La excepción que incomoda: Nariño y los datos que contradicen el fracaso total

La política de “Paz Total”, impulsada durante el gobierno de Gustavo Petro, se planteó como una estrategia ambiciosa para negociar simultáneamente con múltiples actores armados ilegales en Colombia. Sin embargo, su implementación ha evidenciado profundas dificultades para consolidarse de manera homogénea en el territorio nacional.

Diversos análisis y reportes recientes advierten que el país ha enfrentado un recrudecimiento de economías ilegales, expansión de grupos armados y aumento de disputas territoriales, lo que ha debilitado los objetivos iniciales de la política. Incluso informes periodísticos señalan que el fortalecimiento de estructuras criminales y el crecimiento del narcotráfico han generado efectos contraproducentes en seguridad y medio ambiente.

En este contexto, la “Paz Total” ha sido ampliamente cuestionada por su falta de resultados consistentes a nivel nacional. No obstante, el análisis territorial revela una realidad más compleja: mientras en varias regiones el modelo no logró consolidarse, en otras —como Nariño— se evidencian avances significativos.


Nariño: un caso atípico con resultados concretos

El departamento de Nariño se ha convertido en un referente de implementación territorial de la paz, con indicadores que contrastan con la tendencia nacional. De acuerdo con datos oficiales presentados por autoridades departamentales, los resultados muestran mejoras sustanciales en seguridad y reducción de la violencia.

Entre los principales logros se destacan:

  • Reducción del 27% en homicidios, con tasas por debajo del promedio nacional.
  • Disminución del 91% en el reclutamiento de menores.
  • Caída del 70% en desplazamientos y confinamientos forzados.
  • Reducción de hurtos (30%), lesiones personales (8%) y extorsión (7%).

Además, otros reportes indican transformaciones relevantes en municipios históricamente afectados por la violencia, como Tumaco, donde se registró una mejora sustancial en indicadores de seguridad, pasando de ser uno de los territorios más violentos a ubicarse entre los menos violentos del país.

Asimismo, la violencia contra líderes sociales y firmantes del acuerdo ha disminuido de manera notable, consolidando un entorno más favorable para la implementación de procesos de reconciliación.


Factores que explican el éxito parcial

El caso de Nariño sugiere que la clave no ha sido únicamente la negociación con actores armados, sino la articulación de múltiples estrategias:

  • Seguridad territorial reforzada: presencia institucional coordinada con Fuerza Pública.
  • Enfoque comunitario: participación activa de comunidades en procesos de paz.
  • Inversión social y PDET: implementación de Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial.
  • Diálogo multinivel: articulación entre gobierno nacional, departamental y cooperación internacional.

Estos elementos han permitido que la paz no se limite a acuerdos políticos, sino que se traduzca en transformaciones concretas en el territorio.


Un reto para el nuevo gobierno: aprender de lo que sí funciona

El presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha manifestado una postura crítica frente a la “Paz Total”, proponiendo un enfoque más centrado en la seguridad y el control territorial.

Sin embargo, los resultados de Nariño plantean un desafío estratégico: identificar qué componentes de la política sí han funcionado y replicarlos en otras regiones del país.

Expertos coinciden en que los procesos de empalme territorial serán clave para este análisis, ya que permitirán evaluar experiencias locales exitosas con base en evidencia concreta. En este sentido, Nariño aparece como un laboratorio de paz que ofrece datos sólidos y lecciones aplicables.


¿Fracaso total o implementación desigual?

Más que un fracaso absoluto, la evidencia apunta a una implementación desigual de la política de paz. Mientras en algunas regiones los resultados han sido limitados o negativos, en otras se han logrado avances significativos.

Esto sugiere que el problema no radica únicamente en el concepto de la “Paz Total”, sino en su ejecución, adaptación territorial y capacidad institucional para sostenerla.


Conclusión: la paz como construcción territorial

El caso de Nariño demuestra que la paz en Colombia no puede entenderse como una política uniforme. Los resultados dependen de factores locales, articulación institucional y compromiso comunitario.

De cara al futuro, el principal reto del nuevo gobierno será evitar enfoques generalizados y, en cambio, construir estrategias diferenciadas que reconozcan las particularidades de cada región.

Porque, como muestran los datos, la paz en Colombia no es una sola: es un proceso territorial que avanza a ritmos distintos.

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