Mientras la señora Defensora del Pueblo, Iris Marín, le informaba al país, que, en los seis primeros meses del presente año, se ha disparado de manera alarmante la violencia contra la población indígena, víctima de asesinatos, desaparición forzada, reclutamiento forzado y violaciones entre otros delitos no menos graves, que tienen como escenario gran parte del territorio nacional, en el departamento de Nariño concretamente en el municipio de Ricaurte se presentó el asesinato de dos integrantes de la comunidad Awá.
Nos estamos refiriendo a un hecho aterrador, por las circunstancias por las que fue perpetrado, puesto que inicialmente los sicarios atacaron a bala a los dos hombres, cuando estos se encontraban al interior de un taxi, frente a un establecimiento comercial de Ricaurte y uno de ellos, perdió la vida de manera instantánea, en medio de los gritos de espanto de la gente.
Pero lo peor estaba por venir, puesto que cuando la otra persona que sobrevivió, era trasladada al hospital, en una ambulancia de la Misión Médica, los gestores de la violencia, hicieron detener el vehículo y acribillaron al herido, en un acto de extrema crueldad, en desarrollo del cual, los asesinos mostraron una escalofriante sangre fría.
Ante suceso tan espantoso, nosotros nos preguntamos, ¿en qué país estamos viviendo?, puesto que no solo este episodio, sino otros muchos más que se vienen presentando en Colombia, no solo contra la población indígena, sino contra todo el mundo, nos muestran con aterradora claridad, que los violentos se han apoderado de nuestra Nación.
Por lo que estamos viendo, nos parece que no estamos exagerando un ápice, puesto que basta enterarse de las noticias que se producen cada día, en nuestros 32 departamentos, para darnos cuenta que los violentos hacen de las suyas, sin que nadie les ponga el tatequieto, lo que les permite ser protagonistas de toda clase de hechos en detrimento de las regiones y sus comunidades.
Es cierto, la Defensoría del Pueblo, habla de masacres y toda clase de hechos de violencia en los territorios étnicos de todo el país, pero la triste y amarga realidad, es que ya esa violencia desatada a la que hacemos referencia, no solo está dirigida a los indígenas, sino contra los diferentes sectores de la población, puesto que sus gestores no respetan a nadie y son capaces, como acabamos de ver, de interceptar a una ambulancia para asesinar a sangre fría a una persona herida e indefensa, lo que nos muestra la clase de terrible violencia que padece el país
Estamos viendo que la inseguridad campea por doquier y el doloroso hecho que se acaba de registrar en el municipio de Ricaurte, es una prueba de ello y, de lo que son capaces, esta clase de despiadados criminales, quienes hoy, nos están haciendo vivir, una de las etapas más oscuras de nuestra historia.
Ante esta violencia que en estos instantes sufrimos en todo su furor, no sabemos entonces, que va a hacer el Gobierno Nacional para garantizar la realización de las elecciones al Congreso y la Presidencia de la República, cuando Colombia arde por sus cuatro costados.
Por lo tanto, enfrentamos un panorama de miedo, incertidumbre e inseguridad, para lo que nos viene, especialmente en el campo político, donde ya los violentos mostraron sus colmillos manchados de sangre, con el asesinato del senador y precandidato presidencial, Miguel Uribe Turbay y con otros atentados y amenazas, a quienes aspiran a participar de las próximos comicios.




