar que la relación es tensa por la presencia militar [estadounidense en el Caribe] y la amenaza de injerencia, pero no esperábamos unas declaraciones tan irrespetuosas, faltas de prueba, sobre el proceder y la política que el presidente, representando al Estado, ha hecho en materia de lucha contra las drogas. No obstante, por encima de todo, están los intereses generales del país: sociales, de seguridad y económicos. Por eso llamamos al encargado de negocios, quien acudió con mucha voluntad.
P. Trump dijo que si Colombia no acaba con los cultivos ilícitos, lo hará él, y que “no lo hará amablemente”. ¿Lo lee como una amenaza de intervención en territorio colombiano?
R. Sí, lo interpretamos como una amenaza. Pero también es verdad que Trump dice cosas maximalistas y al final tiene un equipo, unos asesores, y debe valorar las implicaciones de una acción. Ahora bien, nosotros, desde la razón, podemos mostrar lo contrario. Las hectáreas de hoja de coca crecen, pero en menor proporción a lo que venían aumentando. También hay una serie de programas de sustitución de cultivos. Lógicamente, es un proceso largo. El presidente Petro criticó y cuestionó la medición de la productividad potencial, donde se extrapoló un número de toneladas de cocaína que no se corresponde con la realidad. Se lo comentamos al secretario general de la ONU, António Guterres, en el marco de la Asamblea General. Ellos mandaron una carta reconociendo que hubo un error. Hay una política pública de seguridad que combina diferentes elementos para acabar con un flagelo que afecta a otros países, que hacen muy poco, en su corresponsabilidad, para reducir el consumo, ya que no la quieren legalizar.
P. ¿Cuál fue el diagnóstico que le transmitió el embajador García-Peña? ¿Cuándo regresa a Washington?
R. El embajador va a estar aquí esta semana. La situación requiere varias reuniones, varios análisis. Hay que esperar los mensajes que pueda transmitir el encargado McNamara, y los que nos envíen. Sobre todo, para atenuar la parte de los aranceles que tampoco son buenos para Estados Unidos. Afectan a nuestros empresarios, a los trabajadores que están asociados a las flores o a la producción de café, pero buena parte de lo que exportamos a Estados Unidos son productos minero-energéticos, que no tienen arancel de ninguna manera.
P. ¿Es optimista en que Colombia va a poder esquivar los aranceles?
R. Creo que sí. Es un planteamiento que se ha lanzado esperando nuestra respuesta, que siempre será usar la vía del diálogo diplomático para dirimir estas controversias.
P. ¿Quién representa a Colombia en Washington en este momento tan sensible? ¿No fue un desatino renunciar a su visa estadounidense en solidaridad con el presidente?
R. La visa diplomática nos facilita mucho viajar, pero no tenerla no quiere decir que no pueda volver [a Estados Unidos]. El Acuerdo de Sede obliga al país que tiene la sede de las Naciones Unidas a autorizar el viaje y la permanencia por el tiempo que uno necesite para la gestión. De hecho, mañana [miércoles] voy para Nueva York.
P. ¿Qué gestión hará?
R. Vamos a hablar con los países del Consejo de Seguridad de la ONU, que tienen que renovar la Misión de Verificación de la implementación de los acuerdos de paz. El mes pasado presentamos un informe y estamos a la espera de que renueven la misión por dos años más. Necesitamos que la Misión tenga una continuidad para garantizar la consolidación de los procesos.

