Lucas nos refiere hoy (9,51-62), que Jesús decide subir a Jerusalén. Es el camino al cumplimiento de su misión; y asocia a ella a sus discípulos, a quienes envía delante de él.
Para Jesús cumplir la misión representa exigencias y dificultades. Y para los discípulos no será distinto. Les propongo algunas características de la misión que Jesús nos confía.
1. La itinerancia
«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Jesús siempre en movimiento, en camino. No se apega en ningún lugar.
Quien quiera seguir al Señor debe tener un corazón disponible y libre para ir a cualquier sitio y para partir de allí cuando sea necesario. Quien desee seguir al Señor no puede llenarse de excusas: me hace daño el frío, me da alergia el calor, etc. El discípulo de Jesús es desinstalado, caminante y disponible.
2. La prioridad
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». Esta respuesta que Jesús da a quien le pone como obstáculo para seguirlo la necesidad de enterrar a su padre parece dura. En realidad, Jesús está indicando que nada ni nadie está por encima de la urgencia de anunciar el Reino. ¿Por qué? Porque es un anuncio de la salvación que Dios quiere ofrecer a todos. De alguna manera hace recordar las palabras del apóstol San Pablo: «¡Ay de mí si no evangelizo!», o «el amor de Cristo nos apremia».
El discípulo de Jesucristo, debe poner como prioridad absoluta de su vida el envío de anunciar el Reino y para ello todo lo demás debe estar después.
3. La libertad
«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios». Esto es lo que el Señor responde a quien le pide tiempo para despedirse antes de su familia. El entorno familiar adquiere aquí el significado de los afectos (muy válidos por cierto), que pueden volverse una interferencia para el seguimiento de Jesús.
Recordemos que Jesús es el primero que sale de su casa para entregarse por completo a cumplir la misión que le ha encomendado su Padre. Pero notemos también que salir de su casa no significó olvidarse de los suyos: en varias ocasiones los evangelios muestran a Jesús encontrarse con su mamá y también con sus parientes.
Como discípulos de Jesús debemos entender que es necesaria esta libertad; que ni siquiera los afectos más válidos pueden condicionar ponernos en marcha con Jesús. El discípulo ama a su familia, ama a los suyos, ama sus orígenes, pero cuando dice sí al Señor se enfoca en la misión.
Por: Mons. Juan Carlos Cárdenas Toro

