Cienciano regresa a Cusco con la cuesta más empinada pero con el milagro de la altura como única esperanza
El equipo cusqueño vivió en el estadio Ciudad de Lanús una de esas noches donde el marcador no refleja completamente lo que ocurrió dentro del campo. Cienciano tuvo la ventaja numérica durante más de 30 minutos tras la expulsión de Besozzi al 62, generó ocasiones peligrosas y mantuvo la presión sobre un Lanús que con diez hombres se defendió con orden, pero la falta de contundencia frente al arco fue el problema que más ha perseguido al equipo peruano en toda su campaña continental. El gol de Watson al 35 ya complicaba el panorama, pero el segundo de Carrera en el 95 tras un error del arquero Espinoza convirtió una derrota difícil en una desventaja casi insalvable.
Sin embargo, el fútbol sudamericano tiene un lugar donde los milagros no son metáforas sino estadísticas reales: el Estadio Inca Garcilaso de la Vega de Cusco a 3400 metros de altura. Cienciano construyó su leyenda continental precisamente en ese reducto, ganando dos Copas Sudamericanas en 2003 y 2004 que siguen siendo los títulos más improbables de la historia del torneo. El equipo de Horacio Melgarejo sabe que necesita ganar por tres goles de diferencia o por dos y luego en penales, una misión casi imposible pero no completamente descabellada en un estadio donde la altitud ha doblegado a rivales mucho más poderosos. El miércoles 29 de julio en Cusco, ante su hinchada y con el oxígeno enrarecido de los Andes como aliado, Cienciano tiene la última oportunidad de escribir otro capítulo de esa historia gloriosa que convirtió a un pequeño club peruano en leyenda del fútbol sudamericano.




