Una vacuna experimental basada en ARNm muestra resultados alentadores en pacientes con cáncer de páncreas, uno de los tumores más mortales y de peor pronóstico.
Los primeros resultados de un ensayo clínico de fase 1, liderado por el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, indican que el 87,5% de quienes respondieron a la vacuna continúan vivos hasta seis años después del tratamiento, una cifra muy superior al 13% de supervivencia a cinco años habitualmente registrada para este cáncer, según datos de la Sociedad Americana del Cáncer.
El ensayo clínico, en el que participaron 16 pacientes sometidos previamente a cirugía e inmunoterapia, probó la vacuna personalizada autogene cevumeran.
En ocho de estos pacientes, la respuesta inmunitaria fue significativa, con una supervivencia a largo plazo que supera ampliamente los registros históricos para este tipo de tumor.
A partir de los resultados positivos en el estudio de fase 1, Genentech y BioNTech han iniciado un ensayo de fase 2 en centros internacionales, incluido el Memorial Sloan Kettering, para validar la eficacia en una cohorte más amplia.
El objetivo es profundizar en los mecanismos inmunológicos responsables de la respuesta y optimizar la selección de pacientes.
16 pacientes están vivos con ARN mensajero
El doctor Vinod Balachandran, director del Centro Olayan para Vacunas contra el Cáncer en el Memorial Sloan Kettering, presentó los datos más recientes durante la Reunión Anual de la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer (AACR).
Entre los pacientes que mostraron una respuesta inmunitaria al tratamiento, siete de ocho seguían vivos entre cuatro y seis años después de la cirugía.
En contraste, solo dos de los ocho pacientes que no respondieron a la vacuna permanecían con vida en el mismo plazo, con una mediana de supervivencia de 3,4 años.
El análisis inmunológico, liderado por el biólogo computacional Benjamin Greenbaum, codirector del OCCV, reveló que la vacuna logró activar linfocitos T citotóxicos y células T colaboradoras, consideradas esenciales para una protección inmunológica sostenida.
Estos hallazgos sugieren que entrenar el sistema inmunitario del propio paciente podría transformar el abordaje de tumores resistentes a las terapias convencionales.
El desarrollo de la vacuna personalizada y el impacto en los pacientes:
La vacuna autógena cevumeran se elabora de manera individualizada para cada paciente, a partir del análisis genético del tumor tras la cirugía.
El proceso, que implica secuenciación de ADN tumoral y fabricación en Alemania, permite identificar hasta 20 mutaciones únicas que pueden instruir al sistema inmunitario para reconocer y destruir las células cancerosas.
Donna Gustafson, primera participante del ensayo en 2019, recibió cirugía, quimioterapia e inmunoterapia junto con la vacuna personalizada.
“Me explicaron cómo usarían una parte de mi tumor para crear una vacuna, y me pareció increíble”
Hoy, a los 72 años, lleva una vida activa y asegura: “No hay límites para lo que puedo hacer, así que para mí ha sido un verdadero milagro”.
Otro ejemplo es el de Donald Sarcone, diagnosticado en 2020. Tras cirugía y tratamiento con la vacuna, hoy, a los 67 años, no muestra señales de recaída y mantiene sus actividades habituales.
“Algunos días, olvido lo que viví porque estoy sano y he seguido adelante con mi vida”
Desafíos del cáncer de páncreas :
El cáncer de páncreas es la tercera causa de muerte oncológica en Estados Unidos y podría convertirse en la segunda en los próximos años.
Menos del 13% de las personas diagnosticadas sobreviven más de cinco años, y solo el 20% de los casos son operables, requisito indispensable para acceder a ensayos clínicos de vacunas.
La ausencia de síntomas tempranos y la falta de programas de detección sistemática dificultan el diagnóstico precoz y el tratamiento efectivo.
Los enfoques tradicionales como la quimioterapia, radioterapia y terapias dirigidas demostraron eficacia limitada, y la tasa de recaída es elevada.
Por este motivo, las vacunas terapéuticas de ARNm buscan erradicar células tumorales residuales y prevenir la reaparición de la enfermedad, un objetivo que hasta ahora no se había conseguido con inmunoterapias convencionales.




