El Monitoreo de Glaciares en la Patagonia sumó recientemente nuevos datos científicos en torno al glaciar Pío XI, una de las masas de hielo más importantes y singulares de Sudamérica. Una expedición liderada por investigadores de la Universidad de Concepción instaló instrumentos directamente sobre y alrededor del glaciar para estudiar su comportamiento, su balance de masa y las condiciones ambientales que influyen en su evolución.
La investigación resulta especialmente relevante porque el Pío XI presenta un comportamiento poco común dentro del actual contexto climático. Mientras numerosos glaciares del planeta han experimentado retrocesos y pérdidas de masa, este gigantesco glaciar patagónico ha mostrado períodos de avance, aunque estudios científicos también han identificado señales de desaceleración en esa dinámica.
La campaña de terreno, realizada entre el 1 y el 9 de noviembre de 2024, incluyó la instalación de una baliza de ablación sobre el glaciar y sensores térmicos en distintos puntos de su entorno. Estos instrumentos permitirán recopilar información durante períodos prolongados y comparar los cambios que experimente el hielo con las condiciones climáticas locales.
Una aclaración sobre el supuesto equipo chileno-argentino y las balizas GPS
El planteamiento inicial de esta noticia hablaba de un equipo chileno-argentino que instaló balizas GPS de alta precisión específicamente para medir la velocidad de desplazamiento del glaciar Pío XI.
Sin embargo, la información pública y verificable localizada sobre la expedición científica más reciente al Pío XI describe la participación de investigadores vinculados a instituciones chilenas y la instalación de una baliza de ablación, destinada a medir los cambios en la superficie del hielo debido principalmente a la fusión durante la temporada cálida. También se instalaron sensores para registrar la temperatura a diferentes altitudes.
Por esa razón, presentar como un hecho confirmado una expedición binacional chileno-argentina que hubiera instalado una red de balizas GPS de alta precisión para medir la velocidad del Pío XI sería añadir un detalle que no aparece respaldado por las fuentes consultadas.
La importancia científica del trabajo no disminuye por ello. Las balizas y las tecnologías de posicionamiento geográfico son herramientas utilizadas habitualmente en glaciología para estudiar tanto el balance de masa como el movimiento del hielo. De hecho, en otros glaciares de Chile, como el Exploradores, la Dirección General de Aguas ha utilizado redes de balizas georreferenciadas mediante GPS para medir la velocidad del glaciar y analizar su dinámica.
¿Qué hace tan especial al glaciar Pío XI?
El glaciar Pío XI, también conocido como Brüggen, forma parte del Campo de Hielo Patagónico Sur, una de las mayores reservas de agua dulce congelada fuera de las regiones polares.
Su importancia no se limita a sus dimensiones. El glaciar se ha convertido en un caso de enorme interés para la comunidad científica debido a que su comportamiento no encaja completamente con la tendencia observada en muchos otros glaciares de la Patagonia.
Una investigación basada en imágenes ópticas y radar estudió las variaciones de glaciares del Campo de Hielo Patagónico Sur y encontró que el Pío XI había presentado avances de hasta 75,13 metros por año durante el período analizado, aunque con una tendencia a la desaceleración. En contraste, el glaciar O’Higgins mostró un retroceso sostenido.
Este contraste demuestra que la respuesta de un glaciar al cambio climático no depende únicamente de la temperatura global. También intervienen factores como la cantidad de nieve acumulada, las precipitaciones, la topografía, la dinámica interna del hielo, las condiciones del terreno y la interacción del glaciar con el agua.
La baliza instalada en el Pío XI y qué información puede aportar
Durante la expedición científica de noviembre de 2024, los investigadores instalaron una baliza de ablación directamente sobre el glaciar.
Este tipo de instrumento funciona como un punto de referencia. Con el paso del tiempo, los científicos pueden medir cuánto cambia la superficie del hielo alrededor de la baliza. Si una mayor parte de la estructura queda expuesta, esto puede indicar una disminución de la superficie debido a procesos de fusión.
Los investigadores tienen previsto revisar la baliza en futuras expediciones para comparar las mediciones y calcular cómo evoluciona la pérdida superficial de hielo durante las distintas estaciones.
La Universidad de Concepción explicó que estos datos permitirán analizar el balance de masa del glaciar en relación con las condiciones climáticas de la zona.
El concepto de balance de masa es fundamental en glaciología. De forma simplificada, permite determinar si un glaciar está ganando más hielo del que pierde o si, por el contrario, la fusión y otros procesos están provocando una disminución neta de su masa.
Sensores térmicos para entender el ambiente del glaciar
La expedición también instaló sensores térmicos a diferentes alturas de la morrena lateral del Pío XI.
Los equipos fueron ubicados aproximadamente a 200, 400, 600 y 800 metros de altitud con el objetivo de registrar la temperatura superficial del aire durante un período de un año. La información permitirá analizar cómo varían las condiciones térmicas según la elevación y cuál puede ser su relación con el comportamiento del glaciar.
Estos datos son especialmente importantes en regiones de difícil acceso como la Patagonia. Las mediciones obtenidas directamente sobre el terreno permiten complementar la información proporcionada por satélites, radares y modelos climáticos.
En el caso del Pío XI, construir una serie de observaciones continuas puede ayudar a responder preguntas que todavía generan interés científico: ¿por qué el glaciar logró avanzar durante períodos en los que otros retrocedían?, ¿está cambiando esa tendencia?, ¿qué papel desempeñan las precipitaciones y la acumulación de nieve?
GPS y balizas: una herramienta clave para medir el movimiento de los glaciares
Aunque la expedición reciente al Pío XI documentada públicamente se centró en una baliza de ablación y sensores térmicos, el uso de GPS o GNSS para estudiar el movimiento glaciar es una metodología consolidada.
El principio consiste en determinar con precisión la posición de puntos instalados o identificados sobre la superficie del hielo y repetir posteriormente las mediciones. La diferencia entre una posición y otra permite calcular cuánto se desplazó ese punto y, dependiendo del intervalo de tiempo, estimar la velocidad del flujo glaciar.
En Chile, la Dirección General de Aguas ha empleado este sistema en el glaciar Exploradores, donde una red de balizas fue georreferenciada mediante GPS para conocer la velocidad del hielo y estudiar su descarga.
Además, investigaciones glaciológicas han utilizado balizas medidas mediante GPS para calcular la dirección y velocidad del flujo superficial. En el glaciar Tyndall, por ejemplo, el seguimiento de posiciones permitió identificar importantes diferencias de velocidad entre distintos sectores del hielo.
Estas experiencias muestran por qué una futura red de monitoreo con posicionamiento de alta precisión podría aportar información valiosa también para el estudio del Pío XI.
El desafío de estudiar un gigante en una de las zonas más remotas del continente
El trabajo científico en los Campos de Hielo Patagónicos enfrenta importantes dificultades logísticas.
Las condiciones meteorológicas pueden cambiar rápidamente, el acceso a determinadas zonas es complejo y los investigadores deben transportar equipos especializados hasta áreas donde no existe infraestructura convencional.
Por ello, cada campaña de terreno puede generar información especialmente valiosa. Las observaciones directas permiten validar o complementar los resultados obtenidos mediante sensores remotos.
En el caso del Pío XI, la expedición realizada en 2024 fue liderada por la glacióloga y académica Ilaria Tabone, del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción. El equipo desarrolló trabajos destinados a obtener nuevas mediciones sobre el comportamiento del glaciar y las variables ambientales que pueden influir en su evolución.
Un laboratorio natural para estudiar el cambio climático
Los glaciares son considerados importantes indicadores de las transformaciones ambientales. Su tamaño, espesor, velocidad y posición pueden responder a cambios acumulados durante años o décadas en variables como la temperatura y las precipitaciones.
Sin embargo, el caso del Pío XI demuestra que los sistemas glaciares pueden tener respuestas complejas.
El avance que ha registrado durante ciertos períodos no significa que sea inmune al cambio climático ni que contradiga la evidencia sobre el retroceso generalizado de numerosas masas de hielo. Los investigadores buscan precisamente entender qué procesos locales y regionales explican su comportamiento particular.
La evidencia obtenida mediante observaciones de terreno, imágenes satelitales y sensores permitirá construir una visión más precisa sobre el futuro de este glaciar.
La importancia de mantener el monitoreo a largo plazo
Una única expedición permite obtener una fotografía de las condiciones de un glaciar en un momento determinado. El verdadero valor científico aumenta cuando las mediciones se repiten durante años.
Por eso, la baliza de ablación instalada en el Pío XI está diseñada para ser revisada en futuras campañas. Al comparar los datos, será posible observar cómo cambia la superficie del hielo y relacionar esas variaciones con los registros de temperatura y otras condiciones ambientales.
El monitoreo continuo también puede ayudar a identificar cambios en la dinámica del glaciar antes de que sean evidentes a simple vista.
En una región donde los efectos del cambio climático, las variaciones en las precipitaciones y la evolución de los grandes campos de hielo tienen implicaciones ambientales y científicas de alcance global, el Pío XI continuará siendo uno de los grandes laboratorios naturales de la Patagonia.
La reciente expedición representa un paso más en ese proceso de observación. Más que ofrecer una respuesta definitiva sobre el futuro del glaciar, los nuevos instrumentos permitirán acumular datos para comprender mejor cómo evoluciona una de las masas de hielo más extraordinarias del hemisferio sur.




