Suecia se despide del Mundial 2026 con la cabeza alta pero sin poder con el muro francés
El Blågult cierra una participación que tuvo momentos de brillantez y otros de profunda irregularidad. Llegaron al torneo como uno de los equipos más temidos de Europa con el tridente de Gyökeres, Isak y Elanga, pero nunca lograron que los tres funcionaran de manera simultánea durante 90 minutos completos. La goleada 5-1 encajada ante Países Bajos en la fase de grupos fue el golpe más duro, y aunque se recuperaron con el empate ante Japón para clasificarse como mejor tercero, llegaron a los dieciseisavos con las bajas de Kulusevski e Isak Hien que debilitaron el equipo en momentos clave. Ante Francia, sin espacios y sin capacidad para generar peligro real, la diferencia de nivel fue demasiado grande para compensarla con esfuerzo.
Lo que más duele para el fútbol sueco es la sensación de oportunidad desperdiciada con una generación que tiene calidad suficiente para haber llegado más lejos. Viktor Gyökeres, el goleador más prolífico de Europa en los últimos dos años con el Arsenal, nunca encontró su mejor versión en este torneo y se va sin un solo gol en los dieciseisavos. Alexander Isak marcó ante Japón pero fue incapaz de brillar ante rivales de más nivel. Suecia regresa a casa sabiendo que el talento individual existe, pero que convertirlo en un equipo colectivo que compita en los momentos decisivos del fútbol mundial sigue siendo la asignatura pendiente de un proyecto que tendrá que reinventarse de cara al próximo ciclo.



