Nueve años sembrando esperanza: Una Fundación que decidió cuidar la infancia en Nariño

Hay fotografías que simplemente registran un momento, pero existen otras que, cuando se observan con detenimiento, parecen contar una historia completa. Esta fotografía cuenta nueve años. Nueve años de madrugadas, reuniones, informes, decisiones, dificultades, aprendizajes y, sobre todo, de niños, niñas y adolescentes que encontraron en la Fundación Sentido de Vida un lugar donde alguien decidió escucharlos, protegerlos y acompañarlos cuando más lo necesitaban.

Bajo la orientación del psicólogo clínico, el doctor Oswaldo Navarro, la Fundación Sentido de Vida ha construido durante estos nueve años un camino marcado por la protección, el acompañamiento y la esperanza. Hablar de este aniversario no significa únicamente hablar del tiempo que ha pasado desde que comenzó esta labor. Significa hablar de más de 1.200 historias de vida que, de una u otra manera, han encontrado en esta institución una oportunidad para comenzar a escribir nuevas páginas.

Aprendizaje

Detrás de esos más de 1.200 niños, niñas y adolescentes no existen solamente cifras. Hay nombres, rostros, cumpleaños, lágrimas, abrazos, preguntas, aprendizajes y pequeñas victorias que muchas veces solamente quienes han estado cerca de estos procesos pueden comprender en toda su dimensión. Cada historia ha sido diferente, porque cada niño ha llegado con una realidad distinta, con sus propios sueños, sus propios temores y también con heridas que en muchos casos fueron demasiado grandes para la edad que tenían.

Porque un niño que llega a un proceso de protección no llega únicamente con una maleta. Muchas veces llega con miedo, con rabia, con tristeza, con preguntas y con dificultades para confiar en los adultos. Algunos pueden llegar pensando que aquello que les ocurrió fue culpa suya. Otros simplemente no saben cómo explicar lo que sienten. Por eso, el verdadero trabajo comienza mucho antes de cualquier resultado visible: comienza cuando alguien se sienta frente a ellos y decide escuchar. La atención integral significa precisamente eso. Significa que exista un psicólogo dispuesto a escuchar, un trabajador social que ayude a comprender una historia familiar, un pedagogo que acompañe el regreso al aprendizaje, un cuidador pendiente durante la noche, un profesional de la salud cuando sea necesario y un equipo capaz de acompañar una crisis.

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