La guerra en Medio Oriente llegó a los bolsillos de los colombianos antes de que terminara su cuarto día. En un país que produce petróleo, importa gas y tiene su mayor empresa pública cotizando en bolsa, los efectos del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se sienten con intensidad y en múltiples frentes al mismo tiempo. La semana comenzó con la acción de Ecopetrol subiendo 4,91 por ciento el lunes 2 de marzo para ubicarse en 2.350 pesos, impulsada por el alza del crudo internacional tras el bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz. Sin embargo, el índice MSCI Colcap, principal termómetro bursátil del país, cayó 3,37 por ciento el martes 3 de marzo para cerrar en 2.148,11 puntos, borrando las ganancias del día anterior.
La convivencia de una Ecopetrol al alza con un Colcap a la baja resume la paradoja colombiana ante este conflicto. Por un lado, cada dólar que sube el precio del barril de petróleo le inyecta a la industria petrolera del país cerca de 750.000 dólares diarios, según estimaciones del director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos, Óscar Rincón. Con una producción nacional de alrededor de 750.000 barriles por día, el impacto se multiplica con rapidez: si el Brent se mantiene en niveles elevados durante semanas, Colombia podría recibir cerca de 22 millones de dólares adicionales mensuales, o su equivalente en pesos colombianos de aproximadamente 84.000 millones mensuales.
Pero la otra cara de la moneda es igualmente real. El gas natural es donde Colombia tiene una vulnerabilidad estructural que el conflicto en Oriente Medio expone sin piedad. El país perdió su autosuficiencia gasífera desde finales de 2024 y en lo corrido de 2026 importa el 19 por ciento de su demanda nacional, principalmente a través del terminal de regasificación de la Sociedad Portuaria El Cayao en Cartagena. El precio del gas natural licuado importado depende del mercado spot internacional, que se disparó cerca de un 60 por ciento tras la suspensión de producción de QatarEnergy. Ese encarecimiento se traslada, de manera gradual pero inevitable, a los hogares, las industrias y las plantas termoeléctricas que usan gas importado.
La docente de Economía de la Universidad de San Buenaventura, Claudia Ximena Flórez, identificó en un análisis publicado esta semana siete canales a través de los cuales el conflicto en Medio Oriente puede sentirse en Colombia. Además del alza en el gas, señaló la presión combinada del dólar y el petróleo subiendo al mismo tiempo, el encarecimiento de la logística internacional y los fletes marítimos, el mayor costo de los bienes importados con componentes en dólares, la dificultad para que se moderen los precios internos, el cambio de comportamiento financiero de hogares y empresas que tienden a aplazar decisiones ante la incertidumbre, y el impacto desigual entre sectores, donde el energético gana y las aerolíneas e importadores sufren.
La gasolina es el frente que más preocupa a los colombianos en su vida diaria. El Brent llegó a tocar picos de 82,37 dólares por barril durante la semana pasada, y analistas advierten que podría superar los 100 o incluso los 120 dólares si el cierre del Estrecho de Ormuz se prolonga. En Colombia, el precio de la gasolina no sube automáticamente con el petróleo porque el Estado subsidia el diésel y regula las diferencias entre precios nacionales e internacionales, pero la presión sobre el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles aumenta con cada dólar adicional en el crudo. El exministro de Hacienda, José Manuel Restrepo, fue contundente: incluso con el Brent por encima de 100 dólares, el efecto no sería suficiente para cerrar el déficit fiscal proyectado de 32 billones de pesos para 2026.
Las bolsas colombianas registraron el martes su jornada más difícil del año. El MSCI Colcap cayó 3 por ciento el 3 de marzo y acumuló una pérdida superior al 10 por ciento durante el mes de febrero, aunque conserva una variación positiva de 3,87 por ciento en lo que va de 2026. Entre las acciones más desvalorizadas del martes figuraron Grupo Aval, que perdió 18,18 por ciento, Grupo Bolívar con una caída de 8,46 por ciento, Grupo Sura preferencial con menos 8,65 por ciento y Grupo Éxito con una pérdida de 8,20 por ciento. El volumen de operaciones de la jornada descendió un 76 por ciento frente al día anterior, reflejando el bajo apetito de riesgo entre los inversionistas ante un panorama geopolítico tan incierto.
La incógnita que todo economista colombiano tiene en mente este miércoles es la misma: ¿cuánto tiempo durará el conflicto? Si la guerra se extiende y el petróleo se mantiene alto durante meses, Colombia podría ver un alivio fiscal temporal que compense parte del déficit presupuestal. Pero si la situación se normaliza pronto, el impacto sobre la economía real sería más ruido que señal, como lo sintetizó el analista de mercado Arnoldo Casas. Lo que sí es seguro es que la interdependencia energética global volvió a demostrar esta semana que ningún país, ni siquiera uno tan lejano de Medio Oriente como Colombia, puede abstraerse de los efectos de una guerra que amenaza el flujo de energía del que depende la civilización moderna.




