Tarjeta amarilla al periodismo deportivo

Tarjeta amarilla al periodismo deportivo, es el libro de William Zambrano, donde reconoce el periodismo colombiano y su trascendencia.
Sofonías Rodríguez

Por: Sofonías Rodríguez M.

Ese es el título del libro bajo el crédito del compañero William Ricardo Zambrano publicado hace 30 años, donde reconoce el papel del periodismo deportivo colombiano y su enorme trascendencia en la difusión y expansión del deporte, subrayando el valor que encierra el contenido de su obra no sólo ilustrativa sino pedagógica porque enseña a través de la investigación cómo se hizo en Colombia.

Han pasado ya tres décadas y los formatos, las metodologías con los avances tecnológicos han estado evolucionando y el periodista deportivo tiene en sus manos las herramientas que en otro tiempo no habían. La radio, la televisión, los periódicos, revistas, suplementos y redes sociales están a la mano del comunicador para transitar fácilmente por los campos de la narración y el comentario.

El periodismo entre veteranos y jóvenes a veces intenta convertir su análisis en un instrumento de ataque directo a deportistas o técnicos que no son de su preferencia».

El autor se refiere más concretamente al periodismo deportivo radial, pero habrá que incluir también medios escritos y audiovisuales, en los que jóvenes figuras cada día se multiplican y encuentran en la práctica la verdadera diferencia con la teoría. Algunos olvidan los principios éticos y humanos que aprendieron en las universidades, tratando de emular a conocidos periodistas, pero de malintencionadas tendencias.

Sin embargo, un sector del periodismo entre veteranos y jóvenes a veces intenta convertir su análisis en un instrumento de ataque directo a deportistas o técnicos que no son de su preferencia. El comentario sensato donde se juzga y se evalúa el desempeño de un jugador, en este caso de fútbol, es labor propia del periodista.

Pero lo que no está bien ni va dentro de la ética de un periodista deportivo es que pretendiendo informar con objetividad e imparcialidad se tocan las fibras de lo personal denigrando la imagen más que todo de futbolistas, más con el ánimo de destruir. Allí recordé a William Ricardo con el nombre de su libro. Y habrá que decirles que están en el camino equivocado.

Para los que viven preocupados por ostentar protagonismo ante la opinión pública y ante el mismo gremio, se puede decirles que lo ganado cuando obraron con mesura y equidad, lo están perdiendo por obra y gracia de seguir los pasos de quienes se autoproclaman como los grandes del periodismo deportivo en Colombia.

Ojalá pudiera llegar este mensaje a quienes se mueven en el extenso mundo del periodismo deportivo para que recuerden esta labor como una vocación, como un compromiso y como aporte a la orientación de la actividad física en todas sus modalidades.

Siendo así todos ganamos.

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