Esta semana comenzamos los días de preparación inmediata a la Navidad, a celebrar el nacimiento de Jesús, salvador de la humanidad.
Los católicos, al menos en países como Ecuador, Venezuela y Colombia, tenemos la tradición de preparar este acontecimiento con la novena de aguinaldos.
Aunque desde el punto de vista comercial pareciera que la Navidad comenzó desde inicios de noviembre, lo cierto es que desde el punto de vista litúrgico esta todavía no llega, pues la Navidad empieza el 24 de diciembre a media noche y se prolonga dos semanas, hasta la celebración de la fiesta del Bautismo de Jesús.
Este largo período de pandemia que hemos vivido nos ha hecho recordar lo fundamental que es la familia y el tejido de relaciones humanas cercanas, para mantener fuerte nuestra salud mental y espiritual. Y uno de los modos de mantener fortalecidos estos vínculos es encontrarnos para rezar alrededor del pesebre. La fe es un buen antídoto para contrarrestar la desesperanza.
Una manera de mantener la esencia de este tiempo tan especial es hacer de la novena de Navidad una ocasión para el encuentro familiar, de amigos, alrededor del pesebre, con las tradicionales oraciones, gozos y villancicos, que siempre nos llevan a mirar a José y María con el Niño Jesús en sus brazos.
Pero el templo es también un lugar de encuentro comunitario que debemos rescatar durante este tiempo. La hermosa tradición de madrugar a rezar la novena, al igual que otros ejercicios de religiosidad popular propios de Nariño como las pasadas, nos convocan este año para el reencuentro colectivo de una expresión de fe tan arraigada. Es tiempo propicio para volver a los templos, observando las medidas de bioseguridad, tales como el uso del tapabocas y la higiene de manos. Si actuamos con responsabilidad, nada obsta para pasar de la virtualidad a la presencialidad.
Familia, amigos, vecinos, comunidad eclesial, son ambientes por excelencia para avivar en la Navidad. Que desde este 16 de diciembre no sólo estemos corriendo frenéticamente para ir de compras (no es que haya que dejar de hacerlo), sino que también nos valgamos de toda la creatividad y valores artísticos y culturales tan ricos que tiene la región, para llenar de alegría cristiana con nuestras oraciones y villancicos.
Y como estamos en tiempo de “sinodalidad” (hacer camino juntos), aprovechemos esos espacios para preguntarnos en ambiente espiritual: ¿cómo romper en la familia (comunidad, vecindario), la tendencia individualista y aislada y cómo hacer de estos ambientes lugares donde caminemos juntos?
No perdamos el auténtico espíritu navideño que tiene en el centro a Jesús, el Dios hecho hombre. Les deseo a todos una feliz novena de Navidad.
Por: Mons. Juan Carlos Cárdenas Toro

