Colombia tiene estudiantes motivados y curiosos: los resultados de PISA muestran que las condiciones para aprender no acompañan esa disposición

tiene estudiantes con disposición para aprender y altas expectativas frente a su futuro, pero persisten profundas brechas en los aprendizajes y en las condiciones para desarrollarlos.

Los resultados más recientes de la prueba PISA vuelven a poner sobre la mesa los desafíos que enfrenta Colombia para garantizar aprendizajes de calidad. El país se mantiene por debajo del promedio de la OCDE en las tres áreas evaluadas. Frente a 2022, los puntajes no muestran cambios estadísticamente significativos; sin embargo, la tendencia de la última década sí es preocupante: la lectura ha caído de forma sostenida y estadísticamente significativa (-23 puntos por cada diez años) y las matemáticas también (-11 puntos), mientras que ciencias se ha mantenido estable. Detrás de estos resultados hay una realidad que merece una mirada más amplia: los estudiantes colombianos reportan niveles de motivación, curiosidad y apoyo docente superiores al promedio de la OCDE.

La pregunta, entonces, no es únicamente cómo mejorar los puntajes, sino qué necesita el sistema educativo para que la disposición de los estudiantes se traduzca en aprendizajes. En primer lugar, existen diferencias en las condiciones materiales: más de 8 de cada 10 están en colegios con escasez de materiales educativos, muy por encima del promedio de la OCDE. A esto suma que cerca de 7 de cada 10 estudiantes están en colegios donde se reporta escasez de profesores, una proporción similar al promedio de la OCDE. Esto sugiere que, si bien la falta de profesores es un reto compartido con otros países, la escasez de materiales educativos es un problema particularmente agudo en Colombia. Además, en el país, el entorno socioeconómico explica el 17,4 % de la variación del desempeño en Ciencias, mientras que el promedio de la OCDE se ubica en 11,6 %.

Las desigualdades socioeconómicas también tienen un peso importante en los resultados. En Colombia, el entorno socioeconómico explica el 17,4 % de la variación en el desempeño en Ciencias, frente al 11,6 % en promedio en la OCDE. Es decir, el contexto de origen tiene una mayor relación con el desempeño académico de los estudiantes colombianos que en el promedio de los países de la organización. La distancia entre los extremos también es considerable: los estudiantes del cuarto socioeconómico más favorecido obtuvieron 93 puntos más en Ciencias que aquellos del cuarto más desfavorecido.

Para la Fundación Barco, estos hallazgos dialogan con una realidad que el programa ESCALA, una iniciativa propia, ha documentado en 22 instituciones educativas rurales de 17 departamentos. El 91 % de los estudiantes consultados estudia pensando en tener un mejor futuro y el 80 % quiere continuar estudiando después de terminar el colegio. Sin embargo, estas aspiraciones se enfrentan a distintas barreras a lo largo de sus trayectorias educativas. La experiencia de ESCALA muestra la relevancia de abordarlas de manera integral: entre 2017 y 2023, en la mayoría de las instituciones participantes se observó una reducción promedio del 71 % en la tasa de deserción de secundaria, en un modelo que articula acciones con estudiantes, docentes y familias.

La desigualdad territorial también aparece en otro estudio de carácter nacional: el Observatorio de Realidades Educativas (ORE) de la Universidad Icesi que analiza los resultados de los estudiantes colombianos al finalizar la educación media con base a las pruebas Saber, encuentra que, al finalizar la educación media, solo 1 de cada 4 estudiantes logra niveles adecuados simultáneamente en matemáticas, lectura crítica, ciencias sociales y ciudadanas, y ciencias naturales. Esta proporción llega a 4 de cada 10 en entidades territoriales certificadas como Envigado y Armenia, y baja a menos de 1 de cada 30 en Chocó y Uribia-La Guajira.

«El reto no se reduce a que los estudiantes lleguen a la educación media con aspiraciones, sino que el sistema les ofrezca condiciones para sostenerlas. Esto implica garantizar que, independientemente del territorio, las instituciones educativas cuenten con docentes suficientes, recursos y materiales adecuados e infraestructura que favorezca el aprendizaje, así como estrategias de acompañamiento que respondan a las particularidades de cada contexto,» señala Alfonso Otoya, director de la Fundación Barco.

Cerrar estas brechas requiere, por tanto, una política educativa de largo plazo que combine condiciones adecuadas para aprender con estrategias diferenciadas según las necesidades de cada territorio. También supone actuar desde etapas más tempranas de la trayectoria educativa: la experiencia de la Fundación Barco muestra la importancia de acompañar la construcción de un proyecto de vida pertinente desde los primeros años escolares, especialmente en contextos donde las barreras sociales, económicas y territoriales pueden dificultar la permanencia y continuidad educativa. A partir de esta evidencia, la Fundación Barco insiste en que garantizar el derecho a la educación exige algo más que buenas intenciones: requiere profesores suficientes y bien formados, materiales educativos adecuados, acompañamiento sostenido para la construcción de un proyecto de vida desde los primeros años escolares, y políticas diferenciadas que respondan a las realidades de cada territorio. Los resultados de PISA muestran que Colombia tiene un potencial importante sobre el cual construir. El desafío está en traducir ese potencial en aprendizajes y oportunidades reales, especialmente en los territorios donde estos cuatro elementos: recursos, acompañamiento, pertinencia territorial y continuidad, son más escas

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest