La protección de los bosques y de las zonas donde nacen los ríos se ha convertido en una pieza fundamental de la gestión ambiental de Costa Rica. En la provincia de Cartago, esta tarea adquiere especial importancia debido a la presencia de áreas protegidas ubicadas en la Cordillera Volcánica Central y a la función que cumplen sus ecosistemas en la regulación y abastecimiento del recurso hídrico.
Aunque no fue posible verificar en fuentes oficiales una nueva ampliación del área de un parque nacional en Cartago anunciada específicamente en 2026 con el propósito descrito en el planteamiento, sí existe evidencia oficial de que la conservación de cuencas y fuentes de agua constituye una función prioritaria del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) y de que varias áreas protegidas de Cartago tienen una importancia hidrológica estratégica.
Por ello, el contexto de esta noticia se encuentra principalmente en espacios como el Parque Nacional Tapantí-Macizo de la Muerte y el Parque Nacional Volcán Irazú, dos áreas fundamentales para comprender la relación entre conservación, bosques y seguridad hídrica en la región.
Cartago, una zona estratégica para el agua
La provincia de Cartago alberga algunos de los ecosistemas de montaña más importantes de Costa Rica. Sus elevaciones, bosques nubosos, páramos, turberas y abundantes precipitaciones favorecen la captación y regulación natural del agua.
Uno de los ejemplos más relevantes es el Parque Nacional Tapantí-Macizo de la Muerte. De acuerdo con el SINAC, el parque tiene una extensión de 58.495 hectáreas y registra precipitaciones promedio superiores a 6.500 milímetros anuales, con registros que han llegado hasta los 8.000 milímetros. En su territorio existen más de 150 ríos y nacen importantes cursos de agua, entre ellos los ríos Reventazón y Pacuare.
La importancia de estos ecosistemas no se limita a la biodiversidad. El SINAC señala que los recursos hídricos asociados con la cuenca del río Reventazón son utilizados para el consumo humano en la Gran Área Metropolitana, abasteciendo aproximadamente a medio millón de habitantes.
Esto convierte a la conservación de los bosques de montaña en una cuestión que trasciende la protección de la naturaleza: también está relacionada directamente con el suministro de agua para las poblaciones.
El papel de los parques nacionales en la protección del recurso hídrico
Una cuenca hidrográfica puede entenderse como el territorio en el que el agua de lluvia y las corrientes superficiales terminan concentrándose hacia un mismo río, lago o cuerpo de agua.
Proteger las zonas altas de estas cuencas permite conservar los ecosistemas que intervienen en procesos como la infiltración del agua en el suelo, la regulación de los caudales y la reducción de la erosión.
El propio SINAC tiene entre sus competencias la protección de las cuencas hidrográficas y los sistemas hídricos. La institución cuenta, además, con un Programa Nacional de Manejo del Recurso Hídrico y Cuencas Hidrográficas y con una estrategia orientada a la conservación y el uso sostenible del recurso hídrico.
Por esa razón, la protección de un área natural no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de los árboles o los animales que viven en ella. También implica conservar los procesos naturales que permiten que el agua continúe circulando y llegando a las comunidades.
El Volcán Irazú y las nacientes de varios ríos
Otro territorio de enorme relevancia en Cartago es el Parque Nacional Volcán Irazú.
Según la información oficial del SINAC, dentro de esta área protegida nacen diversos ríos y quebradas que dan origen a las cuencas de los ríos Reventazón, Sarapiquí, Sucio y Toro Amarillo.
El plan de manejo del parque también identifica la importancia de las cabeceras de los ríos Birrís, Páez y Reventado, pertenecientes a la cuenca del Reventazón, así como de los ríos Toro Amarillo y Sucio, vinculados con la cuenca del Chirripó.
La información del SINAC muestra así que la conservación hídrica no depende de un único río o de una sola zona. Las montañas de Cartago forman parte de una red de ecosistemas conectados que alimentan diferentes cuencas.
Una historia de protección que no comenzó ahora
La protección de estas fuentes hídricas tampoco es una política completamente nueva.
El Parque Nacional Volcán Irazú fue creado en 1955 y posteriormente ampliado mediante el Decreto Ejecutivo N.º 26945-MINAE de 1988. Actualmente cuenta con alrededor de 2.000 hectáreas, según el SINAC.
Además, el plan de manejo publicado por el Gobierno costarricense establece entre los objetivos de conservación del parque mantener los sistemas hidrológicos presentes en el área y proteger principalmente los sectores donde se originan los ríos Reventado, Birrís, Sucio y Toro Amarillo.
El documento incluso contempla la necesidad de consolidar y ampliar determinados límites del parque, particularmente en sectores que tienen importancia para la conservación y que podrían permitir una mayor conectividad ecológica.
Esto demuestra que la idea de ampliar o fortalecer la protección alrededor de las fuentes de agua forma parte de una planificación ambiental que lleva años desarrollándose.
¿Por qué es importante conservar los bosques alrededor de las cuencas?
La vegetación cumple funciones esenciales dentro de una cuenca hidrográfica. Los bosques ayudan a disminuir la velocidad con la que el agua de lluvia llega al suelo y favorecen su infiltración. También reducen la erosión y contribuyen a mantener las condiciones necesarias para los ecosistemas acuáticos.
Cuando una zona de montaña pierde cobertura vegetal o experimenta cambios intensos en el uso del suelo, aumenta el riesgo de erosión, sedimentación y alteraciones en el comportamiento natural de los cursos de agua.
En Cartago, estos riesgos son especialmente relevantes debido a la actividad agrícola y a la presión que pueden experimentar algunas zonas de las cuencas. Un estudio publicado por la Universidad Estatal a Distancia sobre la cuenca del río Reventado identifica problemas relacionados con erosión, contaminación por agroquímicos y vulnerabilidad del abastecimiento de agua potable.
Por ello, proteger las zonas de nacimiento de los ríos puede funcionar como una medida preventiva frente a problemas ambientales y de abastecimiento.
El agua también tiene importancia para las ciudades
La relación entre las montañas de Cartago y el suministro de agua se extiende mucho más allá de la provincia.
El sistema de Orosi, por ejemplo, forma parte del abastecimiento del Área Metropolitana. Documentos oficiales del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) han señalado la importancia de las fuentes de Orosi, en Cartago, para el abastecimiento de cientos de miles de personas. Un informe institucional relacionado con el proyecto Orosi II planteó el aprovechamiento de fuentes adicionales de la zona para fortalecer el suministro futuro.
La relación entre conservación y abastecimiento es, por tanto, directa: mantener saludables las zonas donde se genera y regula el agua ayuda a proteger una infraestructura de abastecimiento que depende de esas fuentes naturales.
Conservación frente a nuevas presiones ambientales
La protección de las cuencas adquiere todavía mayor relevancia ante fenómenos como el cambio climático.
Las variaciones en los patrones de precipitación, los períodos secos más intensos y los eventos de lluvia extrema pueden aumentar la presión sobre los sistemas hídricos. En este escenario, mantener ecosistemas naturales capaces de regular el agua constituye una herramienta de adaptación.
La estrategia del SINAC para el recurso hídrico plantea precisamente la protección y conservación de cuencas y sistemas hídricos mediante la coordinación entre instituciones y actores locales.
La conservación, por tanto, no consiste solamente en establecer una línea en un mapa. Requiere vigilancia, restauración de ecosistemas, planificación territorial, control de actividades ilegales y coordinación con las comunidades que viven alrededor de las áreas protegidas.
El desafío: proteger sin aislar a las comunidades
Una política de conservación efectiva también debe considerar a las personas que dependen de estos territorios.
Los planes de manejo de las áreas protegidas contemplan zonas de amortiguamiento alrededor de determinados parques. Estas áreas sirven como espacios de transición entre el territorio protegido y las actividades que se desarrollan en sus alrededores.
En el caso del Parque Nacional Volcán Irazú, el plan de manejo identifica entre las principales presiones externas el crecimiento de la frontera agrícola, los incendios forestales y la contaminación del suelo, el agua y el aire asociada, entre otros factores, con el uso de agroquímicos. El documento plantea que las autoridades trabajen con las comunidades para promover usos del suelo compatibles con los objetivos de conservación.
Esto evidencia que la protección de las fuentes hídricas necesita ir acompañada de políticas que permitan a las comunidades desarrollar sus actividades sin deteriorar los ecosistemas que sostienen el recurso.
Una estrategia que va más allá de un parque
La conservación de las fuentes de agua en Cartago no depende exclusivamente de ampliar un parque nacional. También intervienen zonas protectoras, reservas forestales, corredores biológicos y otras categorías de conservación.
El Área de Conservación Central del SINAC administra diferentes áreas protegidas y tiene competencias relacionadas con la protección de sistemas hídricos y cuencas hidrográficas. Dentro de este territorio existen importantes fuentes para la conservación del recurso hídrico y varios corredores biológicos que ayudan a mantener la conectividad de los ecosistemas.
Esta visión permite entender que una política hídrica eficaz debe considerar la cuenca como un sistema completo, desde las zonas donde se origina el agua hasta los territorios donde esta es utilizada por las personas.
Un recurso que debe protegerse a largo plazo
La experiencia de Cartago muestra que la conservación ambiental y la seguridad hídrica están estrechamente relacionadas. Sus parques nacionales y otras áreas protegidas resguardan bosques, páramos, nacientes y ríos que cumplen funciones esenciales para los ecosistemas y para el abastecimiento humano.
Más que una cuestión exclusivamente ambiental, proteger estos territorios representa una inversión a largo plazo en la disponibilidad y calidad del agua.
En un país donde las montañas concentran buena parte de las fuentes que alimentan sus principales cuencas, conservar los ecosistemas que regulan ese recurso significa también proteger a las comunidades que dependen de ellos.
La conservación de fuentes hídricas en Cartago, por tanto, no se limita a proteger un espacio natural: implica preservar todo un sistema del que dependen el agua, la biodiversidad, la agricultura y una parte importante de la población costarricense.



