El océano Pacífico se encuentra en el centro de una de las transformaciones químicas más importantes provocadas por el cambio climático: la disminución progresiva del pH del agua de mar. Este proceso, conocido como acidificación marina, está relacionado principalmente con la absorción de dióxido de carbono (CO₂) producido por las actividades humanas y puede modificar las condiciones en las que viven numerosas especies.
Entre los organismos que despiertan especial interés científico se encuentra el zooplancton, un conjunto de pequeños animales y organismos heterótrofos que desempeñan un papel fundamental en las redes alimentarias oceánicas. Algunas de estas especies son especialmente sensibles a los cambios en la química del agua.
Aunque la investigación sobre este fenómeno lleva varios años en desarrollo, nuevos programas de observación y estudios realizados en el Pacífico están permitiendo conocer con mayor precisión cómo interactúan la acidificación, el calentamiento del océano y otros factores ambientales.
Es importante precisar que no se ha localizado una publicación científica de 2026 que corresponda literalmente a un nuevo “informe de oceanógrafos sobre el impacto directo del cambio de pH en todo el zooplancton del océano Pacífico”. Por ello, esta nota reúne resultados científicos verificables sobre el Pacífico y sobre especies de zooplancton afectadas por la acidificación, evitando presentar como nuevo un informe que no ha podido ser confirmado.
¿Qué es la acidificación marina?
La acidificación marina ocurre cuando el océano absorbe parte del CO₂ presente en la atmósfera. Al entrar en contacto con el agua, el dióxido de carbono participa en una serie de reacciones químicas que incrementan la concentración de iones de hidrógeno y reducen el pH.
Esto no significa que el océano se esté convirtiendo en un líquido ácido como el vinagre. El agua marina continúa siendo, en términos generales, ligeramente alcalina. El problema está en que una reducción relativamente pequeña del pH representa un cambio químico importante.
Las observaciones recopiladas durante las últimas décadas muestran que el pH de la superficie oceánica mundial ha disminuido en más de 0,1 unidades desde el comienzo de la era industrial. Debido a que la escala de pH es logarítmica, esta variación representa un aumento considerable de la concentración de iones de hidrógeno.
La investigación científica también ha demostrado que el fenómeno no se distribuye de manera uniforme. Las condiciones pueden variar dependiendo de la temperatura, la circulación oceánica, la profundidad, la actividad biológica y procesos como el afloramiento de aguas profundas.
El Pacífico, un océano especialmente importante para estudiar el fenómeno
El Pacífico constituye una enorme reserva de carbono y presenta características físicas y biológicas que hacen especialmente relevante el seguimiento de su química.
Investigaciones realizadas en el Pacífico Norte han encontrado descensos medibles del pH. Un estudio basado en observaciones realizadas entre 1991 y 2006 a lo largo de 152° oeste encontró cambios significativos en los primeros cientos de metros de profundidad, con reducciones de pH de hasta aproximadamente 0,06 unidades en determinadas zonas de los primeros 500 metros.
En el Pacífico central, las observaciones de largo plazo de la estación ALOHA, cerca de Hawái, también han mostrado una disminución sostenida del pH superficial. Un análisis de casi dos décadas estimó una reducción de aproximadamente 0,0019 unidades de pH por año, aunque las condiciones presentan variaciones estacionales e interanuales.
Además, la acidificación no procede únicamente de lo que ocurre directamente en la superficie. En el Pacífico tropical occidental, investigadores han encontrado que parte del carbono antropogénico puede desplazarse desde regiones extratropicales hacia aguas profundas y posteriormente regresar a la superficie mediante la circulación oceánica.
Esto demuestra que la química del océano está relacionada con un sistema de circulación mucho más complejo que una simple interacción entre la atmósfera y la superficie marina.
¿Por qué preocupa especialmente el zooplancton?
El zooplancton puede parecer insignificante por su diminuto tamaño, pero ocupa una posición esencial dentro de las redes alimentarias marinas.
Estos organismos consumen fitoplancton y, a su vez, sirven de alimento para peces, aves marinas, mamíferos y otros organismos. Algunas especies también participan en el transporte de carbono desde las capas superficiales hacia zonas más profundas del océano.
Por esta razón, un cambio en la cantidad, distribución, composición o funcionamiento del zooplancton puede tener consecuencias que se extiendan mucho más allá de los propios organismos microscópicos.
Sin embargo, los científicos advierten que no todas las especies responden de la misma manera a la acidificación. Las respuestas pueden depender de la especie, la población, la etapa de desarrollo, la temperatura, la disponibilidad de alimento y el tiempo de exposición.
Una revisión científica sobre zooplancton y acidificación señala precisamente que los resultados experimentales pueden variar considerablemente entre grupos y condiciones ambientales.
Los pterópodos: pequeños caracoles en el centro de la investigación
Uno de los grupos de zooplancton que más atención ha recibido son los pterópodos, pequeños moluscos que viven suspendidos en la columna de agua.
Algunas especies construyen sus estructuras externas utilizando aragonito, una forma de carbonato de calcio. El problema es que la acidificación reduce la disponibilidad de iones carbonato y disminuye las condiciones favorables para la formación y conservación de estas estructuras.
Entre las especies estudiadas en el Pacífico se encuentra Limacina helicina. Investigaciones realizadas en el Pacífico nororiental han documentado daños en sus conchas cuando estos organismos quedan expuestos a aguas corrosivas, particularmente en zonas donde coinciden condiciones de bajo pH y otros factores de estrés.
La importancia de estos organismos va más allá de su propia supervivencia. Los pterópodos forman parte de las redes alimentarias marinas y también participan en procesos relacionados con el transporte de carbono.
Una síntesis científica respaldada por el NOAA señala que los pterópodos pelágicos son uno de los grupos de zooplancton calcificador más vulnerables a la acidificación y que el Pacífico Norte subpolar y determinadas regiones de surgencia, entre ellas el Sistema de la Corriente de California, presentan especial vulnerabilidad.
El problema no es únicamente el pH
Uno de los principales desafíos para los investigadores es que el zooplancton no está expuesto a un solo cambio ambiental.
El aumento de la temperatura del océano puede producirse simultáneamente con la disminución del pH, mientras que las variaciones en oxígeno, disponibilidad de nutrientes, circulación y alimento pueden añadir presión sobre las comunidades marinas.
Esta combinación puede producir respuestas diferentes a las que se observarían estudiando únicamente la acidificación.
Un ejemplo reciente procede de investigaciones sobre Limacina helicina en el Pacífico nororiental. Un estudio publicado en 2026 analizó precisamente la coincidencia entre calentamiento y acidificación y señaló que esta región presenta condiciones de subsaturación de aragonito durante todo el año en gran parte de la columna de agua, junto con un aumento de las temperaturas estacionales y episodios de olas de calor marinas y surgencias de bajo pH.
Los investigadores analizaron los efectos de estas condiciones sobre el perfil de ácidos grasos del organismo, un aspecto relevante porque la composición bioquímica puede influir en la calidad nutricional y en la capacidad de los animales para responder a situaciones de estrés.
Las zonas de surgencia tienen un papel fundamental
En diferentes sectores del Pacífico, las surgencias llevan hacia la superficie aguas profundas que pueden presentar concentraciones elevadas de CO₂ y un pH relativamente bajo.
El fenómeno adquiere especial importancia frente a las costas occidentales de América del Norte, donde la dinámica de la Corriente de California favorece el ascenso de aguas profundas.
Cuando estas condiciones naturales coinciden con el aumento de CO₂ antropogénico, los organismos marinos pueden experimentar episodios de mayor estrés químico.
Por esta razón, una determinada región puede experimentar condiciones de acidificación mucho más intensas durante determinados períodos, incluso si el promedio anual no parece mostrar un cambio extremo.
El monitoreo científico continúa en el Pacífico
La investigación no se limita a experimentos de laboratorio. Los científicos también están realizando observaciones directamente en el océano para determinar cómo se comportan los ecosistemas bajo condiciones reales.
En julio de 2026, investigadores vinculados al programa de acidificación oceánica de NOAA iniciaron una nueva misión frente a la costa occidental de Estados Unidos. La expedición WCOA 2026, realizada a bordo del R/V Sikuliaq, tiene como objetivo recopilar información sobre química oceánica, física y biología marina.
Durante la misión se están recogiendo datos de fitoplancton, zooplancton y otros organismos, además de muestras para estudiar el ADN ambiental. Los investigadores también buscan comprender mejor cómo los episodios extremos modifican la biogeoquímica y los ecosistemas de la región.
Este tipo de campañas es importante porque permite comparar los datos obtenidos directamente en el mar con modelos utilizados para predecir las condiciones futuras.
¿Qué podría ocurrir con la cadena alimentaria?
Una de las mayores preocupaciones es que los efectos sobre el zooplancton puedan trasladarse hacia niveles superiores de la cadena alimentaria.
Si determinadas especies disminuyen o cambian su distribución, los organismos que dependen de ellas como fuente de alimento podrían verse afectados. En el caso de los pterópodos, por ejemplo, su importancia dentro de las redes alimentarias hace que cualquier alteración significativa pueda tener consecuencias ecológicas.
No obstante, los científicos todavía estudian hasta qué punto los cambios observados en determinadas especies se traducen en modificaciones generales de los ecosistemas.
La evidencia disponible no permite afirmar que la acidificación vaya a provocar un colapso general del zooplancton del Pacífico. La realidad es más compleja: algunas especies pueden ser particularmente vulnerables, mientras otras pueden mostrar mayor tolerancia o incluso responder de manera diferente dependiendo de las condiciones.
Un fenómeno que también puede afectar a las actividades humanas
Las consecuencias potenciales tampoco se limitan a la biodiversidad.
El Pacífico sostiene importantes actividades pesqueras y comunidades costeras. Especies comerciales pueden depender directa o indirectamente de organismos situados en niveles inferiores de la cadena alimentaria.
Además, la acidificación puede afectar a organismos con estructuras de carbonato de calcio, incluidos diferentes moluscos y otros animales marinos.
Precisamente por esto, NOAA mantiene programas de investigación que estudian los efectos de la acidificación sobre especies del Pacífico Norte, incluyendo kril, copépodos y pterópodos, además de ostras, cangrejos, calamares y peces.
La importancia de seguir midiendo el pH
Uno de los principales mensajes que dejan estas investigaciones es que medir el pH de manera continua resulta fundamental.
El océano no cambia de manera uniforme. Las condiciones pueden variar con la profundidad, las estaciones, las corrientes y fenómenos climáticos, por lo que una medición aislada no necesariamente representa lo que ocurre en todo un ecosistema.
Los registros a largo plazo permiten identificar tendencias y diferenciar los cambios permanentes de las fluctuaciones naturales.
Además, los científicos necesitan combinar los datos químicos con información biológica para determinar no solamente cuánto ha cambiado el pH, sino también qué consecuencias concretas tiene para las comunidades marinas.
Una transformación silenciosa del océano
La acidificación marina es uno de los cambios ambientales menos visibles asociados al aumento de las emisiones de CO₂. A diferencia de un derrame de petróleo o de una proliferación de algas que puede observarse directamente desde la superficie, las modificaciones químicas del océano ocurren de forma gradual y pueden pasar desapercibidas.
Sin embargo, las mediciones realizadas durante décadas muestran que el proceso es real y que el Pacífico ya presenta señales de acidificación.
La preocupación de los científicos no se centra únicamente en una especie, sino en la posibilidad de que cambios simultáneos en pH, temperatura, oxígeno, circulación y disponibilidad de alimento modifiquen progresivamente la estructura de los ecosistemas.
El zooplancton ocupa una posición especialmente importante en este escenario. Por su papel como consumidor de fitoplancton, alimento para numerosos animales y participante en el ciclo del carbono, pequeños cambios en sus poblaciones pueden tener consecuencias a escalas mucho mayores.
Por ahora, la evidencia científica apunta a un escenario de vulnerabilidad desigual, más que a un efecto idéntico sobre todo el zooplancton. Los pterópodos y otros organismos calcificadores aparecen entre los grupos que requieren especial vigilancia, mientras que otras especies pueden responder de manera diferente.
Las investigaciones que continúan desarrollándose en el Pacífico serán esenciales para determinar cómo evolucionará esta transformación y qué medidas pueden ayudar a reducir sus efectos. En última instancia, la evolución de la química oceánica estará estrechamente relacionada con la evolución de las concentraciones de CO₂ en la atmósfera.
El reto de anticiparse al cambio
La investigación sobre acidificación marina demuestra que comprender el cambio climático requiere mirar más allá de la temperatura del planeta.
El océano absorbe una parte importante del CO₂ emitido por las actividades humanas y, al hacerlo, modifica progresivamente su propia química. El seguimiento de organismos pequeños como el zooplancton permite observar cómo esas transformaciones pueden repercutir en las redes alimentarias y en el funcionamiento general de los ecosistemas.
El desafío para los próximos años será mejorar las observaciones, perfeccionar los modelos y entender cómo interactúan los distintos factores ambientales. Para los científicos que estudian el Pacífico, cada nueva medición puede aportar una pieza más para comprender cómo será el océano de las próximas décadas.

