Editorial Diario del Sur

LA INSEGURIDAD AZOTA A COLOMBIA

Estamos seguros de no equivocarnos al afirmar que, en esta mitad de año, Colombia afronta una de las peores condiciones de inseguridad en muchos años, en una situación que no solo afecta a las ciudades grandes como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, sino que se ha extendido a todos los rincones del país, incluidos los sectores rurales.

La triste realidad es que los colombianos nos enfrentamos a un tétrico panorama, en el que los robos, los asesinatos, los secuestros y extorsiones están a la orden del día, delitos de alto impacto que han crecido de manera desmesurada, con el agravante, que en especial en varias zonas rurales de nuestro país, se tiene una escasa presencia de la fuerza pública, lo que es aprovechado por la delincuencia para perpetrar toda clase de tropelías.

Por ello, de acuerdo con las más recientes cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística Dane, la percepción ciudandana de inseguridad, va en permanente aumento y ya hace rato que superó el 53 por ciento y en sentido, es especialmente alarmante, las estadísticas que registran las ciudades de Cali y Bogotá, las cuales aparecen como las más inseguras del país; la capital del Valle, con un inquietante 84,1 por ciento y la capital de la República, con un 83,8 por ciento.

«Estamos seguros de no equivocarnos al afirmar que, en esta mitad de año, Colombia afronta una de las peores condiciones de inseguridad en muchos años, en una situación que no solo afecta a las ciudades grandes como Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, sino que se ha extendido a todos los rincones del país, incluidos los sectores rurales«.

A las ciudades ya mencionadas gravemente afectadas por episodios de seguridad, hay que agregar a esta ‘lista negra’ a otras urbes como Pasto, Villavicencio, Tunja, Neiva, Popayán, Ibagué, Popayán, Girardot y Neiva, entre otras, todas estas urbes, cuyo flagelo mayor lo constituye el delito callejero, en el que predominan los robos, como los que de manera permanente se perpetran desde motocicletas y los asaltos a mano armada.

Pero tenemos otros delitos de alto impacto que se han incrementado de forma alarmante como los homicidios que en el año anterior fueron 9.844 en el país, (36 por día), siendo las ciudades más afectadas, Bogotá, Cali, Barranquilla y Cartagena.

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Igualmente, asusta saber que el delito de robo con violencia, con asaltos a mano armada, secuestros exprés, ocupa los primeros lugares de ocurrencia en Colombia, como lo demuestra el hecho de que el año pasado se denunciaron 148.709 casos, lo que demuestra la ocurrencia de 826 de esta clase de hechos por día.

Ahora en este primer semestre del 2023, todos estos delitos, incluido el secuestro que tiene entre sus principales víctimas a los ganaderos, sigue en aumento, como lo ha denunciado Fedegan, en tanto que también los transportadores y conductores, también aparecen entre las principales víctimas de la delincuencia criolla, como lo demuestra el hecho que, en lo corrido del presente año, han sido asesinados 20 conductores en diferentes zonas del país.

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Frente a los antecedentes anteriormente mencionados, por cuya causa millones de colombianos se encuentran al borde de un ataque de nervios, nos parece que, en primera instancia, en lo que tiene que ver con la delincuencia criolla que hoy azota sin piedad al país, le corresponde al director de la Policía Nacional, el general William Salamanca, estrenarse en su cargo, con el inicio de una acción contundente contra los malhechores que hoy nos quitan el sueño. Y en lo referente a los delitos cuya autoría corresponde a los numerosos grupos armados ilegales que operan en el país, esa lucha la tendrá que enfrentar el Gobierno Nacional con su Política de Seguridad, en la que promete la protección de la vida, en especial en las zonas más vulnerables.  Esa es la esperanza que hoy nos embarga.