Autoridades y líderes sociales socializaron avances para recuperar la Ruta de la Esmeralda durante una nueva mesa de seguimiento. Aunque se anunciaron estudios, recursos y mantenimiento vial, la comunidad insiste en que no aceptará más retrasos y exige resultados concretos.
El occidente de Boyacá volvió a poner la mirada sobre una de sus mayores deudas históricas: el estado de la Ruta de la Esmeralda. Durante la primera mesa de seguimiento realizada tras los compromisos adquiridos el pasado 22 de abril entre autoridades, comunidad y entidades institucionales, se presentaron avances del plan para intervenir este importante corredor regional.
Aunque el encuentro dejó anuncios que generan expectativa, el mensaje de los habitantes fue claro: esta vez esperan obras visibles y no nuevos compromisos sin ejecución.

Uno de los temas centrales fue el mantenimiento de la vía. Según se informó, continuará la operación permanente de maquinaria para recuperar los tramos más afectados entre Buenavista, Coper, Quípama y sectores cercanos.
Además, hacia finales del mes se proyecta contratar el suministro del material de arrastre necesario para sostener las labores de mejoramiento.
Sin embargo, el anuncio que más expectativa genera está relacionado con el proyecto de pavimentación. Durante la reunión se confirmó que los estudios y diseños ya fueron entregados y serán radicados ante entidades nacionales para avanzar en la gestión de recursos estimados en 27.400 millones de pesos.
Otro frente que mantiene preocupación corresponde al estado de varios puentes ubicados sobre el corredor vial.
De acuerdo con los reportes técnicos socializados, algunas estructuras podrían recuperarse mediante reparaciones, mientras que otras necesitarían reemplazo total por su nivel de deterioro.

También se anunciaron nuevas visitas técnicas para priorizar sectores que requieren reparcheo y definir el orden de futuras intervenciones.
Como medida de vigilancia ciudadana, líderes comunitarios informaron la creación de una veeduría y un comité permanente de seguimiento que buscará verificar el cumplimiento de cada uno de los compromisos adquiridos.
Incluso se planteó evaluar el aprovechamiento de materiales provenientes de actividades mineras para apoyar el mantenimiento y reducir costos operativos.
Por ahora, la comunidad mantiene una postura de expectativa acompañada de vigilancia constante.
Para miles de habitantes del occidente boyacense, recuperar esta carretera dejó de ser una promesa política y se convirtió en una necesidad urgente para la movilidad, la economía y la conexión regional.



