La reciente cancelación del proceso licitatorio para la renovación del Parque Santander en Neiva, cuyo valor asciende a 8.822 millones de pesos, ha generado un profundo malestar y múltiples interrogantes sobre la capacidad de planificación de la actual administración. El proceso, que desapareció de la plataforma Secop II apenas horas después de su publicación, fue retirado por la Alcaldía argumentando la necesidad de corregir “yerros” técnicos. Esta decisión, lejos de ser un simple trámite administrativo, pone en evidencia una desconexión preocupante entre la oficina de Contratación y la Secretaría de Infraestructura, dependencia encargada de los estudios previos que, al parecer, carecían de la consistencia técnica necesaria para garantizar un proceso transparente y eficiente.
Fallas que empañan la gestión
Lo ocurrido con esta licitación es un síntoma de una improvisación que no debería tener cabida en proyectos estratégicos. Angélica Duarte, jefe de Contratación, restó importancia al asunto calificándolo como algo “muy sencillo” relacionado con la unificación de documentos. Sin embargo, para la ciudadanía, esta justificación resulta insuficiente y hasta evasiva. Si la secretaría técnica responsable no logró armonizar los soportes antes de publicar el expediente, la pregunta obligada es qué garantías existen sobre la calidad de la obra futura y la verdadera solvencia del diagnóstico que justifica esta inversión. La gestión pública no puede permitirse el lujo de “ensayar” con recursos del Sistema General de Regalías; la falta de rigor en los documentos soporte de una licitación de tal envergadura no es un error menor, es una falla en la estructura básica de la responsabilidad institucional.
El deterioro frente a la ambición
El Parque Santander, centro neurálgico de la ciudad, atraviesa un estado de abandono crítico que afecta la seguridad y el tránsito peatonal. Es innegable que la intervención propuesta, con sus cinco ejes estratégicos que incluyen iluminación, accesibilidad y una nueva pileta monumental, es necesaria para rescatar este espacio. No obstante, el proyecto parece correr el riesgo de ser otra obra ambiciosa que, tras un discurso seductor, se estanca por deficiencias de origen. La administración debe entender que la modernización de la ciudad no se logra únicamente con renders de fuentes y arcos metálicos, sino con una planificación técnica impecable que impida que el cronograma de ejecución se convierta en una serie de prórrogas. La ciudadanía espera que, ante la anunciada republicación del proceso, la Alcaldía ofrezca, más que excusas sobre «documentos unificados», la certeza de una gestión donde la planeación prevalezca sobre el afán de ejecución.



