España ha puesto en marcha una nueva etapa de inversión destinada a mejorar el consumo energético de hospitales, centros de salud, consultorios locales y otros edificios sanitarios de titularidad pública. El objetivo es modernizar instalaciones que funcionan durante todo el año y que requieren grandes cantidades de energía para mantener sistemas de calefacción, refrigeración, agua caliente, iluminación y equipamiento médico.
El eje principal de esta iniciativa es el Programa PREE Sanitario, una línea de ayudas dotada con 168 millones de euros y gestionada a través del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Los recursos proceden del Fondo Nacional de Eficiencia Energética (FNEE) y serán gestionados territorialmente por las comunidades y ciudades autónomas.
Es importante hacer una precisión sobre el alcance del plan: no existe una orden nacional que obligue a todos los hospitales públicos españoles a sustituir sus calderas de gas por bombas de calor geotérmicas. La financiación contempla diferentes actuaciones de rehabilitación y eficiencia energética, entre ellas el uso de energías renovables para climatización y agua caliente sanitaria. La geotermia constituye una de las tecnologías que pueden emplearse, pero cada proyecto dependerá de las características del edificio y de las convocatorias de cada territorio.
¿Por qué los hospitales necesitan tanta energía?
Los hospitales presentan unas necesidades energéticas especialmente elevadas frente a otros edificios públicos. A diferencia de una oficina o un edificio administrativo, un hospital puede funcionar las 24 horas del día durante los 365 días del año.
En sus instalaciones deben mantenerse unas condiciones ambientales determinadas para pacientes, profesionales y equipos. Además de la calefacción y el aire acondicionado, existen sistemas de ventilación, producción de agua caliente sanitaria, iluminación, refrigeración, quirófanos, laboratorios, áreas de diagnóstico, servidores y numerosos equipos que requieren suministro energético constante.
Según el IDAE, el conjunto de edificios del sector sanitario repartidos por España representa alrededor del 1 % del consumo de energía final del país. Por este motivo, la administración considera la rehabilitación energética de estos edificios una de las áreas relevantes dentro de los objetivos nacionales de reducción del consumo energético.
El problema no se limita al coste de la electricidad o del gas. Una instalación térmica antigua puede presentar pérdidas de energía, dificultades de regulación y un rendimiento inferior al de tecnologías modernas.
Por ello, mejorar la eficiencia energética de un hospital no significa únicamente instalar una nueva máquina. Puede implicar intervenir en el edificio completo y en la manera en que se genera, distribuye y controla la energía.
¿En qué consiste el PREE Sanitario?
El PREE Sanitario es el programa diseñado para apoyar la rehabilitación energética de edificios e instalaciones sanitarias públicas.
La financiación puede utilizarse para diferentes tipos de actuaciones. Entre ellas se encuentran:
- Mejoras de la envolvente térmica de los edificios.
- Renovación de sistemas de calefacción y refrigeración.
- Incorporación de energías renovables.
- Mejoras en la producción de agua caliente sanitaria.
- Modernización de la iluminación.
- Instalación de sistemas de automatización y control.
- Mejoras en instalaciones específicas relacionadas con el uso sanitario.
Por tanto, el programa no se limita a sustituir una determinada tecnología. Su planteamiento es más amplio: conseguir que los edificios sanitarios consuman menos energía y funcionen de manera más eficiente.
Además, las actuaciones que reciban estas ayudas deberán acreditar una reducción mínima del 15 % del consumo de energía final del edificio o de las instalaciones sanitarias sobre las que se intervenga.
El programa permanecerá vigente hasta el 31 de diciembre de 2030.
¿Qué papel tienen las bombas de calor?
Una de las tecnologías que puede contribuir a esta transformación son las bombas de calor.
A diferencia de una caldera convencional, que genera calor mediante la combustión de un combustible, una bomba de calor utiliza electricidad para transferir energía térmica de un lugar a otro.
En determinadas condiciones, esto permite obtener una cantidad de energía térmica superior a la electricidad que consume el equipo. Su rendimiento depende de la tecnología empleada, las condiciones de funcionamiento y el diseño de la instalación.
El IDAE cuenta con documentación específica sobre el uso de bombas de calor en la rehabilitación energética de edificios y destaca su potencial para mejorar el rendimiento de las instalaciones térmicas.
En un hospital, estas instalaciones pueden utilizarse para producir calefacción, refrigeración y, dependiendo del diseño, agua caliente sanitaria.
¿Y qué aporta la geotermia?
La geotermia aprovecha la energía térmica presente en el subsuelo. En aplicaciones de muy baja entalpía, como las utilizadas en climatización de edificios, se aprovecha que a determinada profundidad la temperatura del terreno presenta una variación mucho menor que la temperatura del aire exterior.
El sistema puede utilizar intercambiadores, pozos y bombas de calor para transferir esa energía al edificio.
Su principal interés para una instalación hospitalaria está en que una misma infraestructura puede utilizarse para diferentes necesidades térmicas, dependiendo de su diseño: calefacción, refrigeración y producción de agua caliente.
El IDAE define la energía geotérmica como la energía calorífica procedente del interior de la Tierra y contempla diferentes aplicaciones térmicas de este recurso.
Sin embargo, la geotermia no es aplicable de la misma manera en todos los hospitales. Las características del terreno, el espacio disponible, la posibilidad de realizar perforaciones, las necesidades térmicas del edificio y los costes de ejecución son factores que deben estudiarse antes de desarrollar un proyecto.
Lanzarote: un ejemplo real de geotermia hospitalaria
Uno de los casos más destacados que permite entender cómo puede aplicarse esta tecnología en España se encuentra en Lanzarote.
El Hospital Universitario Doctor José Molina Orosa puso en funcionamiento en diciembre de 2025 una planta de geotermia de muy baja entalpía. Se trata de la primera instalación de este tipo en un hospital público de Canarias.
La instalación cuenta con una potencia térmica de 1.002 kW y está diseñada para proporcionar de manera integrada aire acondicionado, calefacción y agua caliente sanitaria.
El proyecto contempla cuatro pozos equipados con bombas a una profundidad aproximada de 60 metros. El sistema utiliza posteriormente bombas de calor de alta eficiencia para aprovechar la energía geotérmica en los circuitos térmicos del hospital.
Las estimaciones del Gobierno de Canarias sitúan la producción anual de la planta en aproximadamente 2,7 GWh de energía térmica:
- 1,87 GWh destinados a calefacción.
- 0,58 GWh para refrigeración.
- 0,22 GWh para agua caliente sanitaria.
El sistema presenta rendimientos medios estacionales superiores a 6 en calefacción y a 5 en refrigeración, según los datos publicados por el Gobierno de Canarias.
Una inversión vinculada a los fondos de recuperación
El proyecto del Hospital Molina Orosa también permite entender por qué se relaciona la transición energética de edificios públicos con los fondos europeos de recuperación.
La inversión total de la instalación geotérmica ascendió a 1.232.711 euros. De esa cantidad, 650.983 euros fueron cofinanciados mediante un programa de subvenciones para instalaciones de energías renovables térmicas, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR). El Servicio Canario de la Salud aportó otros 581.728 euros con fondos propios.
Las obras se desarrollaron desde 2024 y requirieron adaptar la nueva instalación a las salas técnicas, redes de distribución y equipos que ya existían en el hospital.
Esto es relevante porque demuestra que sí existen proyectos hospitalarios españoles de geotermia financiados parcialmente mediante fondos asociados al Plan de Recuperación, pero no debe confundirse este caso concreto con el nuevo PREE Sanitario de 168 millones, cuya fuente de financiación es el Fondo Nacional de Eficiencia Energética.
Son instrumentos de financiación diferentes.
Dos líneas de financiación que conviene no confundir
La relación entre eficiencia energética, geotermia y fondos públicos puede resultar confusa porque España ha utilizado diferentes programas para impulsar la transición energética.
Por una parte, está el PREE Sanitario, aprobado en 2026, que dispone de 168 millones de euros del Fondo Nacional de Eficiencia Energética para actuaciones en hospitales, centros de salud, consultorios y otros edificios sanitarios públicos.
Por otra parte, existen programas vinculados al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, financiado por la Unión Europea mediante NextGenerationEU, que han respaldado diferentes proyectos de energías renovables térmicas.
El propio IDAE también ha desarrollado programas específicos de geotermia dentro del Plan de Recuperación. Por ejemplo, el programa de Geotermia Profunda ha financiado estudios de viabilidad de proyectos innovadores para aprovechar este recurso energético.
Por eso, hablar de una única «red nacional de hospitales que está cambiando todas las calderas de gas por geotermia con fondos de recuperación» simplificaría demasiado la realidad.
Lo que existe es una estrategia más amplia de rehabilitación y descarbonización de edificios públicos, dentro de la cual diferentes hospitales pueden adoptar tecnologías diferentes.
Un programa que irá más allá de los hospitales
La apuesta por la eficiencia energética de los edificios públicos no se limita al sector sanitario.
El Gobierno anunció un paquete de 368 millones de euros para mejorar la eficiencia energética y climatización de infraestructuras públicas. De esa cantidad, 168 millones corresponden al PREE Sanitario y otros 200 millones se destinan al ámbito educativo público.
La distribución de los fondos sanitarios se realiza de manera territorial. El IDAE actúa como coordinador y transfiere los recursos a las comunidades y ciudades autónomas, que posteriormente desarrollan sus propias convocatorias.
Esto significa que las administraciones autonómicas tendrán un papel fundamental en la ejecución de las actuaciones.
Los criterios concretos, el alcance de las ayudas y determinados requisitos serán establecidos en las convocatorias correspondientes de cada territorio.
¿Qué puede cambiar para los hospitales?
La modernización energética puede tener efectos que van más allá de reducir una factura.
Un hospital con instalaciones térmicas más eficientes puede disminuir la cantidad de energía necesaria para mantener sus condiciones de funcionamiento. Al mismo tiempo, la renovación de sistemas de climatización puede mejorar el control de la temperatura y contribuir al confort de pacientes y profesionales.
La automatización también puede desempeñar un papel importante. Los sistemas de gestión energética permiten monitorizar consumos y regular determinados equipos de acuerdo con las necesidades reales del edificio.
En un complejo hospitalario, donde existen diferentes áreas con necesidades térmicas y operativas distintas, esta capacidad de control puede ser especialmente importante.
Además, reducir la dependencia de combustibles fósiles puede disminuir las emisiones asociadas al funcionamiento de las instalaciones térmicas, especialmente cuando las nuevas soluciones incorporan fuentes renovables.
El desafío de modernizar hospitales sin detener su actividad
Uno de los principales retos de cualquier rehabilitación energética hospitalaria es que el edificio no puede dejar de funcionar mientras se realizan las obras.
Un hospital no es una infraestructura que pueda cerrarse durante semanas para cambiar completamente su sistema de climatización.
Las intervenciones deben planificarse de manera progresiva y coordinarse con las áreas asistenciales. También es necesario garantizar la continuidad de servicios críticos y evitar que las obras afecten a pacientes, profesionales o equipamiento médico.
El proyecto de Lanzarote es un ejemplo de esta complejidad. La instalación geotérmica tuvo que integrarse con salas técnicas, redes de distribución y equipos que ya estaban presentes en el hospital.
Esto convierte la eficiencia energética hospitalaria en un desafío tanto de ingeniería como de planificación.
¿Significa esto el fin inmediato de las calderas de gas?
No.
La transición energética del sector hospitalario será progresiva y dependerá de cada edificio.
Una instalación puede combinar diferentes tecnologías, utilizar sistemas híbridos o sustituir progresivamente equipos convencionales por soluciones de mayor eficiencia.
Además, no todos los hospitales tienen las mismas condiciones para instalar geotermia. En algunos lugares puede resultar más apropiada la aerotermia; en otros, la recuperación de calor, la energía solar térmica, la biomasa, la electrificación de determinados sistemas o una combinación de varias tecnologías.
Precisamente por ello, el PREE Sanitario está planteado como un programa de rehabilitación energética amplio y no como una obligación de instalar una tecnología específica.
El objetivo: reducir el consumo sin comprometer la atención sanitaria
El reto energético de los hospitales tiene una particularidad: la eficiencia no puede conseguirse a costa de las condiciones necesarias para prestar atención sanitaria.
Las áreas hospitalarias requieren unas condiciones ambientales determinadas y, en algunos casos, niveles de ventilación, temperatura, humedad y control muy específicos.
Por eso, una actuación de eficiencia energética debe buscar un equilibrio entre reducción del consumo, seguridad, confort y continuidad del servicio.
El objetivo del PREE Sanitario es precisamente impulsar actuaciones que permitan reducir el consumo energético de los edificios públicos sanitarios. Para acceder al programa, las actuaciones deben demostrar una reducción mínima del 15 % del consumo de energía final en el edificio o en las instalaciones sanitarias intervenidas.
Una transformación que se extenderá hasta 2030
El calendario del programa establece como fecha de finalización el 31 de diciembre de 2030. Esto significa que la transformación energética de los edificios sanitarios no se plantea como una intervención puntual, sino como un proceso que se desarrollará durante varios años.
Durante este periodo, las comunidades autónomas deberán concretar sus convocatorias y seleccionar las actuaciones que cumplan con los requisitos establecidos.
El resultado final dependerá, por tanto, de la cantidad y calidad de los proyectos que se ejecuten, de las características de cada hospital y de la capacidad de las administraciones para convertir la financiación disponible en obras concretas.
La geotermia como modelo para futuros proyectos
El caso del Hospital Molina Orosa muestra una de las posibilidades más avanzadas dentro de esta transformación.
La instalación de Lanzarote demuestra que un hospital público puede incorporar geotermia para cubrir simultáneamente necesidades de calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria. El proyecto fue diseñado específicamente para las condiciones del centro y requirió perforaciones, bombas de calor y adaptación de las instalaciones existentes.
No obstante, convertir este tipo de solución en una práctica generalizada requeriría estudiar individualmente cada hospital.
La disponibilidad de terreno, las características geológicas, la antigüedad del edificio, las necesidades térmicas y la infraestructura existente determinarán si una instalación geotérmica resulta técnica y económicamente viable.
Por eso, más que hablar de una sustitución uniforme de calderas de gas por geotermia en toda España, el escenario que se abre es el de una renovación progresiva de los sistemas energéticos hospitalarios mediante distintas tecnologías de eficiencia y energías renovables.
Un cambio energético con impacto en la sanidad pública
La modernización energética de los hospitales españoles representa una transformación que afecta a una parte de la infraestructura pública que permanece activa prácticamente de forma permanente.
Los 168 millones de euros del PREE Sanitario proporcionan un instrumento específico para impulsar estas actuaciones, mientras que proyectos como el del Hospital Molina Orosa muestran cómo la geotermia puede integrarse en instalaciones sanitarias reales.
El verdadero alcance de esta transformación se conocerá a medida que las comunidades autónomas desarrollen sus convocatorias y comiencen a ejecutarse los proyectos.
Por ahora, los datos disponibles permiten hablar de un cambio de orientación: España está destinando recursos específicos a reducir el consumo energético de sus edificios sanitarios públicos y está abriendo la puerta a tecnologías renovables capaces de sustituir progresivamente parte del uso de combustibles fósiles.
La geotermia será una de las alternativas disponibles, pero no la única. El desafío será adaptar cada hospital a la solución que permita reducir su consumo energético, disminuir sus emisiones y mantener al mismo tiempo las condiciones necesarias para prestar un servicio sanitario continuo y seguro.


