Texas: masacre escolar y violencia colonial

Carlos Santa María.

La reciente masacre de veinte niños junto a un profesor en Texas ha sido expuesta como un caso particular, emocional, sin sentido y absurdo. Así se falsea la realidad sin exponer la esencia de este acto.

En realidad, la sociedad estadounidense tiene un origen genocida pues los conquistadores que llegaron a ese territorio eliminaron más de veinte millones de indígenas para implantar la “civilización occidental”, lo que fue ocultado por las películas de Hollywood donde los “salvajes” debían ser exterminados.

Se ha intentado encubrir el periodo donde se apoderaron a sangre y fuego de una tercera parte de México, más el terrorífico tiempo de la esclavitud cuando la tortura y el exterminio fue retratado en el grupo Klu Klux Klan, uno de los precursores del posterior nazismo en esa nación.

El siglo XX fue la apoteosis de la violencia con la premeditación y ataque de EE.UU. en más de 200 conflictos en el mundo, los que causaron millones de víctimas inocentes, donde los niños y sus madres fueron los más afectados, todos asesinados inmisericordemente, sin descuidar el crimen de lesa humanidad al lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, aún no castigado. El siglo XXI, invadiendo Irak (millón y medio de fallecidos), Afganistán, auspiciando la hambruna y catástrofe de Yemen, proporcionando aparato bélico a Ucrania para favorecer el negocio, son fundamentales.

 

«La inundación de programas y juegos que exaltan la agresión afectan la sicología social y corroe el alma haciendo de la frustración, superficialidad, odio y sociopatías, un engendro del mal».

 

Actualmente dicha nación es la máxima demandante de drogas en el orbe, existe más de un arma por cada habitante, racismo, 60 millones afectados por la pobreza y con un gobierno de clanes donde dos grupos denominados partidos se han repartido el poder por siglo y medio sin permitir que nadie lo discuta, so riesgo de ser “neutralizado”.

La inundación de programas y juegos que exaltan la crueldad o la agresión permanente afectan la sicología social y corroen el alma haciendo de la frustración, superficialidad, odio y sociopatías, un engendro del mal.

La muerte de esos pequeños inocentes es brutal. Son sus inspiradores quienes deben responder por tamaño crimen.

Por: Carlos Santa María

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