Argentina sobrevive al susto más grande del torneo y sigue viva en la lucha por el bicampeonato
La victoria 3-2 ante Egipto pasará a la historia como el partido que puso a prueba el verdadero carácter de esta Argentina campeona. Nadie esperaba que la Albiceleste, que había llegado a octavos con una fase de grupos perfecta y el arco imbatido, estuviera 2-0 abajo ante una Egipto que salió a presionar alto y aprovechó dos errores defensivos inusuales en un equipo que normalmente no comete esos fallos. Otamendi y Romero se vieron superados por la velocidad de Salah y la inteligencia de Marmoush en una primera mitad que dejó a millones de argentinos con el corazón en la garganta mirando la pantalla sin poder creerlo.
Lo que hace grande a esta Argentina es exactamente lo que demostró en esa segunda mitad: la capacidad de reponerse cuando todo parece perdido con jugadores que han ganado lo suficiente como para no perder la cabeza en los momentos más difíciles. Romero inició la remontada, Messi la encendió con su gol número 21 en Mundiales ampliando su récord histórico, y Enzo Fernández la selló con un disparo que resumió todo lo que este equipo tiene de especial. Scaloni reconoció después que fue el partido más sufrido de su ciclo, pero también el que más le enorgulleció porque mostró que sus jugadores tienen el ADN ganador que separa a los campeones del resto. Argentina llega a cuartos contra Suiza con dudas defensivas que resolver, pero también con la certeza de que este equipo no se rinde nunca.



