El título de la columna lo uso para describir la situación de quienes, en términos coloquiales, “se creen la última Coca Cola del desierto”, aunque muy poco, o nada, aportan o resultan útiles al entorno en el que viven.
Dichas personas, con las que, estoy seguro, todos hemos convivido de alguna manera en ambientes familiares, sociales, académicos o laborales, son los que reconocemos como prepotentes, intocables, divas, divos, arrogantes, soberbios, y que acostumbran a mirarnos por encima del hombro, y no caminan porque levitan, pues se creen únicos, superiores e insustituibles.
Son personalidades complejas y egocéntricas que creen que todo debe girar a su alrededor. Ostentan riqueza, cuna, abolengo, gracia, belleza o algún cargo importante o en algún momento obtuvieron algún logro significativo y se creen dueños de la verdad y del poder. No admiten ser cuestionados. Por su soberbia naturaleza dañan la armonía y el ambiente, a tal punto que quienes les rodean descansan cuando no están. Además, si son “jefes”, menosprecien la opinión y el trabajo, no rinden cuentas y tampoco saben trabajar en equipo.
“Per-se” por ser, creen que deben recibir trato especial, que no se les puede cuestionar, que lo suyo es lo mejor, y que los demás deben ajustarse a sus condiciones y aprender de ellos, además no les gusta rendir cuentas y no responden preguntas difíciles o que afecten su vanidad.
La vida les retorna comportamientos irascibles, solitarios y amargados por su proceder y mal actuar con sus congéneres. Muchos de ellos no aprenden de sus fracasos. Por ello debemos aprender de esto para mejorar nuestro actuar con los otros y lograr que la armonía nos acompañe para convivir y disfrutar el trabajo inteligente productivo.
¿Tienes conductas soberbias”?
¡Cuidado!. A veces el carácter se deja llevar por las pasiones, el ego, el mal genio o la falta de autocrítica, y podríamos asumir una engañosa y peligrosa superioridad intelectual o moral, ante los demás, actuando infelizmente como si fuéramos dioses.
Para saber qué tan propensos estamos a actuar así, he preparado una preguntas para que, a manera de autoevaluación, usted querido lector, reflexione sobre qué tan cerca está de asumir la existencia para entregarse a causas de servicio a otros sin esperar nada a cambio o, por el contrario, dar órdenes sin sentido real y asumir como principio de vida una falsa superioridad. Le invito a responder con SÍ o NO.
- ¿Piensa que las normas y reglas significan poco o nada para usted? ___
- ¿Le molesta que te cuestionen? ___
- ¿Siente que tu tiempo vale más que el de los demás? ___
- ¿Tiene o pide tratos especiales para usted, pero no le importa si es igual para los demás? ___
- ¿Le incomoda que alguien le proponga cambiar lo que “siempre ha hecho” para asumirlo de otra determinada forma? ___
- ¿Piensa que los mejores resultados de un equipo solo son posibles con su participación? ___
- ¿Cree que sus éxitos justifican su importancia actual? ___
- ¿Pide que los demás se adapten a tus formas? ___
- ¿Le incomoda que le pidan rendir cuentas? ___
- ¿Cree que por su conocimiento o experiencia, siempre tiene la verdad? ___
- ¿Consciente o inconscientemente se adueña de las conversaciones de otros? ___
- ¿Le es difícil reconocer errores o pedir disculpas? ___
- ¿Le cuesta aceptar las innovaciones y cambios? ___
- ¿Cree que sus opiniones deben ser siempre tenidas en cuenta más que las de los demás? ___
- ¿Le gusta ser el dueño de la mayoría de información, recursos o procesos? ___
Si la mayoría de sus respuestas son “no”, usted actúa como una pieza de motor bien ajustada, que contribuye al engranaje y funcionamiento de una máquina.
Si se reparten de forma pareja los “sí” y los “no”, debe evaluar la situación con quienes tiene la confianza para escuchar y mejorar.
Si la mayoría de respuestas es “sí”, seguramente tiene problemas de relacionamiento. Su carácter genera conflictos, ya que puede estar creyéndose una vaca sagrada que actúa como si fuera un ventilador en un cuarto lleno de papeles, alborotando todo y dejando a su paso desorden e inconformismo.
Recuerde que el mejor ser humano es el que respeta al otro en dignidad e integra perfectamente el conocimiento con el servicio; es útil a los demás, con humildad, respetuosa y consciente de lo poco que sabe, de lo mucho que debe aprender, y que su poder terminará. Ah, y nunca olvide que son los valores esenciales los que unen el diálogo y los logros para servir a los demás.
Jaime Leal Afanador
Rector UNAD


