El egoísmo, la enfermedad que mata más que el cáncer

Si bien es cierto que el egoísmo se ha evidenciado desde siempre, posterior al anuncio de las diferentes medidas preventivas por el contagio de Covid 19 en el mundo, la … Leer más

Si bien es cierto que el egoísmo se ha evidenciado desde siempre, posterior al anuncio de las diferentes medidas preventivas por el contagio de Covid 19 en el mundo, la crisis económica y el desempleo aumentó de manera exponencial, y con ella los actos de indiferencia y falta de empatía, los cuales han sido más visibles que nunca.

En Pasto una ciudad pequeña en la que los círculos sociales se comparten reina la indiferencia frente a la necesidad del prójimo; como siempre, el que tiene más busca incansablemente seguir creciendo y obteniendo cada vez más para beneficio propio, sin pensar mínimamente en ayudar al otro, en generar oportunidades de empleo dignas, en ayudar desde lo que ha recibido y aportar así sea mínimamente al sustento de otros.

Parece que fuimos criados para competir y no para trabajar en conjunto, no estamos acostumbrados a crecer a la par, siempre debemos destacar, y no digo que esté mal, o sea un tema de conformismo, pero es importante tener en cuenta que se puede crecer sin dañar al otro.

Una vez un buen amigo me dijo “es gratificante saber que lo que eres como ser humano inspira a otros a cambiar”, por eso, es necesario cuestionarse y pensar si lo que estamos haciendo refleja nuestra esencia, si somos seres humanos que aportamos desde lo valioso de nuestro ser a generar cambios así sean mínimos en el otro, si nos duele el dolor ajeno, si somos capaces de dar desde lo mucho o lo poco que tenemos a aquel que necesita, si tenemos la voluntad de aportar y generar un cambio que desde lo personal impacte hasta lo colectivo y mueva los corazones.

Más que seres humanos somos colombianos, somos pastusos y como región debemos impulsarnos y crecer juntos, ayudar a quien lo necesita, apoyar a aquellas personas que como consecuencia de la pandemia perdieron su empleo y tuvieron que emprender; debemos empezar a consumir lo nuestro y contribuir con gestos pequeños al cambio.

Personalmente pienso que todo parte del corazón, si empezamos a ver al otro como un hermano y no como nuestra competencia vamos a crecer juntos, vamos a empezar a ver la empatía y el respeto por el otro como una necesidad, vamos a entender que ser amables y generosos no nos cuesta nada, y en cambio sí nos genera una gran satisfacción.

Por: Natalia Calvachi.

 

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