La elección de las mesas directivas del Congreso se ha convertido en la primera gran prueba política para el presidente electo, Abelardo de la Espriella. Lo que inicialmente parecía un trámite para consolidar una mayoría legislativa se transformó en un pulso de poder entre el nuevo mandatario y sectores del uribismo, que buscan mantener su influencia dentro de la derecha colombiana.
La disputa gira alrededor de las presidencias del Senado y de la Cámara de Representantes, cargos estratégicos que determinan buena parte de la agenda legislativa, la velocidad de discusión de las reformas y el tono de la relación entre el Ejecutivo y el Congreso.
El candidato de Abelardo para el Senado
El nombre que ha tomado fuerza para presidir el Senado es el del senador guajiro Alfredo Deluque, del Partido de La U. Su cercanía con el presidente electo no es nueva. Deluque fue uno de los pocos dirigentes de su partido que respaldó a De la Espriella desde etapas tempranas de la campaña presidencial y mantiene vínculos con miembros del círculo político del mandatario electo.
El respaldo del nuevo gobierno hacia Deluque representa un intento de construir una coalición amplia que incluya sectores de La U, Cambio Radical, Salvación Nacional y otras colectividades de centro y derecha.
Sin embargo, esta estrategia ha encontrado resistencia dentro del Centro Democrático, partido que considera que, por ser la bancada más numerosa de la derecha en el Senado, debería quedarse con esa dignidad.
El uribismo reclama protagonismo
Desde el Centro Democrático sostienen que cuentan con una representación legislativa suficiente para reclamar la presidencia del Senado. Además, consideran que el triunfo de Abelardo de la Espriella no puede traducirse automáticamente en una subordinación de todas las fuerzas de derecha al nuevo mandatario.
La tensión también refleja una transformación política más profunda: el surgimiento de un liderazgo que disputa el espacio político que durante más de dos décadas estuvo dominado por Álvaro Uribe.
Diversos análisis han señalado que buena parte del electorado tradicionalmente identificado con el uribismo migró hacia la candidatura de De la Espriella durante la campaña presidencial, configurando un nuevo mapa de poder en la derecha colombiana.
Daniel Briceño y la disputa en la Cámara
La situación en la Cámara de Representantes es igualmente compleja.
El nombre impulsado por sectores cercanos al gobierno es el del representante Daniel Briceño, uno de los congresistas más votados del país y miembro del Centro Democrático. Sin embargo, su eventual elección también ha generado divisiones internas.
Dentro del uribismo existe malestar por algunas posiciones que Briceño adoptó durante la campaña presidencial y por su cercanía con el presidente electo, lo que ha llevado a ciertos sectores del partido a considerarlo una figura independiente o una «rueda suelta».
La elección de Briceño podría interpretarse como una señal de que Abelardo busca construir alianzas directamente con dirigentes individuales y no necesariamente con las estructuras partidistas tradicionales.
Un Congreso clave para la gobernabilidad
Más allá de los nombres, la verdadera discusión gira en torno a la gobernabilidad.
Aunque el nuevo presidente parece tener la posibilidad de construir mayorías legislativas, estas aún lucen frágiles y dependen de acuerdos con partidos como el Liberal, el Conservador y Cambio Radical.
Las recientes declaraciones de De la Espriella, en las que afirmó que gobernadores y alcaldes no necesitarán intermediarios en el Congreso para relacionarse con el Ejecutivo, generaron preocupación entre varios congresistas, quienes interpretaron el mensaje como una señal de distanciamiento frente a la clase política tradicional.
Esa relación fría con los partidos podría dificultar la consolidación de una coalición estable.
El trasfondo: una nueva disputa por el liderazgo de la derecha
El enfrentamiento entre Abelardo y sectores del uribismo también tiene una dimensión simbólica.
La victoria presidencial de De la Espriella marcó la aparición de un nuevo liderazgo dentro de la derecha colombiana, uno que combina un discurso de seguridad, posiciones conservadoras y un fuerte componente antipetrista. Diversos analistas consideran que el nuevo mandatario ha logrado ocupar un espacio político que antes pertenecía casi exclusivamente al expresidente Álvaro Uribe.
Por ello, la elección de las presidencias del Congreso es vista como el primer gran examen de fuerza entre ambos sectores.
Si los candidatos respaldados por el gobierno logran imponerse, Abelardo consolidará su liderazgo sobre la nueva coalición de derecha y enviará un mensaje de autonomía frente al uribismo tradicional.
En cambio, si el Centro Democrático consigue mantener el control de alguna de las cámaras, demostrará que sigue siendo un actor determinante en la política colombiana y que el nuevo presidente deberá negociar permanentemente con la estructura uribista.
Una decisión que marcará el inicio del nuevo gobierno
La definición de las mesas directivas antes del 20 de julio será determinante para conocer el rumbo político del próximo cuatrienio.
Las conversaciones, llamadas y negociaciones entre partidos se han intensificado en los últimos días, mientras el país observa cómo la primera gran batalla política del nuevo gobierno se libra incluso antes de la posesión presidencial.
Lo que está en juego no es únicamente quién ocupará la presidencia del Senado o de la Cámara, sino quién ejercerá el verdadero liderazgo de la derecha colombiana en los próximos años y cuál será el margen de maniobra del presidente electo para impulsar su agenda legislativa.




