Cada 29 de septiembre, el Día Mundial del Corazón recuerda la urgencia de prevenir las enfermedades cardiovasculares, responsables de una de cada tres muertes en el planeta. Pero la conversación sobre corazones saludables no debería empezar en la adultez, sino mucho antes: desde la gestación, cuando la adecuada nutrición de la madre impacta directamente la salud del bebé y en la infancia, etapa en la que se consolidan los hábitos alimenticios y los estilos de vida que se convierten en la primera línea de defensa contra enfermedades que suelen manifestarse décadas después.
“Combatir la desnutrición infantil no solo garantiza crecimiento y desarrollo adecuados, también protege la salud cardiovascular a futuro. Una nutrición deficiente en los primeros años de vida aumenta el riesgo de hipertensión, diabetes y problemas cardíacos en la adultez”, explica Claudia Angarita, directora del CECNI, Centro Colombiano de Nutrición Integral. En ese sentido, la proteína del pollo es un alimento estratégico: accesible, versátil, con bajo contenido en grasas saturadas y rico en nutrientes como hierro, zinc y vitaminas del complejo B, indispensables para el desarrollo del sistema nervioso y la salud del corazón.

Un corazón fuerte comienza desde la gestación y la infancia: nutrición y prevención desde la mesa
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La evidencia científica respalda esta visión. La Cleveland Clinic, centro médico de referencia en salud cardiovascular, señala que una dieta alta en proteínas magras como el pollo y el pescado, acompañada de frutas, verduras y granos integrales, ayuda a controlar los niveles de colesterol y presión arterial, factores decisivos para mantener el corazón en buen estado.
De allí que no solo se trate de qué comen los adultos para cuidar su corazón, sino de qué comen los niños hoy para no ser los pacientes cardíacos del mañana.
Consciente de esta realidad, Fenavi impulsa el programa Pollos Shares, una iniciativa que lleva proteína de pollo a poblaciones vulnerables en Colombia. Su propósito es claro: combatir la desnutrición infantil y, con ello, prevenir enfermedades asociadas a la carencia de nutrientes, entre ellas los trastornos cardiovasculares. Cada donación no solo alimenta, sino que siembra la posibilidad de un futuro con corazones más fuertes y saludables.

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En este Día Mundial del Corazón, la reflexión es contundente: alimentar bien a las madres gestantes y a los niños es también una forma de cuidar los corazones del mañana.

