
El Conejo Malo no se anda con rodeos. En una entrevista reciente, Bad Bunny explicó por qué su última gira mundial tuvo menos paradas en Estados Unidos de lo esperado: evitó presentarse en ciudades donde temía que hubiera redadas del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas).
Aunque Bad Bunny es ciudadano estadounidense por nacer en Puerto Rico, la decisión no fue por él, sino por su equipo, colaboradores y fans migrantes. Según contó, había una preocupación genuina de que los conciertos se convirtieran en un lugar riesgoso para personas indocumentadas. “No quería que nadie viniera a verme cantar y terminara deportado”, declaró el artista.
Las redes explotaron. Algunos lo aplauden por tener conciencia social y usar su poder para proteger a su comunidad. Otros lo critican diciendo que politiza la música y que debería “separar el show de los temas migratorios”. El debate se encendió aún más porque varios artistas latinos han sido acusados de “dar la espalda” a sus fans en EE. UU. al no pronunciarse sobre el tema, mientras que Benito no solo habló, sino que sacrificó millones en taquilla
Más allá de la polémica, la jugada confirma la posición de Bad Bunny como ícono cultural que trasciende la música. No es la primera vez que su activismo genera titulares: desde apoyar las protestas en Puerto Rico en 2019, hasta visibilizar temas de género y derechos LGBTQ+ en sus videos.
