Croacia se despide del Mundial 2026 con el corazón roto y una generación que merece más que este final
La eliminación de Croacia ante Portugal fue una de las más dolorosas e injustas que se recuerdan en la historia reciente de los Mundiales. Los Vatreni jugaron un partido extraordinario: se adelantaron con el golazo de Perišić, controlaron largos tramos del encuentro, vieron cómo el VAR les anuló dos goles en los últimos minutos por fueras de juego milimétricos, y cuando todo apuntaba a la prórroga, Gonçalo Ramos les rompió el corazón con un cabezazo en el 90+3. El seleccionador Zlatko Dalic no pudo ocultar la amargura: reconoció que sus jugadores lo dieron todo y que la frustración en el vestuario era inmensa, sin nada que reprocharles más allá de un destino que esta noche no estuvo de su lado.
El partido también marcó el final de una era. Luka Modric, que anunció antes del torneo que este sería su último Mundial, se despidió de la competencia más grande del fútbol con una actuación que volvió a demostrar por qué a sus 40 años sigue siendo uno de los mejores centrocampistas del mundo. Croacia, que llegó a la final en 2018 y al tercer puesto en Qatar 2022, cierra así el ciclo más glorioso de su historia con una generación que le dio al país más de lo que nadie podría haber imaginado. El fútbol croata tendrá que reinventarse ahora sin Modric como referencia, sabiendo que construir otra generación de esa magnitud es una tarea que puede llevar décadas.




