Por: Elsy Melo
“Hay seres humanos que iluminan con luz propia que dejan una estela de luz, incandescente, sempiterna, que permanece en nuestro recuerdo y en nuestra alma como tatuaje indeleble; que no necesitaron de comodidades ni mayores oportunidades, pero que supieron forjar su personalidad y coraje bajo las adversidades, y ellas fueron el crisol de sus valores, sin necesidad de trayectoria académica ni títulos, pues la sabiduría siempre los acompañó. Es la historia de vida que nos comparte el Médico – Mg. Iván Bastidas Beltrán:
En este mundo donde es tan complicado surgir, esta persona solo necesitó de voluntad y visión. Nació con valores, y lo más bello, tuvo la capacidad de transmitirlo a sus hijos, nietos, bisnietos y a todos quienes tuvimos el honor de conocerlo. Fue un innovador, un visionario, un creativo, defendió los intereses de la comunidad; en él, la palabra civismo, era un dogma, llevado a la práctica, a veces a costa de su propia libertad. No era de aquellos que soportaba las injusticias y con ese liderazgo, convocaba con argumentos que luego convertía en acciones. Fue un líder cívico, gestor de caminos y acueductos, de escenarios deportivos, de reinados con propósitos sociales, de eventos culturales y brigadas de salud, entre tantas otras actividades en Sandoná y municipios vecinos. Así fue su vida, una interminable cadena de obras y gestiones, todas direccionadas a la comunidad.
Hago esta respetuosa referencia a ALBERTO MELO SAAVEDRA al conmemorarse un año más de su pascua, porque lo conocí, lo quise y respeté siempre; no podemos negar que nos embraga una enorme tristeza, pero sabemos que nunca se irá del todo, porque los que compartimos su vida, elegimos recordarlo hoy y siempre.
Lo mejor que nos pudo pasar con su existencia, es habérnoslo encontrado y recibir sus abrazos fuertes, estrechar sus manos que revelaban trabajo y dedicación, conversar y tratar de todos los temas, pues era un gran conversador, deleitarse con los buenos potajes elaborados en su finca, donde era capaz hasta sus últimos días de llegar antes y tener todo listo, y disfrutar de las reuniones familiares, de ver a hijos, nietos y a todo aquel que quisiera participar, pues su generosidad no tenía límites.
Querido Don Alberto, solo tenemos agradecimiento a la vida por su excelsa existencia, tal como lo dijo el poeta Pablo Neruda, “confieso que he vivido”, así fue su hermoso camino terrenal, vivió y nos enseñó a vivir, nos dejó como legado el amor a la familia, con la unión como un precepto innegociable, el compartir reunidos con generosidad, el vivir de cara a la vida, con orgullo, sin cartas marcadas, con honradez, responsabilidad y al servicio de los demás. Su recuerdo, es esa perenne estela de luz que ha dejado en nuestras vidas, será hoy y siempre “nuestro orgullo eterno”.




