Aníbal Arévalo Rosero
El comportamiento electoral del departamento de Nariño durante esta jornada del 31 de mayo ratificó su condición de bastión histórico para los proyectos alternativos y de izquierda, distanciándose marcadamente de la tendencia mayoritaria del nivel nacional que ubicó a Abelardo de la Espriella en el primer lugar. En Nariño, la lectura de las urnas y los movimientos de poder de cara al 21 de junio exponen dinámicas muy particulares.
Mientras que en el consolidado del país De la Espriella aventajó a Iván Cepeda por casi tres puntos, en el suroccidente colombiano el panorama se invirtió con contundencia.
Iván Cepeda (Pacto Histórico) se impuso con comodidad: El candidato del oficialismo retuvo la hegemonía que el progresismo ha consolidado en esta zona del país. Logró mayorías amplias en la Costa Pacífica nariñense (Tumaco, Barbacoas, Roberto Payán), impulsado fuertemente por la presencia de su fórmula vicepresidencial, la líder indígena Aída Quilcué, quien movilizó el voto étnico, comunitario y de las bases del CRIC y el MAIS en la cordillera y el piedemonte.
En Pasto e Ipiales, aunque Cepeda se mantuvo fuerte, Abelardo de la Espriella capturó un porcentaje significativo de las clases medias urbanas y el sector comercial, preocupados por la reactivación económica y la seguridad fronteriza.
Sergio Fajardo y Claudia López obtuvieron votaciones marginales en el departamento, demostrando que el electorado nariñense prefirió sumarse de manera decidida a la polarización nacional.
Nariño aportará un caudal electoral decisivo si se quiere recortar o ampliar la diferencia en el plano nacional. Las fuerzas locales ya empiezan a moverse bajo dos lógicas distintas: Para el Pacto Histórico, el reto en Nariño no es ganar (ya lo hace), sino disparar la participaciónciudadana y amarrar las estructuras tradicionales que juegan de locales.
La bancada de la U (Bener Zambrano) en Nariño ha tomado distancia de las directrices nacionales en el pasado. Se vislumbran puentes clave entre líderes del sector del magisterio, movimientos sociales e incluso sectores liberales locales afectos al gobernador para blindar el voto a favor de Cepeda.
Aida Quilcué jugará un rol de tiempo completo en las zonas rurales del departamento (Guachucal, Cumbal, Túquerres) para mitigar la abstención, buscando que Nariño opere como un «banco de votos» que compense las pérdidas de la izquierda en Antioquia o la región Caribe.
La campaña de la derecha sabe que Nariño es una plaza difícil, por lo que su estrategia no se centrará en mayorías absolutas, sino en debilitar el crecimiento de su rival mediante alianzas estratégicas.
Los sectores de la derecha tradicional (históricamente fuertes en municipios conservadores de la provincia de Obando y el norte del departamento) que votaron por Paloma Valencia se sumarán de inmediato a De la Espriella.
La fórmula vicepresidencial de De la Espriella será la punta de lanza para dialogar con los gremios productivos de Pasto, la Sociedad de Agricultores, ganaderos y el sector transportador de la región, enfocando el mensaje en el desarrollo de infraestructura vial (la construcción de la doble calzada Pasto-Popayán) y las garantías para la inversión privada.
Nariño será un territorio en disputa bajo dos lógicas: el Pacto Histórico buscando una movilización masiva de opinión y bases populares, y la campaña de De la Espriella intentando consolidar el voto institucional y corporativo de las cabeceras urbanas para restarle margen de maniobra al oficialismo.


