Canadá vivió en el Mundial 2026 una experiencia histórica sin precedentes: nunca antes el país del hockey sobre hielo había organizado una Copa del Mundo de fútbol y la ocasión no pudo llegar en mejor momento. Con dos ciudades sede, Toronto en el este y Vancouver en el oeste, Canadá albergó 13 partidos de la fase de grupos repartidos equitativamente entre ambas sedes, convirtiéndose en el anfitrión con menos partidos de los tres países organizadores pero con una infraestructura urbana y una experiencia para el aficionado que recibió elogios unánimes de todos los visitantes internacionales. El BMO Field de Toronto fue ampliado especialmente para el torneo mientras que el BC Place de Vancouver con su techo retráctil y su ubicación en el centro de la ciudad se convirtió en uno de los estadios más atractivos del torneo por la combinación de arquitectura moderna y entorno natural espectacular con las montañas de fondo.
El momento más emotivo para el país llegó con la propia selección canadiense que jugó como local ante su afición en un torneo donde los Maple Leafs del fútbol llegaban con la ilusión de superar por primera vez en su historia la fase de grupos después de haber perdido los tres partidos tanto en México 1986 como en Qatar 2022. La FIFA calificó a Toronto como una gran ciudad con una gran tradición futbolística en una de las regiones metropolitanas más multiculturales del mundo con más de seis millones de habitantes que convirtieron cada partido en una celebración de la diversidad que representa perfectamente lo que Canadá es como país. El impacto cultural y económico del torneo en ambas ciudades fue enorme y sembró la semilla de un amor por el fútbol que en Canadá viene creciendo desde la clasificación a Qatar 2022 y que el Mundial 2026 como sede podrá haber consolidado definitivamente en la conciencia colectiva del país.




