ONU: el planeta está en llamas

El mundo, escuchó la voz generalizada que el planeta está en peligros. De allí, se deducen líneas como justicia, economía y ética.
German Caicedo

Por: Germán Caicedo Mora

La ONU realizó el 20 de septiembre la 77ma sesión de la Asamblea General. Un espacio de debate por excelencia para los países del mundo; donde los gobernantes exponen las diversas situaciones que afrontan sus países, y argumentan las causas, secuelas y soluciones, desde una visión necesariamente integrada a posiciones ideológicas.

    Instaurada la primera sesión en 1946, el foro abrazó en la retórica, tanto las piezas literarias como las pruebas científicas y el énfasis ideológico para imprimir certeza al discurso político. Con el fin de aprovechar la oportunidad de penetrar conscientemente en los oídos de los líderes del orden mundial. Esto, ha sido claro, para los gobernantes, independientemente de su posición.

   Aquellos discursos, creados en el convulsionado contexto político que encierra a la ONU, producen hechos de opinión divergentes, porque los temas afrontados abren lecturas para amplios sectores de las naciones.

    Las palabras del secretario general, en su discurso inicial, bajó el velo de los países del Norte y facilitó entender que, en éstos, se encuentra la mayor resistencia para poner en práctica los compromisos frente a los propósitos de convivencia pacífica, cooperación y detener las llamas del deterioro ambiental; por esa razón, algunos objetivos de conveniencia planetaria no se han cumplido y llevan más de 40 años en las agendas.

    El mundo, el 20 de septiembre, escuchó la voz generalizada que el planeta está en serios peligros. De allí, se deducen algunas líneas como la justicia, la economía, la sustentabilidad, la ética, la responsabilidad y solidaridad, que podrían contribuir a contener y extinguir las llamas encendidas del caos inminente.

  Sin embargo, son subestimadas por los dirigentes mundiales. En otras palabras, los líderes no contribuyen a disipar las dudas y prevalece su indolencia. Prefieren caminar por la misma dirección, abriendo las desigualdades sociales y ambientales que las ciencias han identificado detonantes para la humanidad.

   Otra deducción del desencuentro, se observa en la dificultad para trabajar bajo un acuerdo por la vida, siendo la piedra para que todo siga igual. Así lo atestiguaron los mandatarios de los países denominados en vías de desarrollo como los Latinoamericanos y del Caribe, cuando recalcaron la situación de las extremas inestabilidades económicas, sociales y ambientales a tornarse fuera de control para los próximos años.

     En esa óptica, se podrá situar la disertación del presidente Petro, cuando presentó el panorama complejo del destino al cual se expone la humanidad, que sin duda la ortodoxia económica tiene amplia responsabilidad, porque inculcó su dios al culto de la avaricia, del individualismo, del consumismo y la acumulación desenfrenada.

    Aquel culto, hoy es paradigma en declive, aunque algunos países del Norte no lo reconozcan; para Colombia, es salir de las contradicciones ante la encrucijada compleja de las perturbaciones a su compromiso por la paz y la vida.

    Por eso, tiene lógica invocar a la comunidad internacional a cambiar las políticas obsoletas por acciones de esperanza. Para muchos, es una postura consecuente y para otros, será seguir empecinados en no cambiar.   

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