Luis Eduardo Solarte Pastás

Los ‘falsos profetas’

En términos del Diccionario de la Lengua Española, se entiende por “demagogia la degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”.

En el mes de marzo del próximo año se llevarán a efecto las elecciones de congresistas. Y desde ya se comienza a observa a políticos de vieja data acudiendo a sus acostumbradas prácticas demagógicas para mantener su curul en el Congreso y seguir disfrutando de las mieles que concede el poder.

Si tenemos en cuenta que la democracia es un proceso continuo de cambio y renovación, mal haríamos en fincar los ideales, esperanzas y propósitos de búsqueda de una auténtica paz, con justicia social y equidad, en aquellas personas que se han encargado de sembrar con sus acciones de “falsos profetas” clientelismo, corrupción y un sinnúmero de ilusorias promesas que jamás han llegado a cumplirse para detrimento de los intereses del pueblo soberano.

Pero lo más indignante de todo es ver a los “falsos profetas” presentarse a través de cualquier medio como unos adalides de la justicia y la honradez, al punto de llegar a considerarse muchas veces unos ángeles y querubines.

Seguramente tienen la errónea convicción que el pueblo en las actuales circunstancias los necesita más que nunca.

 

Pero ¿para qué?

 

Si cuando han tenido la oportunidad de demostrar idoneidad, altruismo y nobleza dentro de la función que se les entregó de trabajar con unos principios y criterios colectivos para bien de sus comunidades, no han presentado ningún resultado positivo que sea digno de reconocimiento y alabanza.

Pues, su gestión se ha caracterizado desde el Congreso en “prenderle una vela a Dios y otra al Diablo”, al preferir untarse de la famosa “mermelada” y no defender al constituyente primario.

Los “falsos profetas” al acudir a los autoelogios para intentar defender una labor que a todas luces ha merecido el reproche y la protesta, lo único que consiguen es ratificar su actitud demagógica, cuyo único fin es obtener el apoyo popular a toda costa con el objetivo de alcanzar de nuevo su reelección al congreso; aunque no tengan propuestas claras y de interés colectivo.

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En tal virtud, es menester que en esta época preelectoral todo lo que dicen y pregonan ciertos senadores y representantes de ser “los salvadores de la democracia”, sea recibido con beneficio de inventario porque una vez ya defraudaron y traicionaron a las personas que les brindaron su respaldo.

Por ello, en los comicios del 2022, los ciudadanos y ciudadanas tenemos la gran responsabilidad y el deber político de acudir a las urnas para elegir a unos integrantes del congreso que sean capaces, a través de su liderazgo y como gente nueva, de consolidar un proyecto democrático de Nación en donde quepamos todos.

Porque, acogiendo unas frases de una canción del cantautor Piero, “al país lo remataron y lo remataron más, lo partieron en pedazos, y ahora hay que volverlo armar”.

Y ese tiene que ser nuestro verdadero propósito, si queremos que lo niños sonrían en cada amanecer.

Por: Luis Eduardo Solarte Pastás