Dinamarca lleva años trabajando en una de las infraestructuras energéticas más ambiciosas de Europa: una isla artificial en el mar del Norte que funcionaría como un gran centro de conexión para parques eólicos marinos. El proyecto busca comenzar con al menos 3 gigavatios (GW) de capacidad eólica y, en una expansión posterior, llegar hasta 10 GW. Sin embargo, los altos costos, el aumento de los tipos de interés y las dificultades para definir el modelo definitivo de construcción han obligado a retrasar el calendario original.
La idea puede parecer propia de una película de ciencia ficción: construir una isla artificial a decenas de kilómetros de la costa, rodearla de aerogeneradores y utilizarla como un enorme centro de distribución eléctrica. Pero para Dinamarca se trata de una pieza estratégica de su transición energética y de su visión de una red eléctrica europea más integrada.
Eso sí, hay una precisión importante respecto a algunas versiones recientes que circulan sobre el proyecto: Dinamarca no ha aprobado actualmente una licitación para construir dos nuevas islas artificiales en el mar del Norte. El país tiene dos proyectos de «islas energéticas», pero solo uno contempla una isla artificial en el mar del Norte. El segundo está vinculado a la isla natural de Bornholm, en el mar Báltico. Además, el proyecto artificial del mar del Norte ha sufrido retrasos y su licitación continúa condicionada por las decisiones políticas y técnicas pendientes.
Una idea que nació para aprovechar el viento del mar del Norte
Dinamarca es uno de los países pioneros en energía eólica y lleva décadas desarrollando parques eólicos marinos. El mar del Norte ofrece condiciones especialmente favorables para esta tecnología debido a sus fuertes y relativamente constantes vientos, además de contar con amplias zonas marítimas donde pueden instalarse grandes parques de aerogeneradores.
El concepto de la isla energética del mar del Norte surgió precisamente para solucionar uno de los grandes problemas de la expansión eólica offshore: cómo transportar grandes cantidades de electricidad generadas lejos de la costa hacia diferentes países y redes eléctricas.
En lugar de construir conexiones independientes desde cada parque eólico hasta tierra firme, la isla funcionaría como un hub energético. Los aerogeneradores enviarían la electricidad hacia ese punto central y desde allí podría distribuirse mediante cables submarinos hacia Dinamarca y otros sistemas eléctricos europeos.
La idea forma parte de una estrategia más amplia que Dinamarca aprobó políticamente en 2020 para desarrollar dos islas energéticas: una artificial en el mar del Norte y otra basada en Bornholm, en el Báltico.
¿Cómo funcionaría la isla artificial?
La futura infraestructura estaría ubicada aproximadamente a 80-100 kilómetros de la costa occidental de Jutlandia, dependiendo de la configuración definitiva del proyecto.
Su función principal no sería simplemente «producir electricidad». La mayor parte de la generación provendría de los enormes parques eólicos instalados alrededor de la isla. La infraestructura actuaría como punto de concentración, transformación y transmisión de esa electricidad.
En términos sencillos, el sistema podría funcionar de esta manera:
Aerogeneradores marinos → isla energética → cables submarinos → redes eléctricas nacionales y europeas.
La infraestructura también ha sido concebida para permitir tecnologías adicionales, entre ellas almacenamiento energético y sistemas de Power-to-X, que pueden utilizar electricidad renovable para producir combustibles o moléculas como hidrógeno verde. La posibilidad de incorporar estas tecnologías es una de las razones por las que el proyecto se concibe como un centro energético y no simplemente como una subestación eléctrica gigante.
De 3 GW iniciales a un objetivo de 10 GW
Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es su capacidad potencial.
El diseño inicial contempla al menos 3 GW de energía eólica marina conectados al sistema. En una fase posterior, la infraestructura podría ampliarse para gestionar hasta 10 GW de energía eólica offshore.
Para poner la escala en perspectiva, 1 GW equivale a 1.000 megavatios. Por lo tanto, 10 GW representan una capacidad instalada diez veces superior a una central de 1 GW, aunque la electricidad realmente producida dependería de la velocidad del viento y del factor de capacidad de los parques.
Las primeras estimaciones del proyecto hablaban de una producción equivalente al consumo eléctrico de aproximadamente tres millones de hogares europeos con la fase inicial de 3 GW. En una expansión hasta 10 GW, las estimaciones del proyecto han utilizado como referencia unos diez millones de hogares, aunque estas equivalencias deben entenderse como aproximaciones basadas en patrones de consumo y no como una cantidad fija de viviendas que recibirían electricidad directamente de la isla.
No son dos islas artificiales en el mar del Norte
Esta es una de las principales aclaraciones necesarias para entender la noticia.
Dinamarca decidió desarrollar dos islas energéticas, pero no se trata de dos nuevas islas artificiales ubicadas en el mar del Norte.
La primera es la North Sea Energy Island, que sí contempla una infraestructura artificial construida en el mar del Norte.
La segunda es Bornholm Energy Island, cuyo centro energético se encuentra en la isla natural de Bornholm, en el mar Báltico. Los parques eólicos asociados se ubicarán en aguas cercanas a Bornholm y la electricidad será conectada tanto con Dinamarca como con Alemania.
En enero de 2026, Dinamarca y Alemania dieron un paso importante al acordar la cooperación para desarrollar la infraestructura de Bornholm. El proyecto contempla unos 3 GW de energía eólica marina y conexiones destinadas a integrar la electricidad de ambos países.
Por eso, hablar de «dos nuevas islas artificiales en el mar del Norte» mezcla dos proyectos diferentes.
El proyecto del mar del Norte se ha retrasado
El ambicioso calendario original ha sufrido varios cambios.
Dinamarca esperaba inicialmente que la primera fase de la isla energética del mar del Norte estuviera operativa alrededor de 2033. Sin embargo, en junio de 2023 el Gobierno danés decidió retrasar el proceso de licitación debido a que el concepto desarrollado hasta ese momento estaba resultando demasiado costoso.
Las autoridades comenzaron entonces a estudiar alternativas técnicas y económicas que permitieran mantener los objetivos energéticos reduciendo los riesgos financieros. Entre las posibilidades analizadas estuvo modificar el concepto de una gran isla artificial fija para incorporar soluciones basadas en plataformas y estructuras modulares.
La situación volvió a cambiar en 2024.
El Gobierno danés anunció que la puesta en funcionamiento del proyecto se retrasaría al menos tres años, hasta 2036, debido principalmente al incremento de los costos de construcción y al aumento de los tipos de interés. La inversión prevista superaba los 200.000 millones de coronas danesas, equivalentes aproximadamente a 30.000 millones de dólares según las estimaciones publicadas en ese momento.
El aumento del precio de materias primas, las dificultades de las cadenas de suministro y las condiciones financieras hicieron que el modelo original resultara mucho más complicado de financiar que cuando se concibió.
¿Y qué pasa con la licitación?
Aquí también existe una diferencia importante entre el proyecto anunciado originalmente y la situación actual.
La licitación para seleccionar al socio privado encargado de desarrollar la isla artificial estaba prevista dentro del modelo inicial de asociación público-privada. El Estado danés había planteado conservar al menos el 50,1 % de la propiedad del proyecto.
Sin embargo, después de los problemas de costos, el proceso fue pospuesto y el Gobierno comenzó a estudiar otras soluciones. La propia Agencia Danesa de Energía advierte que parte de la información histórica disponible en su página sobre la isla no refleja las decisiones políticas posteriores al aplazamiento de 2023.
Un informe internacional sobre el sector eólico publicado en 2026 señala que, tras el aplazamiento de 2023 y el nuevo retraso anunciado en 2024, todavía no se habían publicado detalles definitivos sobre la nueva configuración del proyecto.
Además, Energinet, el operador danés del sistema eléctrico, continúa describiendo la isla del mar del Norte como un proyecto sujeto a discusiones políticas y técnicas tanto dentro de Dinamarca como con socios internacionales.
Por lo tanto, no sería correcto presentar en agosto de 2026 el proyecto como si Dinamarca acabara de aprobar la construcción inmediata de dos islas artificiales mediante una nueva licitación.
Alemania entra en escena
La dimensión internacional del proyecto es fundamental.
La intención original de Dinamarca no era construir una isla aislada únicamente para abastecer a su propio territorio. El objetivo es crear una infraestructura capaz de integrarse con diferentes mercados eléctricos europeos.
El concepto de las islas energéticas se basa precisamente en que los cables submarinos permitan transportar electricidad entre distintos países, aprovechando las diferencias en generación y demanda.
En el caso de Bornholm, Alemania ya se ha convertido en un socio directo. En enero de 2026, ambos países acordaron avanzar conjuntamente en el proyecto, que permitirá conectar la producción eólica de la zona con las redes danesa y alemana.
Para la isla del mar del Norte, la cooperación internacional también ha sido una pieza recurrente del proyecto. La visión de largo plazo contempla conexiones con otros países del entorno del mar del Norte y una infraestructura eléctrica capaz de funcionar como parte de una red energética regional.
Una nueva forma de entender las redes eléctricas
El concepto de las islas energéticas representa un cambio respecto al modelo tradicional de los parques eólicos marinos.
Normalmente, un parque offshore genera electricidad y la envía mediante cables hacia una conexión en tierra. En un modelo basado en un hub energético, varios parques pueden conectarse primero a un punto común y desde allí distribuir la electricidad hacia distintos mercados.
Esto podría tener varias ventajas.
Una de ellas sería aprovechar mejor las enormes áreas con potencial eólico del mar del Norte. Otra sería facilitar el comercio transfronterizo de electricidad renovable y reducir la necesidad de construir una conexión independiente para cada parque.
Sin embargo, también aumenta considerablemente la complejidad técnica. La infraestructura debe soportar grandes cantidades de electricidad procedentes de múltiples parques eólicos, coordinar diferentes redes nacionales y utilizar sistemas de transmisión de alta capacidad.
Investigaciones recientes destacan precisamente que estos proyectos requieren resolver desafíos relacionados con la estabilidad de las redes, la transmisión mediante corriente continua de alta tensión y la integración de grandes cantidades de generación eólica basada en electrónica de potencia.
El desafío económico: una idea demasiado cara para el mercado actual
El mayor obstáculo para Dinamarca no ha sido demostrar que existe viento suficiente.
El problema es cuánto cuesta convertir ese potencial en una infraestructura funcional.
Construir una isla artificial en alta mar requiere enormes cantidades de materiales, transporte marítimo, cimentaciones, sistemas eléctricos, puertos, cables submarinos y equipos especializados. A esto se suma la construcción de cientos de aerogeneradores y las conexiones necesarias para llevar la electricidad hasta tierra firme.
Cuando los costos de materiales y financiación aumentaron, la viabilidad económica del proyecto se deterioró.
Ese fenómeno no es exclusivo de Dinamarca. El sector eólico marino internacional ha tenido dificultades durante los últimos años debido al encarecimiento de componentes, materias primas, transporte y financiación.
Dinamarca tuvo además una señal de alerta en sus propias licitaciones de energía eólica marina: una ronda abierta en 2024 para tres zonas con una capacidad conjunta de 3 GW no recibió ofertas. Posteriormente, el Gobierno rediseñó el esquema de contratación e introdujo un modelo basado en contratos por diferencia y otras condiciones para mejorar la viabilidad de los proyectos.
Esto ayuda a explicar por qué la isla energética no puede analizarse únicamente como un proyecto tecnológico. También es una enorme operación financiera.
Más que electricidad: hidrógeno y combustibles verdes
La importancia estratégica de la isla podría ir más allá de la electricidad.
Una de las posibilidades estudiadas es utilizar parte de la energía renovable para producir hidrógeno mediante electrólisis. Este hidrógeno podría utilizarse posteriormente en sectores difíciles de electrificar directamente, como determinadas actividades industriales, el transporte marítimo o algunas aplicaciones de transporte pesado.
El concepto de Power-to-X engloba precisamente este tipo de procesos: transformar electricidad renovable en otros productos energéticos o industriales.
La ventaja de situar determinadas instalaciones cerca de los parques eólicos sería aprovechar directamente grandes cantidades de electricidad generada en el mar. No obstante, la viabilidad económica y tecnológica de estas aplicaciones dependerá de cómo evolucionen los costos, la demanda y las tecnologías durante las próximas décadas.
¿Puede cambiar el sistema energético europeo?
Si finalmente se desarrolla con la escala prevista, la isla energética del mar del Norte podría convertirse en una pieza importante de la infraestructura energética europea.
El potencial no depende únicamente de los 10 GW de capacidad eólica que podría gestionar en el futuro. También está en la posibilidad de conectar diferentes mercados eléctricos y facilitar que la electricidad renovable pueda circular hacia los lugares donde exista mayor demanda.
Esta lógica encaja con los planes europeos para aumentar masivamente la generación eólica marina durante las próximas décadas. El mar del Norte es considerado una de las principales regiones para desarrollar esta tecnología debido a sus condiciones de viento y a su cercanía con algunos de los mayores centros de consumo energético de Europa.
El proyecto danés también se integra en una tendencia más amplia: la creación de grandes nodos energéticos offshore que conecten parques eólicos con múltiples países mediante cables submarinos.
Un proyecto ambicioso, pero todavía no terminado
La idea de construir una isla energética artificial en el mar del Norte continúa siendo una de las apuestas más ambiciosas de Dinamarca para transformar su sistema energético.
Pero entre la visión y la construcción existe una diferencia importante.
El proyecto todavía debe resolver cuestiones relacionadas con el diseño definitivo, la financiación, la licitación, la infraestructura eléctrica, la conexión internacional y la rentabilidad económica. La experiencia de los últimos años demuestra que construir una infraestructura de esta escala resulta mucho más complejo y costoso de lo que parecía cuando el proyecto fue aprobado políticamente.
Dinamarca, sin embargo, no ha abandonado el concepto. Al contrario, continúa trabajando en las dos grandes piezas de su estrategia de islas energéticas: Bornholm en el mar Báltico, que avanza mediante la cooperación con Alemania, y la isla artificial del mar del Norte, cuyo diseño y modelo definitivo siguen siendo objeto de análisis.
El verdadero significado del proyecto
La importancia de la isla energética del mar del Norte no está solamente en construir una nueva superficie de tierra en medio del océano.
El verdadero objetivo es crear una nueva arquitectura para el sistema eléctrico europeo: grandes parques eólicos marinos conectados a un centro energético y, desde allí, integrados con diferentes países.
Si Dinamarca consigue superar los problemas económicos y técnicos, el proyecto podría convertirse en un precedente para futuras infraestructuras energéticas multinacionales.
Por ahora, no obstante, la isla sigue siendo un proyecto en desarrollo y no una infraestructura ya construida o una nueva licitación recién aprobada para dos islas artificiales. Su historia muestra tanto el enorme potencial de la energía eólica marina como las dificultades que aparecen cuando una tecnología limpia debe crecer hasta una escala capaz de transformar todo un sistema energético.
La apuesta danesa, en definitiva, sigue siendo gigantesca: aprovechar los vientos del mar del Norte para generar electricidad renovable, conectar esa energía con varios mercados europeos y, potencialmente, utilizarla también para producir combustibles verdes. El desafío será conseguir que esa visión sea técnicamente posible y, sobre todo, económicamente sostenible.



