Es la historia

Carlos Álvarez.

Conociendo el informe de la Verdad dirigido por el padre de Roux, alcanzamos a darnos cuenta de la magnitud de la violencia en Colombia. Existen varias obras desde otras épocas igualmente espeluznantes, como por ejemplo La “Violencia en Colombia” de Eduardo Umaña Luna, el sociólogo Fals Borda y Monseñor Guzmán en los años sesenta. Naturalmente son dos épocas diferentes con actores diferentes y causas políticas diferentes, pero igualmente de hechos atroces de una guerra sangrienta y continua.

En la actualidad las confesiones ante la JEP de actores con el ingrediente maldito de la droga, nos dejan con la boca abierta. Podríamos seguir recordando episodios como los falsos positivos, que por cierto se repitieron apenas hace unas semanas en la costa cuando un oficial de policía asesinó a tres jóvenes inocentes con sevicia y frialdad. Por otro lado asistí a escuchar los relatos de víctimas de la violencia, donde hay que tener entrañas para no alterarse con las historias que cuentan las personas que soportaron en carne y hueso tanta… ignominia de todos los bandos.

Pero la mayor parte de la gente no conoce cómo ha sido la violencia ni a qué punto de degradación llegó. Por eso está bien instruir a los chicos en las escuelas para que sepan cómo es el país de donde son, para que su generación no repita.

Los jóvenes de la ciudad especialmente, y de un nivel relativamente alto, son ignorantes de aquella historia y si la conocen es de manera superficial por las noticias de un secuestro, o un combate pero jamás comprenden la magnitud de afectación de quienes sufrieron y que afectará el futuro de todos así sea por cuenta del subconsciente colectivo de Erick Fromm. Ese es el país, no es otro, pero es el nuestro y no podemos escapar a esa historia salvo que aprendamos de ella…

Por: Carlos Álvarez

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest