El amor de una madre y la vocación de dos médicos cirujanos lograron acortar una distancia de más de 9.000 kilómetros entre el sur de América Latina y el continente africano. La historia de Aníbal Ojeda y su hijo Mariano, dos reconocidos especialistas en cirugía infantil oriundos de Argentina, se ha convertido en un símbolo de solidaridad internacional tras operar de manera gratuita a más de un centenar de niños con labio leporino y malformaciones congénitas en Angola.
El legado familiar comenzó con Aníbal, quien durante décadas dedicó su carrera a atender y operar sin costo a cerca de 10.000 niños en vulnerabilidad social a lo largo de diversas provincias argentinas. Hoy, su hijo Mariano, cirujano pediátrico en la provincia de Neuquén, mantiene viva esa tradición altruista.
La travesía hacia territorio africano tuvo su punto de partida en el año 2019, durante un congreso de cirugía pediátrica celebrado en Buenos Aires. En ese evento, Mariano recibió un clamor desesperado de auxilio: la madre de un pequeño de dos años con labio leporino en Luena, Angola, no encontraba respuesta médica en su país y buscaba una oportunidad para salvar la calidad de vida de su hijo.
«Intenté que vinieran a Neuquén, pero para ellos era económicamente imposible costear ese viaje. Le comenté la situación a mi padre y su respuesta fue inmediata: ‘Vamos'», relata Mariano al recordar el momento en que decidieron financiar el viaje con sus propios recursos.
Esa primera intervención en Angola fue el detonante de una serie de misiones médicas periódicas. Hasta la fecha, el equipo médico familiar ha impactado la vida de numerosos pacientes:
- Más de 100 intervenciones en África: Correcciones de labio leporino y paladar hendido en niños que carecían de acceso a la salud especializada.
- Capacitación médica local: Mariano imparte talleres de formación a profesionales de la salud en Angola para descentralizar la atención y garantizar la sostenibilidad de los procedimientos.
- Estructura institucional: Tras décadas de labor voluntaria, Aníbal preside la Fundación Rioja, plataforma con la que canalizan insumos y brigadas médicas.
«Una madre mueve montañas y acerca continentes si se trata de la salud de sus hijos», reflexiona Aníbal sobre la determinación de las familias que acuden a sus jornadas quirúrgicas. Para Mariano, continuar los pasos de su padre representa el propósito central de su carrera profesional: «Me hicieron sentir que servía para algo», resume.
El trabajo conjunto de estos dos especialistas demuestra cómo la medicina humanitaria trasciende barreras geográficas y culturales para devolver la sonrisa a cientos de familias.




