Una comida familiar que termina en silencio, un chat que pasa del meme al insulto o una pareja que deja de hablarse por defender aspirantes distintos, esta es la foto que hoy genera expectativa por el ambiente electoral que se vive en el país.
A pocos días de la primera vuelta presidencial, fijada por la Registraduría Nacional para el 31 de mayo, el debate dejó de estar solo en el terreno de las campañas, las redes sociales y las plazas públicas: llegó a irrumpir la intimidad de la casa.
Un análisis de la Maestría en Psicología Clínica de la Universidad de San Buenaventura sede Bogotá, el reto no es evitar las conversaciones sobre política, sino impedir que cada desacuerdo sea leído como una agresión personal.
Por eso, antes de que la charla escale, aplique estos cinco consejos que le permitirán no casar peleas con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo e incluso con la pareja.
- No convierta el voto en una prueba de afecto. Pensar distinto no significa querer menos. El problema aparece cuando una preferencia electoral se interpreta como traición, falta de valores o rechazo. Una pregunta más útil que “¿cómo puede apoyar eso?” es “¿qué miedo, experiencia o expectativa lo llevó a pensar así?”.
- Separe la idea de la persona. Decir “no comparto ese argumento” no es igual a afirmar “usted es un ignorante”. Pensar diferente o tener una idea o una visión distinta de la realidad no es lo que define a una persona en su totalidad. La descalificación y el enjuiciamiento cierra la escucha, activa la defensa y deja heridas. Etiquetas como bruto, vendido, fanático o ingenuo no convencen; al contrario, convierten una opinión en un ataque a la dignidad.
- Haga una pausa antes de responder. Si ya se elevó el tono, hay interrupciones o le urge contentar, la conversación pasó al terreno de la reacción. Si llega a ese punto, mejor tómese unos segundos, respire o cambie de tema para evitar que una frase suya cause un daño que luego sea difícil de reparar.
- Ponga límites al escenario de la discusión. No todo espacio sirve para discutir sobre política. Un almuerzo, una celebración, una reunión de trabajo o un chat con muchas personas pueden amplificar la tensión. También es válido decir: “prefiero no entrar en ese tema aquí” o “sigamos después, con más calma”.
- Cierre o termine la conversación antes de herir. Retirarse a tiempo no es perder, es reconocer que ningún argumento debería valer más que una relación importante. Frases como “podemos pensar distinto sin tratarnos mal” o “no quiero que esto nos haga daño” ayudan a detener la situación antes que pase al insulto o a la ruptura.
Elecciones 2026: No casar peleas en política
Para Vladimir Bernal Alfonso (Mg), docente de la Maestría en Psicología Clínica de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, la intensidad de estas discusiones tiene una explicación que va más allá de la simpatía por un candidato.
«No podemos olvidar que las posturas políticas identifican aspectos altamente valorados por las personas con respecto a asuntos muy relevantes para ellas y su vida en sociedad»
Para el expertio, «cuando alguien piensa distinto, la reacción puede vivirse como un ataque personal y no como una diferencia de opinión».
Agregó que «en ambientes “cargados”, los individuos no solo intercambian argumentos, también expresan cansancio, rabia, desconfianza o necesidad de reconocimiento»
«Cuando eso ocurre, el desacuerdo deja de girar alrededor de una propuesta y se convierte en una lucha por quién tiene razón»
SaludData, del Observatorio de Salud de Bogotá, reporta que los trastornos de ansiedad ocupan el primer lugar en atenciones de salud mental desde 2020 y que solo en 2025 aumentaron 17,10 % frente al año anterior.
Además, la Defensoría del Pueblo recién alertó que cerca de 2,5 millones de personas en Colombia viven con depresión, equivalente al 4,7 % de la población.
Esas cifras no significan que toda discusión electoral sea un problema de salud mental. Pero si muestran que el país se mueve en medio de un clima emocional sensible.
“Cuando la conversación deja de buscar comprensión y se convierte en una competencia por ganar, en una dificultad para ver la perspectiva del otro con respecto y aceptación; la persona ya no escucha para entender, lo hace para responder, corregir o atacar»
Según Bernal «En ese momento, el vínculo queda por debajo del argumento»
Poner límites no significa ser indiferente:
Las señales de alarma tanto en el otro, pero sobre todo en sí mismo son el aumento del tono, sarcasmo, burlas, ansiedad, necesidad de imponer la última palabra, baja disposición o apertura para la diferencia o ganas de humillar. Si aparecen, el límite debe ponerse antes de que la relación personal pague el costo de la discusión.
“Poner límites no significa ser indiferente frente al país. Significa reconocer que una democracia necesita debate, pero también vínculos capaces de resistir la diferencia»
Bernal manifestó que «ninguna conversación debería terminar costando una relación familiar, de amistad o incluso la pareja, al menos por la forma en la que se lleve»
El desafío de estos días no es dejar de opinar de política, es recordar que después de la jornada electoral, muchas de esas personas seguirán sentadas en la misma mesa, compartiendo oficina, leyendo el chat o durmiendo al lado.
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