Con el objetivo de frenar el consumo de sustancias psicoactivas (SPA) entre niños, niñas y adolescentes, unidades de la Policía de Infancia y Adolescencia, en articulación con la Policía de Turismo, vienen desarrollando jornadas pedagógicas en diferentes instituciones educativas.
Durante estas visitas, los uniformados no solo abordan temas de prevención, sino que también explican de manera clara las implicaciones legales que enfrentan los jóvenes mayores de 14 años cuando se ven involucrados en delitos relacionados con el consumo, tráfico, venta o fabricación de estupefacientes.
La subintendente Marcela Moreno, quien lidera parte de estas charlas, hizo énfasis en que estas conductas trascienden el ámbito escolar y pueden derivar en procesos judiciales dentro del Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes (SRPA), el cual rige en Colombia para jóvenes entre los 14 y 18 años.
Las autoridades señalan que el SRPA no busca castigar de la misma manera que a un adulto, sino que tiene un enfoque pedagógico, restaurativo y protector. Sin embargo, no significa que no haya consecuencias. Dependiendo de la gravedad del delito, un menor puede enfrentar sanciones como: Amonestaciones y compromisos pedagógicos, Libertad asistida con seguimiento de autoridades, Prestación de servicios a la comunidad e Internamiento en centros especializados (privación de la libertad).
En casos relacionados con drogas, especialmente cuando hay distribución o comercialización, las medidas pueden ser más severas, incluso con restricción de la libertad.
Las autoridades también alertan sobre el impacto del consumo de drogas en edades tempranas. Más allá de lo legal, las SPA afectan el desarrollo cerebral, aumentan el riesgo de adicción, deterioran el rendimiento académico y pueden abrir la puerta a entornos delictivos.
Además, dentro de los manuales de convivencia escolar, estas conductas son clasificadas como faltas graves (tipo III), lo que puede implicar sanciones internas como suspensión o incluso la expulsión, dependiendo de cada institución.
El mensaje de las autoridades es claro: la prevención es clave, pero también lo es la conciencia sobre las consecuencias. Involucrarse con sustancias ilícitas no solo pone en riesgo la salud, sino también el futuro de los jóvenes.



