El monitoreo del deshielo en la Antártida ha llevado a científicos de varios países a estudiar uno de los lugares más difíciles de observar directamente en el planeta: el océano que circula bajo las enormes plataformas de hielo de la Antártida occidental.
Uno de los principales focos de esta investigación es el sistema del glaciar Thwaites, una gigantesca masa de hielo situada en la Antártida occidental cuya evolución es considerada clave para comprender el futuro aumento del nivel del mar.
Durante los últimos años, equipos de investigación vinculados a la International Thwaites Glacier Collaboration (ITGC) han perforado el hielo, desplegado instrumentos oceanográficos y utilizado vehículos robóticos para obtener datos directamente desde debajo de la plataforma de hielo. El objetivo es responder una pregunta fundamental: cómo interactúan el agua relativamente cálida del océano y la base del hielo, y hasta qué punto esa interacción acelera el deshielo.
La importancia de estas mediciones radica en que gran parte de los procesos decisivos para el futuro de Thwaites ocurren fuera de la vista. Los satélites pueden seguir cambios en la superficie, pero conocer con precisión qué sucede bajo cientos de metros de hielo requiere instrumentos instalados directamente en el sistema océano-hielo.
Perforaciones a través del hielo para llegar al océano
Una de las estrategias utilizadas por la misión científica ha sido la perforación con agua caliente. Esta técnica permite abrir agujeros a través del hielo y crear una vía de acceso hacia la cavidad oceánica situada debajo de la plataforma.
A través de esos accesos, los investigadores han instalado sistemas de observación capaces de medir diferentes variables durante largos periodos. Entre los instrumentos utilizados se encuentran sensores de conductividad, temperatura y presión, medidores de corrientes y sistemas capaces de registrar perfiles térmicos a lo largo de la columna de agua.
Las campañas realizadas en la plataforma oriental de Thwaites incluyeron estaciones automatizadas y sistemas de amarre bajo el hielo. Investigaciones publicadas posteriormente documentaron la utilización de sensores distribuidos a diferentes profundidades para seguir los cambios de temperatura, salinidad, presión y velocidad de las corrientes.
En algunos casos, los sistemas también incorporaron tecnología de fibra óptica para obtener perfiles de temperatura con una resolución espacial mucho mayor que la proporcionada por un único sensor. Esto permite a los científicos observar cómo cambia la temperatura desde la parte superior de la cavidad oceánica hasta zonas mucho más profundas.
El resultado es una especie de red de vigilancia instalada en uno de los ambientes más inaccesibles de la Tierra.
¿Por qué es tan importante medir la temperatura bajo el hielo?
El hielo de una plataforma glaciar puede parecer completamente aislado del océano, pero en realidad la base del hielo está en contacto directo con el agua.
En el caso de Thwaites, las masas de agua relativamente cálidas que alcanzan determinadas zonas bajo la plataforma pueden transportar energía suficiente para provocar el derretimiento de su base. La cantidad de calor que llega hasta la interfaz entre el hielo y el océano es uno de los factores que determina la velocidad del deshielo basal.
El proyecto MELT, desarrollado dentro de la colaboración internacional sobre Thwaites, fue diseñado específicamente para estudiar la influencia de las aguas cálidas en la zona de contacto entre el glaciar y el fondo oceánico, conocida como línea de conexión o grounding line. Para ello se combinaron perforaciones, instrumentos oceanográficos, radar y vehículos robóticos.
Comprender este proceso es especialmente importante porque el deshielo no ocurre de manera uniforme. La forma del fondo marino, los canales situados bajo el hielo, la circulación de las corrientes y las irregularidades de la propia plataforma pueden concentrar el flujo de agua y calor en determinadas zonas.
Por esta razón, un promedio general de temperatura no es suficiente. Los científicos necesitan saber dónde está el agua más cálida, cómo se mueve, cuánto tiempo permanece bajo el hielo y qué cantidad de calor consigue transferir a la base de la plataforma.
Las investigaciones recientes han aportado nuevos datos
Los datos obtenidos bajo la plataforma oriental de Thwaites han seguido produciendo resultados científicos incluso después de las campañas iniciales de perforación.
Un estudio publicado en 2025 analizó observaciones realizadas bajo la plataforma y presentó mediciones de turbulencia cerca de la línea de conexión. La investigación concluyó que el transporte vertical de calor impulsado únicamente por la turbulencia no era suficiente para explicar por sí solo las tasas de deshielo observadas, lo que apunta a la importancia de otros mecanismos de transporte de calor dentro de la cavidad oceánica.
En otras palabras, el proceso es más complejo de lo que podría sugerir una explicación basada únicamente en el contacto directo entre agua cálida y hielo.
Los investigadores han encontrado evidencias de que los flujos laterales de calor también pueden desempeñar un papel importante. Esto significa que para calcular correctamente el futuro comportamiento del glaciar no basta con conocer la temperatura del agua: también es necesario entender la circulación tridimensional del océano bajo el hielo.
Ese tipo de información es precisamente la que buscan los sensores instalados a distintas profundidades.
De los sensores térmicos a los vehículos submarinos
El monitoreo científico de Thwaites no depende de una sola tecnología.
La colaboración internacional ha combinado instrumentos fijos con radares, estudios sísmicos, vuelos de observación y vehículos robóticos diseñados para entrar en lugares inaccesibles para los barcos o los científicos.
Uno de los instrumentos utilizados fue Icefin, un vehículo operado de forma remota equipado con sensores para medir propiedades del agua, corrientes y otras características del entorno bajo el hielo. El proyecto MELT contempló su despliegue a través de perforaciones para explorar la cavidad situada debajo de la plataforma.
Otro protagonista de las investigaciones fue el vehículo submarino autónomo Rán, que consiguió recopilar información de gran valor sobre el entorno submarino de Thwaites y contribuir a la elaboración de mapas de alta resolución. Sin embargo, el vehículo desapareció durante una expedición en febrero de 2024 y no pudo ser recuperado.
La pérdida de un instrumento de este tipo también refleja la dificultad de investigar la Antártida. Los científicos trabajan en un entorno con temperaturas extremas, grandes distancias, condiciones meteorológicas cambiantes y zonas situadas bajo extensiones de hielo donde recuperar un equipo puede resultar imposible.
Thwaites y su importancia para el nivel del mar
El interés científico por Thwaites no responde únicamente a su tamaño.
El glaciar forma parte de un sistema de la Antártida occidental que es objeto de intensa investigación debido a su vulnerabilidad frente a los cambios en el océano. El ritmo del deshielo basal bajo sus plataformas de hielo influye en la capacidad de estas estructuras para frenar el flujo del hielo continental hacia el mar.
Las plataformas de hielo ya están flotando, por lo que su pérdida no eleva directamente el nivel del océano de la misma manera que lo haría el hielo situado sobre tierra. Sin embargo, cumplen una función de contención: ayudan a ralentizar el desplazamiento de los glaciares que se encuentran detrás de ellas.
Si una plataforma pierde espesor o se debilita, el glaciar puede acelerar su descarga hacia el océano. Por ello, conocer el estado de las plataformas de hielo es fundamental para mejorar las proyecciones sobre el futuro nivel del mar.
La investigación de 2025 sobre la plataforma oriental de Thwaites señala precisamente que el deshielo basal en zonas cercanas a la línea de conexión y a determinados puntos de apoyo influye directamente en la pérdida de hielo y en la contribución potencial del sistema al aumento global del nivel del mar.
Lo que los satélites pueden observar y lo que ocurre fuera de su alcance
Las observaciones satelitales han revolucionado el estudio de la Antártida. Gracias a ellas, los científicos pueden medir cambios en la extensión del hielo, su elevación, velocidad y movimiento a gran escala.
Pero existe una limitación fundamental: un satélite observa principalmente la superficie.
La interacción entre el océano y la base de una plataforma puede desarrollarse a cientos de metros bajo el hielo. Allí existen canales, cavidades y corrientes que no pueden analizarse directamente desde el espacio.
Los propios documentos científicos de la colaboración internacional destacan que las observaciones realizadas mediante sistemas instalados en superficie y sensores introducidos a través de perforaciones son fundamentales para estudiar regiones críticas que no pueden ser observadas con el mismo detalle mediante satélites o vuelos de reconocimiento.
Por esta razón, los sensores térmicos y oceanográficos no sustituyen las observaciones espaciales: las complementan.
Los datos recogidos directamente bajo el hielo sirven para comprobar si los modelos utilizados por los científicos representan correctamente las condiciones reales del océano. Después, esa información puede incorporarse a simulaciones más amplias sobre la evolución futura de Thwaites y de otros sistemas glaciares.
Una investigación que continúa aportando información
Aunque algunas de las instalaciones y campañas de campo que permitieron desplegar estos sensores se realizaron en años anteriores, la información recopilada continúa siendo analizada y generando publicaciones científicas.
Los registros obtenidos entre 2020 y 2023, por ejemplo, permitieron documentar cambios en la dinámica del hielo marino y el calentamiento de aguas profundas en el entorno de la plataforma oriental de Thwaites. El estudio describió cómo las estaciones automatizadas y los sistemas de fibra óptica permitieron construir series temporales de temperatura tanto en el hielo como en el océano situado debajo.
Esto demuestra una característica esencial de la investigación polar: una campaña de campo puede durar semanas o meses, pero el análisis de los datos puede prolongarse durante años.
Cada nueva publicación permite completar una parte del rompecabezas y, al mismo tiempo, plantea nuevas preguntas sobre la circulación oceánica, la geometría de las cavidades bajo el hielo y los mecanismos que aceleran o reducen el deshielo.
El desafío ahora es convertir las observaciones en mejores proyecciones
El objetivo final de este monitoreo no es únicamente describir lo que ocurre actualmente bajo Thwaites.
Los científicos buscan transformar las mediciones directas en herramientas capaces de mejorar los modelos climáticos y las proyecciones sobre el aumento del nivel del mar.
Para ello es necesario combinar múltiples tipos de información: temperatura, salinidad, presión, corrientes, velocidad del hielo, geometría del fondo marino, espesor de la plataforma y tasas de deshielo.
La complejidad del sistema explica por qué Thwaites sigue siendo uno de los principales laboratorios naturales para la investigación climática.
Las mediciones realizadas mediante perforaciones y sensores instalados bajo el hielo han permitido obtener información que hace apenas unos años era extremadamente difícil de conseguir. Sin embargo, todavía existen zonas críticas del sistema que siguen siendo poco conocidas.
Una ventana directa al corazón del sistema hielo-océano
El monitoreo del deshielo en la Antártida ha avanzado desde las imágenes obtenidas a distancia hasta la instalación de instrumentos capaces de medir directamente el ambiente oculto bajo las plataformas de hielo.
En Thwaites, los sensores térmicos, los instrumentos de conductividad y presión, los medidores de corrientes, las fibras ópticas y los vehículos robóticos han abierto una ventana hacia un mundo que permanece prácticamente invisible desde la superficie.
Los datos muestran que el comportamiento del glaciar depende de una compleja interacción entre el hielo y el océano. El agua relativamente cálida no actúa de forma uniforme, y la circulación dentro de las cavidades bajo la plataforma puede transportar calor de maneras que todavía están siendo investigadas.
Por ello, el seguimiento científico de Thwaites continúa siendo una prioridad.
Cada sensor instalado, cada perforación y cada medición obtenida bajo cientos de metros de hielo aporta información para responder una de las grandes preguntas de la ciencia climática: cómo cambiará la Antártida en las próximas décadas y qué consecuencias tendrá ese cambio para el nivel de los océanos y las poblaciones costeras de todo el mundo.
La investigación internacional ha demostrado que observar únicamente la superficie no es suficiente. Para comprender el futuro del hielo antártico, los científicos necesitan seguir mirando hacia abajo, hacia las corrientes, el calor y los procesos que se desarrollan en silencio bajo una de las regiones más remotas del planeta.


