La agroecología y la bioeconomía pueden reducir emisiones, frenar la deforestación y fortalecer economías rurales

La agroecología y la bioeconomía pueden reducir emisiones, frenar la deforestación y fortalecer economías rurales en Colombia

La iniciativa se desarrolló entre 2021 y 2026 en territorios de la Amazonia y el Pacífico, con el apoyo de la Unión Europea y en alianza con Minciencias, CIRAD, AGROSAVIA y la Universidad Tecnológica del Chocó.

El proyecto trabajó directamente con 586 familias que adoptaron prácticas agroecológicas y bioeconómicas sostenibles. A través de 10 plataformas de innovación, se promovió el trabajo conjunto entre comunidades, instituciones e investigadores, con la participación de 905 personas. Como resultado, se implementaron 28 prácticas innovadoras y se desarrollaron 12 productos de bioeconomía en cadenas como cacao, copoazú, ganadería láctea, café, pesca artesanal responsable, coco, canangucha y vainilla.

ABRIGUE también generó evidencia científica sobre el impacto de la transición productiva en el cambio climático. Los análisis muestran que una finca con alto nivel de adopción de prácticas agroecológicas puede reducir en 17,4 % su potencial de calentamiento global. A escala regional, se estima que en Caquetá estas prácticas podrían evitar más de 19 millones de toneladas de CO₂ equivalente al año, lo que representa un aporte significativo a los compromisos climáticos del país.

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“ABRIGUE fomentó la innovación técnica y organizacional a escala regional, en apoyo a la transición hacia sistemas alimentarios agroecológicos y economías de base biológica, con potencial para aumentar la competitividad, la productividad, la resiliencia y la eficiencia de los sistemas productivos en Caquetá, Meta y Chocó. El desafío ahora es escalarlo”, señaló Luz Marina Mantilla, directora general del Instituto SINCHI.

En el Meta, los sistemas evaluados registraron niveles de captura de carbono que los posicionan como sumideros netos, lo que refuerza su potencial en la mitigación del cambio climático.

Por su parte, la ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible (e), Irene Vélez Torres, resaltó que “durante estos cinco años, el proyecto ABRIGUE ha demostrado que es posible transitar hacia modelos agroalimentarios más sostenibles y resilientes al cambio climático”.

Además del componente ambiental, el proyecto dejó avances en bioeconomía orientados a diversificar los ingresos rurales sin aumentar la presión sobre los ecosistemas. En total, se consolidaron 12 desarrollos, incluyendo derivados de cacao, aceites, bebidas y productos a partir de especies amazónicas y del Pacífico.

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Estos procesos beneficiaron a más de 1.100 personas, quienes incorporaron herramientas como la medición de la huella de carbono y mecanismos de diferenciación en el mercado. Asimismo, el proyecto aportó a la política pública mediante la identificación de barreras y oportunidades en financiamiento, normatividad y gobernanza, proponiendo medidas para facilitar la adopción de estos modelos en otras regiones del país.

El embajador de la Unión Europea en Colombia, François Roudie, destacó la importancia de la transición agroecológica como eje de la transformación productiva, así como la integración del conocimiento científico y tradicional, la bioeconomía, la gobernanza territorial, la resiliencia climática y la participación de las mujeres.

Los resultados evidencian que Colombia ya cuenta con un modelo probado para avanzar en la reducción de emisiones y la transformación productiva en zonas rurales. El reto, según el Instituto SINCHI, es ampliar su implementación y articularlo con instrumentos de política pública y financiamiento.

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