En Tumaco están demostrando que cuidar a quienes cuidan sí cambia vidas. Un programa de la Universidad de los Andes lleva 7 años trabajando con madres, padres y cuidadores, y los resultados ya se ven en la niñez del puerto.
El conflicto, el desplazamiento y la migración han marcado fuerte a las familias de Nariño. Cuando los adultos cargan con ese dolor sin apoyo, el vínculo con los niños se quiebra. A eso los expertos le llaman estrés tóxico: un daño silencioso que afecta el cerebro y las emociones desde los primeros años.
Para romper ese ciclo nació Semillas de Apego. Desde 2018 el programa ha acompañado a 2.223 cuidadores en las comunas 1, 4 y 5 de Tumaco. A través de encuentros comunitarios, las personas aprenden a procesar el dolor y a fortalecer el lazo con sus hijos. El impacto directo: más de 2.722 niñas y niños creciendo con vínculos más sanos.
Ahora con la nueva Ley de Salud Mental y la Política Nacional de Cuidado, líderes de Tumaco hacen un llamado al gobierno: ya no se necesita inventar más. Lo que hace falta es plata y voluntad política para sostener y escalar lo que ya funciona en territorio.
«La solución está aquí. Solo hay que creerle a la comunidad y financiarla», dicen quienes lideran el proceso en el puerto.
