El reciente debate de control político convocado por el Concejo Municipal de Garzón, bajo la presidencia de Alveiro Manjarres, centró su atención en el estado actual de las Juntas de Acción Comunal (JAC). En una sesión donde se buscaba evaluar el desempeño de los nuevos dignatarios, el balance presentado osciló entre el optimismo institucional y la realidad de una base social que demanda soluciones concretas. Aunque el Concejo subrayó la importancia de las JAC como pilares del desarrollo municipal, la sesión también dejó entrever la necesidad de superar la narrativa de los informes de gestión para enfrentarse a la complejidad de las carencias en sectores urbanos y rurales.
Resulta imperativo que el ejercicio de control no se limite a una recepción pasiva de balances técnicos. El desarrollo comunitario en Garzón no puede depender exclusivamente de la buena voluntad o de la retórica de los líderes barriales y veredales. Existe una brecha significativa entre la planificación de proyectos y su ejecución efectiva, lo que obliga a la corporación a profundizar en las razones por las cuales muchas iniciativas, a pesar de contar con respaldo institucional, se estancan antes de transformar el bienestar de los habitantes.
La articulación entre el Concejo y las juntas debe transitar hacia una vigilancia más rigurosa sobre el uso de recursos y la capacidad de gestión de quienes hoy ostentan la representatividad. La construcción de un municipio con mayor impacto positivo no se logra solo exaltando el liderazgo comunal, sino garantizando que cada proceso cuente con el apoyo técnico y la transparencia necesarios. Garzón no requiere más informes de cumplimiento, sino una hoja de ruta donde la participación ciudadana deje de ser un trámite para convertirse en el motor real de una administración que, a la fecha, todavía tiene una deuda pendiente con las comunidades más vulnerables.



