LA SATISFACCIÓN DE PODER AYUDAR

Por: Narciso Obando López, Pbro.

A lo largo de la historia, los seres humanos hemos sentido la necesidad de ayudar a las demás personas e impactar positivamente en su vida. Con un poco de salud y de buena voluntad, todos podemos ayudar a nuestro prójimo de muchas maneras y con resultados que siempre generan alegría, tranquilidad, sociego y nos proporcionan grandes satisfacciones personales.

Así, podemos ayudar a otros al ofrecer un saludo afectuoso y alegre que embellece el diario vivir e infunde confianza y bienestar. Podemos ayudar a otros al interesarnos por su estado de salud, su bienestar, su trabajo, sus éxitos, sus problemas y preocupaciones, sus proyectos. Podemos ayudar a otros al permitirles un desahogo, gracias a nuestra actitud de escucha sincera y llena de respeto.

Podemos ayudar a otros con gestos concretos, a la hora de mover un elemento pesado, trasladar algún objeto, subir una bolsa al maletero del taxi. Podemos ayudar a otros al cederles el puesto del autobús cuando notamos su cansancio y sus dificultades al moverse. Podemos ayudar a otros con un gesto de perdón, que rompe tensiones y permite construir esos puentes que tanto necesitamos para vidas serenas y armoniosas.

Podemos ayudar a otros al pedir disculpas, cuando se han sentido ofendidos por un error nuestro y esperan un gesto de reparación sincera y humilde. Podemos ayudar a otros con nuestras oraciones, en las que pedimos a Dios Padre por sus necesidades más íntimas y decisivas. Podemos ayudar a otros con palabras de alivio y consuelo, respetuosas y llenas de auténtica caridad cristiana. Podemos ayudar a otros con una corrección respetuosa y a tiempo, que surge desde el deseo, desde el cariño, de apartarlos de un mal camino y de orientarlos hacia lo bueno, noble y justo.

Poder ayudar a otros es posible hacerlo de mil maneras, incluso cuando permitimos a los demás ayudarnos a nosotros mismos… Hoy les pido, abrir los ojos y el corazón ante las necesidades de quienes están cerca, comenzando por nuestra propia familia. Así descubrirán un horizonte lleno de posibilidades, algunos hasta ahora nunca reconocidas, que me llevarán a ponerme en marcha y ofrecer un gesto de ayuda a quien me lo pide con sus palabras o con sus silencios. Tengamos siempre presente que ayudar a los demás es un acto de solidaridad que nos enriquece a todos, fortaleciendo la empatía, la autoestima y reduciendo el estrés.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest