El Cuerno de África enfrenta una nueva emergencia alimentaria mientras crece la ayuda en efectivo

Una crisis que vuelve a poner a África Oriental bajo presión

La seguridad alimentaria en África Oriental atraviesa nuevamente un periodo de enorme presión debido a la combinación de sequía, pérdidas agrícolas, muerte de ganado, conflictos, desplazamientos, inflación y una reducción considerable de los recursos destinados a la ayuda humanitaria.

En el centro de esta situación se encuentra el Cuerno de África, una región que comprende países como Somalia, Etiopía, Kenia y Yibuti y que en los últimos años ha sufrido algunos de los episodios climáticos más graves registrados en la región.

En Somalia, la situación resulta especialmente preocupante. El Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) señala que alrededor de 6,5 millones de personas enfrentan niveles de hambre considerados de crisis o peores durante 2026, mientras que aproximadamente 1,84 millones de niños podrían sufrir desnutrición aguda durante el año.

La organización también advierte que buena parte del territorio somalí ha sufrido varias temporadas consecutivas de lluvias deficientes y que la producción agrícola se encuentra gravemente afectada.

Ante este panorama, la respuesta humanitaria está recurriendo cada vez más a las transferencias monetarias, una herramienta que permite a las familias comprar alimentos y otros productos esenciales directamente en los mercados locales.

El dinero en efectivo como herramienta contra el hambre

Las transferencias monetarias forman parte de una transformación importante en la manera de responder a las emergencias alimentarias.

En lugar de entregar exclusivamente alimentos, las organizaciones humanitarias pueden proporcionar dinero a las familias afectadas cuando existen mercados que continúan funcionando. Esto permite que las personas decidan qué necesidades deben atender primero.

Según el propio WFP, las personas que reciben dinero suelen utilizar una parte importante de esos recursos para comprar alimentos, aunque también pueden destinarlos a gastos como atención médica, alojamiento, transporte o educación.

La organización proporcionó alrededor de 2.000 millones de dólares en transferencias monetarias durante 2025, además de vales de productos básicos para millones de personas. El sistema se utiliza en países como Somalia precisamente porque, cuando los mercados siguen operativos, el efectivo puede ayudar a las familias a satisfacer sus necesidades de manera más flexible.

En contextos de sequía, esta modalidad también puede contribuir a evitar que las familias tengan que vender sus animales, herramientas agrícolas u otros bienes indispensables para sobrevivir.

Somalia: más de 380.000 personas recibieron transferencias durante 2026

Uno de los datos más importantes de la respuesta actual se encuentra en Somalia.

El WFP informa que proporcionó transferencias monetarias de emergencia a más de 380.000 personas cuando las condiciones de sequía comenzaron a empeorar durante 2026. Estas ayudas fueron canalizadas mediante sistemas dirigidos por el Gobierno somalí.

El objetivo es que los hogares puedan comprar alimentos en los mercados locales y cubrir necesidades urgentes, al mismo tiempo que se fortalece la capacidad nacional de protección social.

Este dato es importante porque permite dimensionar la magnitud de la respuesta, pero también porque aclara una diferencia fundamental respecto al titular inicial: las cifras oficiales actuales hablan de más de 380.000 personas beneficiarias en Somalia, no de más de 500.000 agricultores del conjunto del Cuerno de África.

La situación del país continúa siendo particularmente delicada. En mayo de 2026, distintas agencias de Naciones Unidas advirtieron que aproximadamente 6 millones de personas, equivalentes al 31 % de la población, se encontraban en niveles críticos de inseguridad alimentaria entre abril y junio.

Además, se identificó riesgo de hambruna en el distrito de Burhakaba, en la región de Bay, especialmente bajo un escenario en el que las lluvias de la temporada Gu fueran insuficientes, los precios de los alimentos siguieran aumentando y la asistencia humanitaria no alcanzara a las poblaciones más vulnerables.

La sequía golpea directamente a agricultores y ganaderos

El impacto de la crisis no se limita a quienes viven en las ciudades o dependen exclusivamente de la compra de alimentos.

La agricultura y la ganadería son fundamentales para millones de familias de África Oriental. Cuando las lluvias fallan, las consecuencias se extienden rápidamente por toda la economía rural.

La falta de agua reduce las cosechas, deteriora los pastos y provoca la muerte de animales. Esto significa que una familia puede perder simultáneamente sus alimentos, sus ingresos y los bienes que utiliza para generar recursos en el futuro.

En Somalia, el WFP ha señalado pérdidas generalizadas de cultivos y ganado como consecuencia de la sequía. La producción agrícola ha alcanzado niveles extremadamente bajos en determinadas zonas, aumentando la dependencia de la asistencia humanitaria.

El problema también afecta los precios. Cuando la producción local disminuye y las familias tienen menos ingresos, comprar alimentos se vuelve más difícil, especialmente en comunidades rurales alejadas de los principales mercados.

Por eso, una transferencia monetaria puede cumplir una doble función: proporcionar recursos para comprar comida y mantener parcialmente activa la economía local.

Etiopía también refuerza las medidas contra la sequía

Somalia no es el único país donde el WFP está aumentando las medidas de protección frente a los impactos climáticos.

En Etiopía, la organización está desarrollando actividades destinadas a fortalecer la resiliencia de comunidades ubicadas en zonas con riesgo de sequía, particularmente en las regiones de Oromia, Somali y Southern.

La estrategia contempla apoyar a más de 200.000 personas mediante asistencia monetaria y a cerca de 300.000 personas mediante vales para alimentación del ganado.

Esto muestra que la respuesta no se limita a entregar alimentos después de que una crisis ya se ha producido. También busca proteger los medios de vida antes de que las condiciones empeoren.

La diferencia es fundamental. Si una familia recibe apoyo únicamente después de perder sus animales o su cosecha, recuperar su capacidad productiva puede resultar mucho más difícil y costoso.

En cambio, intervenir antes de que el daño sea irreversible puede ayudar a conservar los activos que permiten a una comunidad producir alimentos y generar ingresos.

La importancia de la acción anticipatoria

Uno de los conceptos que está cobrando mayor relevancia dentro de la respuesta humanitaria es la acción anticipatoria.

Esta estrategia consiste en utilizar información climática, pronósticos y otros indicadores para actuar antes de que ocurra el peor escenario previsto.

En el caso de una sequía, esto puede significar entregar dinero a una familia antes de que pierda completamente sus medios de subsistencia, proporcionar alimento al ganado antes de que muera por falta de pasto o agua y enviar información de alerta para que las comunidades puedan prepararse.

El WFP explica que sus programas de acción anticipatoria buscan reducir el impacto humanitario de los fenómenos extremos y proteger vidas, medios de subsistencia y avances en materia de desarrollo. En 2026, la organización continúa ampliando este tipo de programas en diferentes regiones del mundo.

El enfoque también está presente en otros países del continente. En Sudán del Sur, por ejemplo, el WFP y el Gobierno activaron en julio de 2026 el primer plan de acción anticipatoria del país frente a la sequía, con transferencias monetarias y comunicaciones de alerta temprana dirigidas inicialmente a más de 65.000 personas en los condados de Budi y Kapoeta North.

No se trata solamente de repartir dinero

Aunque las transferencias monetarias son una parte importante de la respuesta, la crisis alimentaria de África Oriental requiere medidas mucho más amplias.

El efectivo puede permitir que una familia compre comida durante una emergencia, pero no necesariamente soluciona el problema que provocó la pérdida de la cosecha.

Por esa razón, las intervenciones actuales combinan diferentes herramientas: asistencia alimentaria, transferencias monetarias, apoyo al ganado, sistemas de alerta temprana, protección social, recuperación de medios de vida, agricultura adaptada al clima y proyectos destinados a mejorar el acceso al agua.

En Somalia, por ejemplo, el WFP, el Gobierno, el Banco Africano de Desarrollo y la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos lanzaron en junio de 2026 una iniciativa de 11,8 millones de dólares para fortalecer los sistemas agrícolas y pastoriles.

El proyecto, denominado Activating Climate-Resilient Agricultural Livelihoods in Somalia —ACALS—, tiene una duración prevista de tres años y busca beneficiar a 180.000 personas, equivalentes a unas 30.000 familias, en zonas afectadas por la sequía de Hirshabelle y Puntland.

La iniciativa contempla mejorar la resiliencia climática, la gestión sostenible de la tierra y el agua, la productividad, el acceso a los mercados y la preparación frente a desastres.

Una crisis agravada por la falta de financiación

Uno de los principales obstáculos para responder a la emergencia es la disponibilidad de recursos.

El WFP calcula que necesita 131 millones de dólares para mantener su apoyo a las personas más vulnerables de Somalia hasta octubre de 2026.

La organización advierte que la falta de financiación ya limita significativamente su capacidad de respuesta y que actualmente puede llegar únicamente a una fracción de las personas que necesitan asistencia.

Esto ocurre en un momento en el que las necesidades humanitarias han aumentado por la combinación de sequía, inseguridad, desplazamientos y aumento de los precios.

La falta de fondos crea un problema especialmente complejo: mientras aumentan las necesidades, las organizaciones disponen de menos recursos para atenderlas.

Por ello, la prevención y la acción anticipatoria adquieren mayor importancia. Evitar que una familia pierda completamente sus medios de vida puede ser menos costoso que intentar reconstruirlos después de una emergencia prolongada.

El papel de los mercados locales

Otro elemento fundamental de las transferencias monetarias es su impacto sobre las economías locales.

Cuando una familia recibe dinero y lo utiliza para comprar alimentos, agua, productos de higiene u otros bienes, esos recursos circulan dentro de la comunidad.

Los comerciantes reciben ingresos, los proveedores pueden mantener sus actividades y los mercados continúan funcionando.

El propio WFP destaca que las transferencias monetarias permiten que las personas satisfagan sus necesidades en función de sus prioridades y pueden contribuir a estimular las economías locales cuando existen mercados funcionales.

Sin embargo, el efectivo no siempre es la mejor solución. Si una zona está completamente aislada, los mercados no funcionan o los precios se disparan debido a la escasez, entregar dinero puede no ser suficiente. Por eso, las organizaciones humanitarias deben analizar las condiciones de cada territorio antes de decidir entre efectivo, alimentos, vales u otras modalidades.

Una emergencia que trasciende la sequía

La actual crisis alimentaria del Cuerno de África no puede atribuirse exclusivamente a la falta de lluvias.

Los fenómenos climáticos interactúan con otros problemas estructurales. Los conflictos pueden obligar a las familias a abandonar sus hogares y tierras; la inflación reduce su capacidad de compra; la falta de financiación disminuye la asistencia disponible; y la destrucción de cultivos y ganado reduce todavía más los ingresos rurales.

En Somalia, las agencias de Naciones Unidas han descrito precisamente una situación en la que múltiples crisis se acumulan y aumentan el riesgo de que la inseguridad alimentaria se transforme en una emergencia aún más grave.

Por ello, hablar de seguridad alimentaria significa mucho más que garantizar que exista comida suficiente.

También implica que las personas puedan acceder económicamente a los alimentos, mantener sus medios de subsistencia, disponer de agua y servicios básicos y contar con la capacidad necesaria para resistir futuras crisis.

¿Qué puede ocurrir en los próximos meses?

La evolución de la situación dependerá de varios factores: el comportamiento de las lluvias, la producción agrícola, los precios de los alimentos, la situación de seguridad, la disponibilidad de financiación humanitaria y la capacidad de los gobiernos y organizaciones para ampliar rápidamente la asistencia.

Las lluvias pueden ofrecer alivio inmediato en algunas zonas, pero no necesariamente solucionan los daños acumulados después de varias temporadas deficientes.

En Somalia, el WFP señala que el inicio de las lluvias ha proporcionado cierto alivio inmediato en algunas áreas, pero las condiciones de sequía continúan siendo generalizadas y no se espera que por sí solas produzcan una mejora importante de la seguridad alimentaria.

Esto significa que la respuesta deberá mantenerse más allá de la llegada de las primeras lluvias.

Una batalla por proteger alimentos, ingresos y futuro

La respuesta del WFP en África Oriental refleja un cambio progresivo en la manera de abordar las emergencias climáticas.

Las transferencias monetarias permiten atender necesidades inmediatas, mientras que las acciones anticipatorias buscan evitar que las familias lleguen al punto de perder sus bienes fundamentales. Paralelamente, los programas agrícolas y ganaderos pretenden aumentar la capacidad de las comunidades para resistir futuras sequías.

La magnitud de la crisis, sin embargo, continúa siendo enorme.

Los datos disponibles para 2026 muestran que Somalia enfrenta millones de personas en niveles críticos de inseguridad alimentaria, mientras que Etiopía también desarrolla programas específicos para proteger a comunidades expuestas a la sequía.

Por eso, aunque las transferencias monetarias representan una herramienta importante, no constituyen por sí solas una solución definitiva.

El desafío para África Oriental consiste en combinar la ayuda humanitaria inmediata con inversiones de largo plazo en agricultura resiliente, agua, protección social, infraestructura, mercados y sistemas de alerta temprana.

En una región donde los fenómenos climáticos extremos pueden destruir en cuestión de meses los medios de vida construidos durante años, actuar antes de que el daño sea irreversible puede marcar la diferencia entre una emergencia temporal y una crisis prolongada.

Y mientras la sequía continúa poniendo a prueba a las comunidades del Cuerno de África, la seguridad alimentaria dependerá no solamente de cuánta ayuda pueda distribuirse hoy, sino también de la capacidad de proteger los medios de vida que permitirán a esas mismas familias sostenerse mañana.

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