Aníbal Arévalo Rosero
Nos permitimos hacer una reflexión muy aguda sobre lo que estamos celebrando verdaderamente: cargamos pesadas andas que lesionan nuestra columna, emprendemos largas jornadas de caminata de peregrinaje (algunos suben de rodillas a Monserrate); cargamos pesadas cruces, hacemos ayuno, nos flagelamos, y hasta cosas inimaginables hacemos con la finalidad de emular lo que nos dice la tradición católica. Eso forma parte de las tradiciones de países como Colombia; con más arraigo en Mompox, Tunja, Popayán o Pasto. Pero lo más importante de esta conmemoración debería ser la Resurrección, cuando Cristo sale victorioso venciendo a la muerte. La vida se impone sobre la muerte, pero no es así.
La Resurrección es un fenómeno atípico cargado de simbolismo, con un poco de metafísica, mientras que la muerte es un hecho biológico en el cual se deja de existir como entidad, permitiendo el fluir de la materia a otro estado físico. El asunto de la fe está ligado a creer y no creer. Las religiones son múltiples en el mundo y algunas son muy parecidas. Todas buscan al ser con unas cualidades humanas ejemplares; es por ello que se han creado modelos que sirven de guía para los grandes conglomerados practicantes de una determinada creencia. Son dogmas de fe, pero también han estado ligados a los Estados para lograr el dominio de la población; caso particular el de la conquista, una empresa que se apoyó en el dogma de un dios ajeno que jamás se lo había conocido.
Lo extraño es que se le aparezca la Virgen de Guadalupe a Juan Diego Cuauhtlatoatzin después de la llegada de Hernán Cortés a México, cuando ellos, los mexicas, adoraban a la Tonantzin, una deidad esculpida en piedra. El factor fundamental de la conquista fue la cruz junto con la espada. La lectura de una biblia que no se entendía, en un idioma extraño para los indígenas. Hacerlos sentir culpables del padecimiento de Jesús crucificado. Introdujeron en nuestra cultura el padecimiento. Ver a ese cristo sudoroso y ensangrentado, moreteado. Imágenes de un cuerpo humano negro por el padecimiento causan un impacto sicológico particular. Pero ver una imagen límpida, sin moretones, sin sangre, ya no causa el mismo impacto de aquel moribundo cuerpo esculpido en madera, pero es una imagen sagrada, y como tal hay que respetarla.
Aunque la Resurrección es el evento central de la fe cristiana, la balanza emocional y popular suele inclinarse hacia la Pasión por varios factores psicológicos, sociales e históricos.
Es mucho más fácil para el ser humano identificarse con el dolor, la traición y el sacrificio que con el concepto abstracto de la victoria sobre la muerte. La Pasión presenta a un Jesús vulnerable y sufriente, lo cual resuena con las luchas cotidianas de las personas. Como humanos sentimos mayor empatía con el sufrimiento. Asimismo, ver el dolor representado permite a los fieles procesar sus propias penas a través de la narrativa del Calvario, permitiéndose una manifestación de catarsis colectiva.
Históricamente el arte religioso y la liturgia han explotado la riqueza visual del drama: ver a una Dolorosa enjugando el rostro de Jesús causa un impacto en el subconsciente del individuo que lo vincula con ese acto de dolor. Las procesiones, las imágenes de los pasos y la música fúnebre tienen una carga sensorial muy potente. La estética del «Cristo sufriente» fue muy impulsada durante la época de la Colonia para facilitar la evangelización a través del sentimiento.
El Viacrucis con sus escenas y teatralización es una narrativa lineal con antagonistas claros y momentos de alta tensión, lo que lo hace más «narrable» y participativo para las multitudes. Son escenas que reafirman el dolor, y todo sucede “por mi culpa y mi gran culpa”, por eso se convoca a rezos permanentes para ser merecedores del perdón.
La Cuaresma son 40 días de reflexión enfocados en la penitencia. Cuando llega el Domingo de Resurrección, muchas personas ya han pasado por el clímax emocional del Viernes Santo y suelen utilizar el domingo como un día de descanso familiar o viaje de regreso, diluyendo el impacto comunitario del festejo.
En la liturgia oficial de la Iglesia, la Vigilia Pascual (la noche del sábado al domingo) es considerada la celebración más importante de todo el año, por encima incluso de la Navidad. Sin embargo, en las calles, el silencio del Viernes Santo sigue teniendo un eco mucho más fuerte. Es más sencillo organizar una marcha por un duelo (Pasión) que una celebración por un evento que desafía la lógica natural.
¿Has notado que en las celebraciones en Colombia las procesiones tienen mayor realce en la pasión que en la gloria con bandas marciales, gente vestida de luto, imponentes andas, imágenes vestidas en púrpura y orillos dorados?




