Se logró el objetivo: carnaval sin talco

Por: Aníbal Arévalo Rosero

La población pastusa está conformada por personas que han decidido salir de sus municipios o veredas apartadas; gente que se gana el pan con el sudor de la frente. El pastuso es un ser sencillo y amable. Ha sido estigmatizado por hechos insalvables de la campaña libertadora de Bolivar. No obstante, su persistencia lo lleva a no dejarse amilanar y caminar con la frente en alto. Muestra de ello es que cuando se propone, lo logra.

Así ocurrió más recientemente por una campaña que se presentó al proponerse eliminar una práctica nociva como forma de juego en la celebración de unas tradiciones centenarias que provienen de los rituales indígenas que se mezcla con elementos religiosos impuestos por la Corona Española.

Dentro de estas prácticas de un carnaval en permanente evolución, aparece el juego de blancos, el 6 de enero de 1912, como complemento al tradicional juego de negros.

Fue un grupo de sastres que en aquel tiempo hizo uso de una polvera para propiciar un juego espolvoreando talco sobre la cabeza y con mucho respeto. Así fue como se divirtieron por más de cien años los pastusos y todos los habitantes del sur occidente colombiano.

Hasta que llegó el momento de decir basta; el juego se había degenerado tanto que ya no era juego sino vandalismo, violencia y delincuencia. Pero, sumado a ello, el uso del talco en el Carnaval impide apreciar el trabajo de artesanos y artistas del Carnaval, ante la imposibilidad de observarlo de manera diáfana. Pero no solo eso. Un colectivo ciudadano denominado Carnaval sin talco logra probar ante un juez de la República lo pernicioso que resulta para la salud, los animales y la contaminación del agua. Las medidas cautelares dictadas por la jueza sexta administrativa obligan al alcalde a expedir un decreto que se negaba a hacerlo.

La protección de la salud y el cuidado del medio ambiente priman sobre otros derechos de menor jerarquía. Con esto se marcó un punto de inflexión en la celebración del Carnaval. Desde el grupo de sastres que se tomaron prestada la polvera de las hermanas Roby hasta el 2026, cuando la ciudadanía de Pasto decide ponerle coto a un juego que quita en vez de aportar.

La falta de decisión del alcalde llevó al grupo de ciudadanos a acudir a los tribunales para demostrar que hay razones de peso.

El ser pastuso por nacimiento o adopción es un honor que cuesta. La inteligencia natural de los y las pastusas llevan a asimilar una conciencia ambiental que nos permite hacer de este Carnaval un certamen sostenible sin que se afecte la declaratoria de Patrimonio de la humanidad.

El Carnaval sin talco es un punto de inflexión que no tiene vuelta atrás solo que hay mandatarios que les da culillo tomar una decisión que proteja la salud de la gente. A algunos políticos les gusta congraciarse con Dios y con el diablo, por eso obstaculizan los buenos proyectos. Celebramos este triunfo: la ciudadanía no quiere más talco en su carnaval.

Un agradecimiento muy sincero a la gente de Pasto que fueron los artífices de hacer un carnaval donde haya mayores beneficios económicos para quienes dependen de la economía formal y los que se salen a buscar el sustento en las calles. Los resultados fueron que los comerciantes pudieron vender más comida, y los espectadores no se alimentaron ya solamente de ‘Panchitos’. La gente disfrutó plenamente. El agradecimiento a los numerosos municipios que acogieron la medida. El 90% de la población quiere carnaval sin talco.

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