Hablar de las madres en Nariño es hablar de esfuerzo, sacrificio y amor incondicional. En cada hogar del departamento existe una mujer que, con valentía y entrega, ha sostenido a su familia aun en los momentos más difíciles. Este Día de la Madre no solo es una fecha comercial o una celebración más del calendario; es la oportunidad de reconocer el papel fundamental que cumplen miles de mujeres que día a día luchan por sacar adelante a sus hijos.
Las madres nariñenses representan fortaleza. Muchas de ellas madrugan antes que salga el sol para trabajar, cocinar, cuidar a sus familias y enfrentar las dificultades económicas que golpean a tantos hogares. Otras han tenido que asumir solas la responsabilidad de criar y educar, convirtiéndose en ejemplo de perseverancia y amor verdadero.
En tiempos donde la sociedad avanza rápidamente y muchas veces se pierden los valores esenciales, las madres siguen siendo ese refugio que escucha, aconseja y guía. Son quienes celebran nuestros triunfos y también quienes permanecen firmes en los momentos más difíciles. Su amor no tiene horarios ni condiciones.
Hoy quiero dedicar estas palabras de manera especial a mi madre, María del Pilar Tofiño, una mujer que ha demostrado con hechos lo que significa luchar por sus hijos y no rendirse jamás. Su esfuerzo, sus enseñanzas y su cariño son parte fundamental de mi vida y de cada paso que he dado.
También a mis abuelitas Gladis Graciela Fajardo y Beatriz Leonor Nasner, mujeres sabias y trabajadoras, que representan esa generación de madres y abuelas que construyeron hogares con humildad, respeto y sacrificio. Ellas son ejemplo de valores y unión familiar.
De igual manera, este reconocimiento es para mi hermana Angie Montezuma, quien día a día demuestra el inmenso amor que una madre puede entregar a sus hijos, siempre luchando por brindarles un mejor futuro.
Y un saludo muy especial para mi suegra Ligia Guanga, mujer admirable que con cariño y dedicación ha sido apoyo fundamental para su familia, demostrando que el amor de madre siempre deja huellas imborrables.
Este es un día que se celebra con bombos y platillos en cada rincón de Colombia, pero especialmente en Nariño, donde las madres son símbolo de trabajo, carácter y unión familiar. No existen palabras suficientes para agradecer todo lo que hacen diariamente.
Sin embargo, más allá de los regalos y las celebraciones, el verdadero homenaje debe reflejarse en respeto, acompañamiento y valoración permanente. Las madres no solo merecen reconocimiento un día al año; merecen oportunidades, apoyo y una sociedad que entienda la importancia de su papel.
Hoy, mientras miles de familias se reúnen para celebrar, también es importante recordar a aquellas madres que ya no están físicamente, pero cuyo amor permanece vivo en la memoria de sus hijos y seres queridos. Su legado jamás desaparece.
En medio de tantas dificultades sociales y económicas que vive el país, las madres continúan siendo el motor silencioso que sostiene los hogares. Son ellas quienes, incluso en la adversidad, encuentran fuerzas para seguir adelante y transmitir esperanza.
Por eso, esta columna no solo es una felicitación, sino un reconocimiento sincero a todas las madres de Nariño. Mujeres luchadoras, valientes y llenas de amor, que han dedicado su vida a construir familias y sueños.
Feliz Día de las Madres. Que nunca falte el amor, la salud y el reconocimiento para quienes representan el verdadero corazón de nuestros hogares.


